La necesaria reforma económica panameña
La agudización del deterioro social a partir de comienzos de la década del "80, expresada tanto en términos de incremento de la pobreza como de acentuación de las desigualdades, es el resultado de la crisis económica que hemos soportado, así como de las políticas de ajuste y reestructuración implementadas posteriormente. Es imposible establecer en qué medida ha influido cada uno de estos factores, sobre todo porque las políticas son, en gran parte, consecuencia ineludible de la propia crisis. Sería un cambio de gran conveniencia y urgencia profundizar la investigación conceptual y empírica de la naturaleza del conjunto de las políticas adaptadas y de sus efectos.
Es preciso reconocer que en las nuevas condiciones externas e internas, el drástico ajuste y la trascendental reestructuración de nuestra economía era tanto inevitable como además indispensable. Ello no era sólo por la crisis de la deuda externa y de los shocks económicos externos y políticos internos de comienzo de los años "70, sino también por los serios problemas que el proceso de desarrollo venía acumulando desde fines de dicha década, pero que el endeudamiento de los años "70 y "80 permitió soslayar y postergar. El conjunto de políticas neoliberales que nos fueron impuestas por los organismos y la banca internacional representa una entre varias alternativas de políticas de ajuste y reestructuración.
Es muy probable que la profundidad y extensión de los costos económicos y sociales pudieran haber sido considerablemente menores. Pero si bien la discusión sobre las diferentes opciones resulta ahora en gran medida académica, es en cambio sumamente relevante explorar alternativas de política económica y social para el presente y para el futuro. En especial, por lo que toca a la necesidad de recuperar cuanto antes el crecimiento y de enfrentar la problemática social.
El deterioro de la calidad de vida, los niveles de desempleo, el incremento de la pobreza nos están indicando la necesidad de un nuevo enfoque económico que debe provenir de propuestas políticas y económicas creativas en materia de deuda externa, reforma del Estado, políticas sociales, reinserción internacional, reestructuración productiva y acumulación y progreso técnico, que hagan sostenible tanto la reorganización económica como el proceso de democratización que se ve amenazado.
La reforma económica neoliberal terminó por imponerse bajo las presiones de los organismos financieros internacionales. Pero esa reforma ha tenido y sigue teniendo unas consecuencias económicas y, sobre todo, sociales, devastadoras; baja inversión, rezago tecnológico, agudo deterioro de la infraestructura, alto desempleo, reducción del gasto social, grave deterioro de los servicios públicos de educación, salud, vivienda y previsión social, masivo aumento de la marginalidad, desnutrición y, con todo esto, la intensificación de la violencia y la delincuencia.
Esto es especialmente grave, porque en el otro extremo del espectro social se ha ido formando un pequeño segmento extraordinariamente privilegiado y favorecido por la reforma económica neoliberal, dando lugar a una nueva concentración de riqueza, ingresos y poder que ha agudizado severamente la desigualdad. Si la reforma se posterga indefinidamente, si se realiza a medias, con avances y retrocesos no se logrará el éxito. Sin ella no hay probabilidad de reponerse. Lo que en cambio se puede evitar en alguna medida, es la intensidad de la duración del costo social. Y también puede elevarse la probabilidad de sobre vivencia, recuperación y crecimiento.
Es preciso reconocer que en las nuevas condiciones externas e internas, el drástico ajuste y la trascendental reestructuración de nuestra economía era tanto inevitable como además indispensable. Ello no era sólo por la crisis de la deuda externa y de los shocks económicos externos y políticos internos de comienzo de los años "70, sino también por los serios problemas que el proceso de desarrollo venía acumulando desde fines de dicha década, pero que el endeudamiento de los años "70 y "80 permitió soslayar y postergar. El conjunto de políticas neoliberales que nos fueron impuestas por los organismos y la banca internacional representa una entre varias alternativas de políticas de ajuste y reestructuración.
Es muy probable que la profundidad y extensión de los costos económicos y sociales pudieran haber sido considerablemente menores. Pero si bien la discusión sobre las diferentes opciones resulta ahora en gran medida académica, es en cambio sumamente relevante explorar alternativas de política económica y social para el presente y para el futuro. En especial, por lo que toca a la necesidad de recuperar cuanto antes el crecimiento y de enfrentar la problemática social.
El deterioro de la calidad de vida, los niveles de desempleo, el incremento de la pobreza nos están indicando la necesidad de un nuevo enfoque económico que debe provenir de propuestas políticas y económicas creativas en materia de deuda externa, reforma del Estado, políticas sociales, reinserción internacional, reestructuración productiva y acumulación y progreso técnico, que hagan sostenible tanto la reorganización económica como el proceso de democratización que se ve amenazado.
La reforma económica neoliberal terminó por imponerse bajo las presiones de los organismos financieros internacionales. Pero esa reforma ha tenido y sigue teniendo unas consecuencias económicas y, sobre todo, sociales, devastadoras; baja inversión, rezago tecnológico, agudo deterioro de la infraestructura, alto desempleo, reducción del gasto social, grave deterioro de los servicios públicos de educación, salud, vivienda y previsión social, masivo aumento de la marginalidad, desnutrición y, con todo esto, la intensificación de la violencia y la delincuencia.
Esto es especialmente grave, porque en el otro extremo del espectro social se ha ido formando un pequeño segmento extraordinariamente privilegiado y favorecido por la reforma económica neoliberal, dando lugar a una nueva concentración de riqueza, ingresos y poder que ha agudizado severamente la desigualdad. Si la reforma se posterga indefinidamente, si se realiza a medias, con avances y retrocesos no se logrará el éxito. Sin ella no hay probabilidad de reponerse. Lo que en cambio se puede evitar en alguna medida, es la intensidad de la duración del costo social. Y también puede elevarse la probabilidad de sobre vivencia, recuperación y crecimiento.