La no tan segura reelección de George Bush
Quienes no hace tanto vaticinaban de que la reelección de George W. Bush era un "shooh-in", una apuesta segura, ya no se sienten tan confiados. Nuevas encuestas comienzan a reflejar un inicio de incertidumbre no sólo por su política internacional, sino también ante los planes económicos del presidente, lo que ha inyectado un primer indicio de optimismo en las filas de la oposición demócrata.
Mientras que los medios internacionales enfocan su crítica en la ignorancia y aparente indiferencia de Bush por la política mundial, su "talón de Aquiles" para el público estadounidense es la económica, que bajo Clinton había arrojado un espectacular superávit. Ahora, la prensa está enfatizando que la política económica de los republicanos ha arrojado un déficit presupuestario que ascenderá a un nivel sin precedente de US$480.000 millones en 2004, según cálculos de la Oficina Presupuestaria del Congreso. Por eso no sorprende que en los últimos sondeos los que dicen "No" a la reelección en EU pasan de 43 a 49% en un mes, según las encuestas. En enero, el 60 % lo apoyaba. En contraste con la desesperación que los demócratas sintieron hace unos meses cuando parecía que Bush se había convertido, al igual que Reagan, en el "Teflon man", en el que las críticas simplemente le resbalaban, el mandatario inició la semana pasada su campaña para la reelección bajo una ola de ataques de la oposición demócrata y advertencias del Fondo Monetario Internacional (FMI) sobre el creciente déficit fiscal.
A lo anterior se agrega un inesperado entusiasmo popular por la postulación del gobernador demócrata de Vermont, el médico Howard Dean, como un posible contrincante de Bush y algunos dicen, quizás, con la participación del general Wesley Clark como candidato a vicepresidente. Dean, al igual que Clinton, ha cobrado fama por haber logrado un saludable superávit en el balance fiscal del gobierno de su pequeño estado de la Nueva Inglaterra. En tanto, la Oficina del Presupuesto el Congreso estimó que el desequilibrio de las cuentas públicas de EU seguirá hasta que en 2012 retorne al camino del superávit fiscal. Pero ello generará un nuevo endeudamiento del Estado de 1,4 billón de dólares en los próximos 10 años para poder enjugar el desequilibrio de las cuentas.
El principal combustible para el déficit fiscal norteamericano es la política de millonarios recortes de impuestos impulsada por Bush para devolver el crecimiento y un aumento considerable en los gastos militares, para sostener la guerra contra el terrorismo lanzada después de los atentados del 11 de septiembre de 2001.
El FMI advirtió a EU que deberá controlar su desequilibrio presupuestario para que el déficit no se transforme en estructural y amenace con retraer la economía con un aumento en las tasas de interés. En cambio, The Wall Street Journal dijo en un editorial que a pesar del aumento del déficit, Bush tomó el camino correcto al recortar los impuestos, porque ello ayudará a la recuperación del consumo y el crecimiento.
En este escenario, el descanso por un mes de Bush en su rancho de Crawford (Texas) se ha tornado más bien en una pesadilla. Ya de por sí "desvelado" por la escandalosa cifra de un soldado estadounidense muerto en Irak cada 24 horas y por el bombazo contra la sede de la ONU la semana pasada, ahora ha tenido que digerir la peor de las noticias. Nadie quien miraba la televisión en ese fatídico día en que fue asesinado el popular diplomático brasileño, Sergio Vieira de Mello, pudo pasar por alto cómo Bush recibió la noticia por teléfono inalámbrico en un carrito de golf al que volvió a montarse después de la conversación para seguir jugando. Según una encuesta publicada por la revista Newsweek este fin de semana, por primera vez desde que llegó a la Casa Blanca hay más personas en Estados Unidos (EU) que no desean verlo reelegido en noviembre del año entrante que los que esperan retenga la oficina oval.
La encuesta realizada el pasado 22 de agosto entre poco más de mil adultos registrados para votar, indica que el 49% de los estadounidenses se opone a su reelección frente a un 44% que la apoya. Tan sólo hace un mes era el 49% el que inclinaba por darle otros cuatro años al frente del destino del país, frente a un 43 que se oponía.
Claro está que estas reacciones conductuales ante la percepción del riesgo o su ausencia, depende del completo estado de sobriedad, de ahí que esta capacidad de reacción se vea notablemente afectada cuando el conductor está bajo los efectos de cualquier droga, incluido el alcohol. Pero más importante que esto, es que los estudios de Taylor y de otros que le han sucedido o han sido replicados, permite suponer que la percepción subjetiva del riesgo a accidentarse, depende de las condiciones objetivas (curvas, ascensos, descensos, zonas de alta densidad de peatones e intersecciones de vías y calles). Ahí donde hay tramos de la carretera, bien sean áreas abiertas o dentro de la ciudad, que objetivamente todos los conductores perciben como de alto riesgo, la conducta a esperar es que desaceleren, como una medida de compensar o contrarrestar el riesgo percibido. Podría pensarse que se produce una búsqueda de la homeostasis interna, ante el desequilibrio que produce la percepción de un riesgo, lo que induce la decisión del conductor a producir un ajuste en su manejo llevándolo a desacelerar o a detenerse completamente, logrando con esto reducir al mínimo o a cero el peligro que estaría detrás del resigo percibido.
