La misma vaina
El título recuerda el grito de guerra de las elecciones de 1989: ¡Esta vaina se acabó! Ahora, una docena de años después todavía estamos en la misma vaina. Durante la administración anterior se nombraron parientes y amigos -y algunos parecían comprados- tanto en la Junta Directiva de la Autoridad del Canal de Panamá (ACP) como en la Corte Suprema de Justicia. El patrón del presente gobierno parece ser ídem.
El caso más "peludo" es el de la nominación amiguista a la Corte Suprema de Justicia. Digo peludo porque este tema mantiene al país en vilo, aún cuando la nominación no se ha concretado oficialmente. También hay la amenaza de una nominación similar en la directiva de la ACP. En este caso parece que quieren nombrar como directivo obrero a un ingeniero que ya ha gozado de la papa en repetidas ocasiones y funge hoy como embajador. El punto es que de obrero no tiene nada. Pero, muy importante, es hijo de su papá. Es decir, además de amiguismo se trataría de nepotismo.
Lo anterior sirve de marco para el diálogo nacional pro recuperación económica del país que en buena hora están llevando a cabo gobierno y oposición. También se supone que aportan su grano de arena organismos obreros y empresariales y una que otra entidad cívica. Pero los que cuentan son los políticos que con demasiada frecuencia hacen precisamente lo que no quiere el pueblo, el cual se supone que es el soberano. A pesar de lo expuesto, que son unas pocas de las muchas instancias que se podrían especificar para probar que nuestra democracia está bien chueca, hay que ver cómo salen los políticos de pico dorado y hablan bellezas que, ojalá, se conviertan en realidad. Lo malo es que muchos de estos magníficos oradores, en sus tiempos anteriores en que gozaron de la "narcopapa", hacían, todos los días, lo que censuran acremente hoy día. En pocas palabras, no tienen autoridad moral alguna para discursear lo que cantaletean.
Debo hacer la salvedad: que hablen todo lo que quieran, siempre y cuando las bellezas que cacarean se hagan realidad para beneficio de todos los panameños. Si continúan sus retahílas y ponen sus hombros donde ponen la boca, y concretan medidas que propendan al bienestar de todos los panameños, more power to them (más poder para ellos). Esa sería la mejor manera de que echemos a un lado sus contradictorias acciones pasadas. Así no viviríamos en un pasado ignominioso sino en un presente merecedor del agradecimiento del pueblo.
Lo que hemos dicho tiene que ser muy claro. Es necesario llamar al pan, pan y al vino, vino. El país está en las latas. Todos tenemos nuestra parte de culpabilidad. La situación económica es paupérrima. Y ya los estadounidenses comienzan a aceptar que su economía ha entrado en una recesión. Por lo que todos debemos realizar el efecto adverso que esto tendrá en nuestra economía que, repito, ya está por el suelo. Por lo tanto, los panameños todos tenemos que hacer de tripas corazón y aportar con desinterés todo lo que esté a nuestro alcance para levantar a nuestro Panamá. Dejemos atrás nuestros pasados reprobables y nuestras acciones y actitudes sinuosas. Pensemos en Panamá y todos sus hijos hoy, mañana y siempre. Si así nos comportamos quizás, y sólo quizás, pronto podremos llenarnos la boca diciendo que en verdad se acabó la vaina.
Perdone la prédica caro lector. De predicador no tengo un pelo. Soy tan imperfecto como el que más. Precisamente por ello cometo la herejía de pedirle a mis paisanos que erradiquemos nuestras acciones malhadadas del templo de la patria. Estoy seguro que no me equivoco cuando asevero que Panamá es inmortal.
El caso más "peludo" es el de la nominación amiguista a la Corte Suprema de Justicia. Digo peludo porque este tema mantiene al país en vilo, aún cuando la nominación no se ha concretado oficialmente. También hay la amenaza de una nominación similar en la directiva de la ACP. En este caso parece que quieren nombrar como directivo obrero a un ingeniero que ya ha gozado de la papa en repetidas ocasiones y funge hoy como embajador. El punto es que de obrero no tiene nada. Pero, muy importante, es hijo de su papá. Es decir, además de amiguismo se trataría de nepotismo.
Lo anterior sirve de marco para el diálogo nacional pro recuperación económica del país que en buena hora están llevando a cabo gobierno y oposición. También se supone que aportan su grano de arena organismos obreros y empresariales y una que otra entidad cívica. Pero los que cuentan son los políticos que con demasiada frecuencia hacen precisamente lo que no quiere el pueblo, el cual se supone que es el soberano. A pesar de lo expuesto, que son unas pocas de las muchas instancias que se podrían especificar para probar que nuestra democracia está bien chueca, hay que ver cómo salen los políticos de pico dorado y hablan bellezas que, ojalá, se conviertan en realidad. Lo malo es que muchos de estos magníficos oradores, en sus tiempos anteriores en que gozaron de la "narcopapa", hacían, todos los días, lo que censuran acremente hoy día. En pocas palabras, no tienen autoridad moral alguna para discursear lo que cantaletean.
Debo hacer la salvedad: que hablen todo lo que quieran, siempre y cuando las bellezas que cacarean se hagan realidad para beneficio de todos los panameños. Si continúan sus retahílas y ponen sus hombros donde ponen la boca, y concretan medidas que propendan al bienestar de todos los panameños, more power to them (más poder para ellos). Esa sería la mejor manera de que echemos a un lado sus contradictorias acciones pasadas. Así no viviríamos en un pasado ignominioso sino en un presente merecedor del agradecimiento del pueblo.
Lo que hemos dicho tiene que ser muy claro. Es necesario llamar al pan, pan y al vino, vino. El país está en las latas. Todos tenemos nuestra parte de culpabilidad. La situación económica es paupérrima. Y ya los estadounidenses comienzan a aceptar que su economía ha entrado en una recesión. Por lo que todos debemos realizar el efecto adverso que esto tendrá en nuestra economía que, repito, ya está por el suelo. Por lo tanto, los panameños todos tenemos que hacer de tripas corazón y aportar con desinterés todo lo que esté a nuestro alcance para levantar a nuestro Panamá. Dejemos atrás nuestros pasados reprobables y nuestras acciones y actitudes sinuosas. Pensemos en Panamá y todos sus hijos hoy, mañana y siempre. Si así nos comportamos quizás, y sólo quizás, pronto podremos llenarnos la boca diciendo que en verdad se acabó la vaina.
Perdone la prédica caro lector. De predicador no tengo un pelo. Soy tan imperfecto como el que más. Precisamente por ello cometo la herejía de pedirle a mis paisanos que erradiquemos nuestras acciones malhadadas del templo de la patria. Estoy seguro que no me equivoco cuando asevero que Panamá es inmortal.