La nómina Unión por Panamá
La proclamación de la nómina presidencial de la coalición Unión por Panamá, integrada por los partidos Arnulfista, MOLIRENA y MORENA, no llega a cerrar los interrogantes que se ciernen en el panorama político coyuntural. Tal cual aconteció en la víspera electoral de 1994, en el partido MOLIRENA es donde vuelven a presentarse complicaciones al cuestionarse el nombramiento de Guillermo Ford como candidato a la primera vicepresidencia de la república dentro de la militancia.
El Código Electoral expresa que "los candidatos a vicepresidentes serán designados por el candidato presidencial y ratificados por los directorios nacionales respectivos". La candidata presidencial del arnulfismo, Mireya Moscoso, ha cumplido con esta parte del articulado del Código Electoral. Quienes dentro del MOLIRENA adversan la nominación de Ford tienen la opción de formular objecciones ante el Tribunal Electoral y este organismo acogerá y dirigirá la contienda, en arreglo a lo que dispone la ley.
Es importante indicar que el artículo 195 del Código Electoral dispone que "cuando un partido postule a un candidato aliado que ya hubiera sido escogido por su partido mediante elección primaria (éste es el caso del MOLIRENA que apoya a la candidata elegida por el arnulfismo), podrá hacerlo mediante la convención nacional".
Ford ha sido escogido por Moscoso y tendría que ser ratificado por el directorio nacional del MOLIRENA. Sin embargo, hay miembros de ese partido que sostienen que el candidato del colectivo a la primera vicepresidencia debiera ser nominado por la convención nacional. El Tribunal Electoral ha dejado abierta esa posibilidad, pero sólo por vía de la revisión por la convención, de lo decidido en primera instancia por el directorio, si ello le fuera planteado.
Tal como aprecia la opinión pública, prácticamente no existe un partido donde no surjan dificultades por la escogencia de candidatos a puestos de representación popular o por la formación o desmembramiento de coaliciones interpartidarias. Pero en las filas de la oposición, las crisis internas de los partidos por disputas de candidaturas y liderazgos podrían repercutir negativamente ante las perspectivas de las elecciones generales de 1999.
El fraccionamiento imperante en la oposición es como un virus que diezma la unidad que plantea, como imperativo aritmético, la consulta. Las divisiones surgidas en los partidos de cabecera de la oposición por los candidatos al Organo Ejecutivo están germinando los resultados de 1999. Dice el refrán popular que, después de las lluvias, vienen los lodos.
El Código Electoral expresa que "los candidatos a vicepresidentes serán designados por el candidato presidencial y ratificados por los directorios nacionales respectivos". La candidata presidencial del arnulfismo, Mireya Moscoso, ha cumplido con esta parte del articulado del Código Electoral. Quienes dentro del MOLIRENA adversan la nominación de Ford tienen la opción de formular objecciones ante el Tribunal Electoral y este organismo acogerá y dirigirá la contienda, en arreglo a lo que dispone la ley.
Es importante indicar que el artículo 195 del Código Electoral dispone que "cuando un partido postule a un candidato aliado que ya hubiera sido escogido por su partido mediante elección primaria (éste es el caso del MOLIRENA que apoya a la candidata elegida por el arnulfismo), podrá hacerlo mediante la convención nacional".
Ford ha sido escogido por Moscoso y tendría que ser ratificado por el directorio nacional del MOLIRENA. Sin embargo, hay miembros de ese partido que sostienen que el candidato del colectivo a la primera vicepresidencia debiera ser nominado por la convención nacional. El Tribunal Electoral ha dejado abierta esa posibilidad, pero sólo por vía de la revisión por la convención, de lo decidido en primera instancia por el directorio, si ello le fuera planteado.
Tal como aprecia la opinión pública, prácticamente no existe un partido donde no surjan dificultades por la escogencia de candidatos a puestos de representación popular o por la formación o desmembramiento de coaliciones interpartidarias. Pero en las filas de la oposición, las crisis internas de los partidos por disputas de candidaturas y liderazgos podrían repercutir negativamente ante las perspectivas de las elecciones generales de 1999.
El fraccionamiento imperante en la oposición es como un virus que diezma la unidad que plantea, como imperativo aritmético, la consulta. Las divisiones surgidas en los partidos de cabecera de la oposición por los candidatos al Organo Ejecutivo están germinando los resultados de 1999. Dice el refrán popular que, después de las lluvias, vienen los lodos.