Podríamos suponer que mientras más seguridad percibe un conductor, ya sea porque está al volante de un auto más grande (por ejemplo un "diablo rojo") o uno nuevo con las últimas extras tecnológicas, que le provean y él las perciba como fuente de mayor seguridad o se conduce por tramos de rectas, donde regularmente la propia construcción de la carretera, no es percibida como de alto riesgo si se acelera, la probabilidad de accidentes aumenta dado que el conductor no percibe riesgos mayores y realiza que tiene más control y, quizá, más poder. Así, los estudios en esta materia parecen aproximarse a la conclusión, que mientras más millas de carretera se construyan en línea recta, en las cuales los riesgos percibidos por los conductores a sufrir un vuelco, técnicamente se reducen al mínimo, la alta velocidad hace pagar con numerosos muertos y lesionados, merced al ahorro logrado en la construcción.
De hecho, las estadísticas mundiales, y me atrevo a señalar que también las de nuestro país, reportan cientos y miles de muertos en los grandes tramos de construcción lineal, debido a la sensación de seguridad percibida, pese a que aumenta la monotonía de los estímulos, que pueden inducir desafortunados instantes o milisegundos de sueño, con la consecuencia de fatalidad conocidas.
Todo parece indicar que en la ingeniería de carreteras y vías se debe atender a las evidencias de la investigación científica, en materia de psicología del tráfico y de los conductores, adoptando un criterio diferente en cuanto a seguridad vial se refiere, dado que el comportamiento de todo conductor, cuando va al volante tiende a ser más temerario mientras más seguridad subjetiva y objetiva perciba.
Quizá sea por esto, que los accidentes en Japón empezaron a descender, desde que introdujeron en el mercado, autos más frágiles y pequeños, donde la percepción de mayor vulnerabilidad era más obvia, que en los autos importados desde Estados Unidos; donde la cantidad de accidentes se mantuvo en ascenso mientras el consumidor americano se resistía a migrar los autos japoneses.
(anelpsi@hotmail.com)
Mientras que los medios internacionales enfocan su crítica en la ignorancia y aparente indiferencia de Bush por la política mundial, su "talón de Aquiles" para el público estadounidense es la económica, que bajo Clinton había arrojado un espectacular superávit. Ahora, la prensa está enfatizando que la política económica de los republicanos ha arrojado un déficit presupuestario que ascenderá a un nivel sin precedente de US$480.000 millones en 2004, según cálculos de la Oficina Presupuestaria del Congreso. Por eso no sorprende que en los últimos sondeos los que dicen "No" a la reelección en EU pasan de 43 a 49% en un mes, según las encuestas. En enero, el 60 % lo apoyaba. En contraste con la desesperación que los demócratas sintieron hace unos meses cuando parecía que Bush se había convertido, al igual que Reagan, en el "Teflon man", en el que las críticas simplemente le resbalaban, el mandatario inició la semana pasada su campaña para la reelección bajo una ola de ataques de la oposición demócrata y advertencias del Fondo Monetario Internacional (FMI) sobre el creciente déficit fiscal.
A lo anterior se agrega un inesperado entusiasmo popular por la postulación del gobernador demócrata de Vermont, el médico Howard Dean, como un posible contrincante de Bush y algunos dicen, quizás, con la participación del general Wesley Clark como candidato a vicepresidente. Dean, al igual que Clinton, ha cobrado fama por haber logrado un saludable superávit en el balance fiscal del gobierno de su pequeño estado de la Nueva Inglaterra. En tanto, la Oficina del Presupuesto el Congreso estimó que el desequilibrio de las cuentas públicas de EU seguirá hasta que en 2012 retorne al camino del superávit fiscal. Pero ello generará un nuevo endeudamiento del Estado de 1,4 billón de dólares en los próximos 10 años para poder enjugar el desequilibrio de las cuentas.
El principal combustible para el déficit fiscal norteamericano es la política de millonarios recortes de impuestos impulsada por Bush para devolver el crecimiento y un aumento considerable en los gastos militares, para sostener la guerra contra el terrorismo lanzada después de los atentados del 11 de septiembre de 2001.
