La Nación no será la misma
Cuando en el mes de septiembre del año pasado, seis magistrados de la Corte Suprema de Justicia mancillaron la toga de su alta investidura al anular y archivar el proceso penal del caso CEMIS, Adán Arnulfo Arjona se elevó por encima de los mezquinos intereses de la política partidista y profirió un salvamento de voto de manera categórica, firme y respetuosa, expresando:
"Con este proceder abrigo el temor de que la Justicia -sin proponérselo- se ha privado de la preciosa oportunidad de ocupar un lugar estelar en esta singular coyuntura de nuestro devenir republicano. Ojalá Dios quiera que esta acción -que se funda en una interpretación legal que debo respetar a pesar de no compartir- no sea entendida por nuestros conciudadanos como una abdicación del ejercicio de las delicadas responsabilidades que imponía la hora presente. Luego de esta decisión que infortunadamente enfrentará un clima de incomprensión y decepción, mucho me temo que la Nación no volverá a ser la misma.
El tema atinente a la inmunidad parlamentaria pasará posiblemente a partir de hoy por un áspero, desabrido y difícil cuestionamiento público, que tendrá que imponer para beneficio de la salud institucional de la República, una reflexión generosa, madura y responsable de su alcance y razón de ser".
En lo afirmado en el último párrafo citado, el Magistrado Arjona lamentablemente se equivocó, esa reflexión nunca llegó; muy por el contrario, otro magistrado y luego una Legisladora, hicieron gala de la impunidad de sus investiduras.
La Nación no será jamás la que queremos, mientras la población panameña, luego de haber expresado su voluntad en las urnas, sea burlada por los dirigentes políticos ungidos con el voto mayoritario, al poner en las manos de los mismos "padres de la patria" que siguen deshonrando con sus actuaciones la dignidad de la República, la responsabilidad de estructurar la modernización del Estado que necesitamos para vivir en la democracia que queremos, mediante cambios integrales en nuestra Constitución Política, elaborados en una Asamblea Nacional Constituyente, con representación de todos los sectores de la sociedad.
La Nación no será jamás la que queremos mientras los grupos de la "sociedad civil", que ayer gritaron por una restauración total de las instituciones tutelares de la República, hoy se pongan de rodilla ante quienes por el poder político adquirido, puedan proteger sus intereses económicos a cambio de perpetuar la impunidad de las actuaciones del grupo gobernante de turno.
La Nación no será jamás la que queremos, mientras no entendamos que no podremos vivir en democracia, regidos por normas que fueron diseñadas para vivir en dictadura, mientras que nuestro sistema de administración de justicia, columna vertebral del sistema democrático de gobierno, sea en la práctica un sistema de Justicia Administrada, por que sus más altos funcionarios sigan siendo escogidos por sus simpatías para con el grupo gobernante de turno y no por su capacidad e integridad moral; mientras los hombres y mujeres escogidos para hacer nuevas leyes y mejorar las que tenemos, se dediquen más a comerciar con partidas económicas, que a cumplir con sus funciones de legislar.
La Nación no será jamás la que queremos, mientras para cada período electoral los candidatos a los cargos de elección popular, no sean escogidos de entre los hombres y mujeres independientes y por todos y cada uno de los miembros de los partidos políticos, en elecciones primarias internas obligatorias para todos los cargos de elección popular.
La Nación no será jamás la que queremos, mientras las normas fundamentales de la República no impidan que los funcionarios mejor remunerados de la planilla gubernamental, sean los que mejores beneficios económicos adicionales tengan.
Magistrado Arjona, mucho me temo que la Nación no sólo no volverá a ser la misma, mucho me temo que no será jamás la que queremos.
(hyasoc@yahoo.com)
"Con este proceder abrigo el temor de que la Justicia -sin proponérselo- se ha privado de la preciosa oportunidad de ocupar un lugar estelar en esta singular coyuntura de nuestro devenir republicano. Ojalá Dios quiera que esta acción -que se funda en una interpretación legal que debo respetar a pesar de no compartir- no sea entendida por nuestros conciudadanos como una abdicación del ejercicio de las delicadas responsabilidades que imponía la hora presente. Luego de esta decisión que infortunadamente enfrentará un clima de incomprensión y decepción, mucho me temo que la Nación no volverá a ser la misma.
El tema atinente a la inmunidad parlamentaria pasará posiblemente a partir de hoy por un áspero, desabrido y difícil cuestionamiento público, que tendrá que imponer para beneficio de la salud institucional de la República, una reflexión generosa, madura y responsable de su alcance y razón de ser".
En lo afirmado en el último párrafo citado, el Magistrado Arjona lamentablemente se equivocó, esa reflexión nunca llegó; muy por el contrario, otro magistrado y luego una Legisladora, hicieron gala de la impunidad de sus investiduras.
La Nación no será jamás la que queremos, mientras la población panameña, luego de haber expresado su voluntad en las urnas, sea burlada por los dirigentes políticos ungidos con el voto mayoritario, al poner en las manos de los mismos "padres de la patria" que siguen deshonrando con sus actuaciones la dignidad de la República, la responsabilidad de estructurar la modernización del Estado que necesitamos para vivir en la democracia que queremos, mediante cambios integrales en nuestra Constitución Política, elaborados en una Asamblea Nacional Constituyente, con representación de todos los sectores de la sociedad.
La Nación no será jamás la que queremos mientras los grupos de la "sociedad civil", que ayer gritaron por una restauración total de las instituciones tutelares de la República, hoy se pongan de rodilla ante quienes por el poder político adquirido, puedan proteger sus intereses económicos a cambio de perpetuar la impunidad de las actuaciones del grupo gobernante de turno.
La Nación no será jamás la que queremos, mientras no entendamos que no podremos vivir en democracia, regidos por normas que fueron diseñadas para vivir en dictadura, mientras que nuestro sistema de administración de justicia, columna vertebral del sistema democrático de gobierno, sea en la práctica un sistema de Justicia Administrada, por que sus más altos funcionarios sigan siendo escogidos por sus simpatías para con el grupo gobernante de turno y no por su capacidad e integridad moral; mientras los hombres y mujeres escogidos para hacer nuevas leyes y mejorar las que tenemos, se dediquen más a comerciar con partidas económicas, que a cumplir con sus funciones de legislar.
La Nación no será jamás la que queremos, mientras para cada período electoral los candidatos a los cargos de elección popular, no sean escogidos de entre los hombres y mujeres independientes y por todos y cada uno de los miembros de los partidos políticos, en elecciones primarias internas obligatorias para todos los cargos de elección popular.
La Nación no será jamás la que queremos, mientras las normas fundamentales de la República no impidan que los funcionarios mejor remunerados de la planilla gubernamental, sean los que mejores beneficios económicos adicionales tengan.
Magistrado Arjona, mucho me temo que la Nación no sólo no volverá a ser la misma, mucho me temo que no será jamás la que queremos.
(hyasoc@yahoo.com)