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La necedad de los políticos


Si yo soy política y me estoy cansando de tantos disparates que se escuchan en este país, cómo se sentirá la sociedad civil a quien, muchas veces, no le importa con lo que pasa. El zafarrancho que hay entre el gobierno saliente y el entrante ya está tomando un color claroscuro que no le conviene al país: que si conversan, que si no conversan; que si tiene que ser con los nuevos ministros pero la entrante no quiere decir todavía los nombres.
La señora Mireya se queja de las nuevas leyes que quiere aprobar el PRD para nombrar su gente y evitar que el próximo gobierno coloque a su gente. Existe una insistencia por aprobar la ley de la Sala Quinta a pesar de la oposición de parte de la sociedad; y digo parte porque ya la gente que no pertenece a los interesados directamente, no saben ni de qué se trata. Si vamos a Santa Librada, por ejemplo, la única sala que conoce es la de su casa. Ahora aparece el proyecto para otorgar las frecuencias de radio y la renuncia de la asesora de la ministra de Gobierno y Justicia. Esto tampoco le interesa al pueblo.
Y la gente se pregunta hasta cuándo seguirán los políticos con tanta discusión sin ponerse de acuerdo. Mientras, los problemas comunitarios que realmente afectan a esa gente no son solucionados y todos los días hay un cierre de calle o carretera como protesta.
Mi intención es analizar la importancia para el país de tener una tranquilidad política y lo más cerca de lo posible de tranquilidad social. Durante el famoso referéndum para cambiar la Constitución, el pueblo, los que se llaman independientes, aquellos que no están inscritos en ningún partido político, dieron una lección a los políticos y les dijeron quién mandaba en el país, y así se hizo para decir un no al movimiento político. Pareciera que los políticos no aprendieron la lección que es importante tomarla en cuenta para tomar actitudes. Los civiles están cansados de luchas entre políticos que no hacen más que detener la economía del país, las inversiones no se desarrollan y Panamá tiene varios años que no adelanta.
Es desesperante el infantilismo con que tratamos los problemas de Estado. Por esto insisto en que la modernización educativa debe incluir una materia, entre otras, que se llama Educación Política para enseñar el movimiento gubernamental y de oposición, formar estadistas con conciencia de lo que es el Estado y las responsabilidades en el campo político para solucionar los problemas civiles y sociales. Ha llegado el momento de cambiar; vengo insistiendo en que no sólo es necesaria la reingeniería de los partidos, su modernización, sino también en la mentalidad de cada político. Ser gobierno y ser oposición conlleva conocimiento de la política porque cada movimiento afecta la estabilidad del país, afecta la economía, la tranquilidad del pueblo que permitirá una convivencia pacífica.
No importa qué partido gana las elecciones; debemos tener suficiente madurez para aceptar sus resultados y comprender que primero está el país. A los civiles no les interesan las pugnas, ellos quieren trabajo, comida, inversiones, educación, salud, vivienda y oportunidades para elevarse en el consenso de esa sociedad. Cuando no se les ofrecen esas oportunidades viene la frustración porque cada uno siente que no puede o no se les permite desarrollar sus capacidades y dar lo que tienen para bien del país.
Si continuamos así, ese pueblo nos dará una lección que no sería conveniente para la estabilidad política. Nos dirá que no es eso lo que quieren, lo que significa que las bases rebasarán las dirigencias y que los políticos tendrán que hacer lo que quieran los civiles. Ojo con esto que es peligroso para lo relacionado con política. Mejor mostramos voluntad para cumplir correctamente la misión de los políticos.

101 años de Panamá América

 
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