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La mina contamina y extermina


Son muchos los conceptos técnicos, científicos, económicos y de salud ambiental y humana que se han emitido respecto a este tipo de explotaciones. Si bien es cierto que genera ingresos y riqueza, es también bueno saber ¿para quién?, si el propio Estado no explota las minas. El oro y metales cada día valen más y nos respaldarían mejor como país. Otro aspecto intrínseco es como evitar los grandes perjuicios que se derivan de estas explotaciones siendo que estos son irrecuperables en vidas humanas, flora y fauna si el Estado ni siquiera es socio mayoritario en los beneficios?

Los ejemplos de los daños se pueden ver en República Dominicana, Colombia y los propios Estados Unidos, en donde miles de hectáreas que se dedicaron a estas actividades continúan irrecuperadas.

Si los daños superan los supuestos beneficios, cuál es la ganancia para el pueblo panameño? Los “beneficios” son efímeros, los daños, permanentes para el país y sus generaciones. La generación de empleos es muy pequeña con bajos salarios y duraciones muy relativas y mientras, se llevan los ricos metales. Los pagos al Estado son ridículos. La reforestación en el área de explotación no prosperará, y fuera de ella, demorará décadas para igualar a la que se destruye.

Nuestro Estado no cuenta con los recursos económicos, ni humanos; tampoco con la legislación adecuada ni con las instituciones con la capacidad necesaria para ejercer controles, inclusive en actividades menos complejas. Entonces, quienes nos tienen en la mira de sus aspiraciones de enriquecimiento, conocedores de nuestras flaquezas como de las riquezas de nuestros suelos y mares, no dudan ni pierden tiempo en querer “invertir” en Panamá. Nuestro actual Gobierno, elegido para un cambio, tiene el reto de revisar las “concesiones” otorgadas y no conceder otras que nos causen daños irreparables y atentatorios contra nuestra existencia y la de futuras generaciones, so pretexto de lograr crecimiento económico con este tipo de “inversiones”. Lo mismo está sucediendo con nuestras fuentes de agua -que escasea en el mundo- y que la estamos regalando, comprometiendo la vida de nuestro pueblo. Ojo y acción señor Presidente de la República.

*Analista Internacional

101 años de Panamá América

 
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