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La misma historia


Llegaron las lluvias, y con ellas las imágenes de siempre: ríos desbordados, calles inundadas, damnificados sin hogar y sin enseres, y un cúmulo de basura metiéndole zancadillas a las aguas, como mudo testimonio del poco aprecio que el ciudadano tiene por su entorno y por su vida.

Parece mentira que, a pesar de tanta advertencia y reiterados llamados de atención, los panameños sigan lanzando a los ríos y a cualquier parte que se les ocurra, los desperdicios más inimaginables.

También está el comportamiento suicida de quienes desmontan bosques completos, o cualquier árbol que se cruce por su camino, desprotegiendo al suelo de la erosión, y creando un nuevo gatillo para futuras tragedias.

Si a todo esto sumamos el hecho de que en Panamá no se supervisa el cumplimiento de las leyes, y que es más por azar que por disciplina que se impiden ciertas prácticas, logramos un cóctel peligroso en el que la sociedad y su gobierno juegan a la ruleta rusa con la lluvia, a ver quién o quiénes pierden la energía vital primero.

101 años de Panamá América

 
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