El FMI advirtió a EU que deberá controlar su desequilibrio presupuestario para que el déficit no se transforme en estructural y amenace con retraer la economía con un aumento en las tasas de interés. En cambio, The Wall Street Journal dijo en un editorial que a pesar del aumento del déficit, Bush tomó el camino correcto al recortar los impuestos, porque ello ayudará a la recuperación del consumo y el crecimiento.
En este escenario, el descanso por un mes de Bush en su rancho de Crawford (Texas) se ha tornado más bien en una pesadilla. Ya de por sí "desvelado" por la escandalosa cifra de un soldado estadounidense muerto en Irak cada 24 horas y por el bombazo contra la sede de la ONU la semana pasada, ahora ha tenido que digerir la peor de las noticias. Nadie quien miraba la televisión en ese fatídico día en que fue asesinado el popular diplomático brasileño, Sergio Vieira de Mello, pudo pasar por alto cómo Bush recibió la noticia por teléfono inalámbrico en un carrito de golf al que volvió a montarse después de la conversación para seguir jugando. Según una encuesta publicada por la revista Newsweek este fin de semana, por primera vez desde que llegó a la Casa Blanca hay más personas en Estados Unidos (EU) que no desean verlo reelegido en noviembre del año entrante que los que esperan retenga la oficina oval.
La encuesta realizada el pasado 22 de agosto entre poco más de mil adultos registrados para votar, indica que el 49% de los estadounidenses se opone a su reelección frente a un 44% que la apoya. Tan sólo hace un mes era el 49% el que inclinaba por darle otros cuatro años al frente del destino del país, frente a un 43 que se oponía.
Claro está que estas reacciones conductuales ante la percepción del riesgo o su ausencia, depende del completo estado de sobriedad, de ahí que esta capacidad de reacción se vea notablemente afectada cuando el conductor está bajo los efectos de cualquier droga, incluido el alcohol. Pero más importante que esto, es que los estudios de Taylor y de otros que le han sucedido o han sido replicados, permite suponer que la percepción subjetiva del riesgo a accidentarse, depende de las condiciones objetivas (curvas, ascensos, descensos, zonas de alta densidad de peatones e intersecciones de vías y calles). Ahí donde hay tramos de la carretera, bien sean áreas abiertas o dentro de la ciudad, que objetivamente todos los conductores perciben como de alto riesgo, la conducta a esperar es que desaceleren, como una medida de compensar o contrarrestar el riesgo percibido. Podría pensarse que se produce una búsqueda de la homeostasis interna, ante el desequilibrio que produce la percepción de un riesgo, lo que induce la decisión del conductor a producir un ajuste en su manejo llevándolo a desacelerar o a detenerse completamente, logrando con esto reducir al mínimo o a cero el peligro que estaría detrás del resigo percibido.
Podríamos suponer que mientras más seguridad percibe un conductor, ya sea porque está al volante de un auto más grande (por ejemplo un "diablo rojo") o uno nuevo con las últimas extras tecnológicas, que le provean y él las perciba como fuente de mayor seguridad o se conduce por tramos de rectas, donde regularmente la propia construcción de la carretera, no es percibida como de alto riesgo si se acelera, la probabilidad de accidentes aumenta dado que el conductor no percibe riesgos mayores y realiza que tiene más control y, quizá, más poder. Así, los estudios en esta materia parecen aproximarse a la conclusión, que mientras más millas de carretera se construyan en línea recta, en las cuales los riesgos percibidos por los conductores a sufrir un vuelco, técnicamente se reducen al mínimo, la alta velocidad hace pagar con numerosos muertos y lesionados, merced al ahorro logrado en la construcción.
De hecho, las estadísticas mundiales, y me atrevo a señalar que también las de nuestro país, reportan cientos y miles de muertos en los grandes tramos de construcción lineal, debido a la sensación de seguridad percibida, pese a que aumenta la monotonía de los estímulos, que pueden inducir desafortunados instantes o milisegundos de sueño, con la consecuencia de fatalidad conocidas.
Todo parece indicar que en la ingeniería de carreteras y vías se debe atender a las evidencias de la investigación científica, en materia de psicología del tráfico y de los conductores, adoptando un criterio diferente en cuanto a seguridad vial se refiere, dado que el comportamiento de todo conductor, cuando va al volante tiende a ser más temerario mientras más seguridad subjetiva y objetiva perciba.
Quizá sea por esto, que los accidentes en Japón empezaron a descender, desde que introdujeron en el mercado, autos más frágiles y pequeños, donde la percepción de mayor vulnerabilidad era más obvia, que en los autos importados desde Estados Unidos; donde la cantidad de accidentes se mantuvo en ascenso mientras el consumidor americano se resistía a migrar los autos japoneses.
(anelpsi@hotmail.com)