La nueva asamblea
No puedo empezar, sin antes agradecer a las miles de personas que apoyaron nuestra propuesta el pasado dos de mayo, colocándome como el candidato a legislador más votado en el circuito 8-8 de la ciudad capital. Tal muestra de confianza, me compromete a realizar un trabajo responsable y de excelencia en la Asamblea Legislativa.
Precisamente, en esta instancia, quiero hacer referencia sobre el futuro desenvolvimiento de este importante Organo del Estado, a la luz de los resultados de la pasada elección. Al momento de escribir estas líneas, la opinión pública da por sentado que el PRD tiene mayoría en la Asamblea y que, por ende, impondrá su línea y sus intereses, de la misma forma en que lo hizo durante el período legislativo que está por terminar. No obstante, es preciso destacar que, salvo que alguna impugnación pendiente cambie el resultado conocido de las elecciones, el partido mayoritario de la nueva oposición tendrá 34 legisladores, a tan sólo dos votos de lograr la mayoría, lo que significa que, para controlar el Pleno, dependerá de mantener la unidad entre los partidos miembros de la Alianza Nueva Nación o de hacer acuerdos con los miembros de la Alianza Acción Opositora.
Así sea tan solo en teoría, lo cierto es que existe la posibilidad matemática de lograr mayoría en la Asamblea para el gobierno que toma posesión el 1". de septiembre. No será fácil lograrlo, pero no es imposible. Si logran conciliar intereses todos aquellos legisladores y legisladoras que no pertenecen al P.R.D., conformarían un muy heterogéneo bloque de 37 votos contra los 34 del partido en cuestión. En todo caso, se trataría de una mayoría escuálida, que exigiría un esfuerzo constante para mantener la cohesión entre la bancada.
En cualquiera de los escenarios, sea que logremos o no tener una mayoría en la Asamblea que inicia en tres meses, lo cierto es que el balance de fuerzas obligará a un consenso que deberá renovarse permanente, prácticamente proyecto a proyecto, lo cual no es positivo ni negativo por sí solo. El que sea bueno o malo para el país, dependerá de la madurez, tolerancia y capacidad de diálogo que demostremos las partes interesadas. Dependerá también, en no poca medida, de las decisiones que tome el gobierno saliente en las próximas semanas, pues sus más recientes movimientos indican una mala disposición de parte de éste en el sentido de aprovechar la mayoría en ambas Asambleas, para inmiscuirse en las facultades del próximo Ejecutivo. Si la cosa continúa así con tan notoria mala fe y nuestro gobierno no logra una mayoría en la Asamblea, es muy posible que tengamos un escenario de confrontación entre dos Organos del Estado, que nada bueno le significa al país.
Por otro lado, independientemente de quién tenga la mayoría parlamentaria, es evidente que se necesitan medidas prontas para limpiar la cara de la Asamblea, la cual ha sufrido un enorme desprestigio, especialmente en los últimos cinco años debido al ausentismo, el uso descarado de partidas circuitales para promoción política y la sumisión extrema al Organo Ejecutivo. Una de las iniciativas que debemos impulsar desde el principio, sobre todo quienes llegamos como legisladores principales por primera vez, es aquella que dispone el descuento por día no trabajado en el Pleno.
Así mismo, en mi opinión, el gobierno de Mireya Moscoso debe mantener sus compromisos electorales, en el sentido de eliminar o al menos, revisar la figura de las partidas circuitales y promover un cambio integral a la Constitución Política vigente, sea por vía de la constituyente o de cualquiera otro mecanismo que surja de un consenso nacional. Por el contrario de lo que algunos piensan, una nueva Constitución no tiene por qué afectar los términos de la actual Asamblea, pero sí puede mejorar y democratizar su funcionamiento, por ejemplo, al eliminar la revocatoria de mandato partidista e instituyendo la revocatoria ciudadana.
Pero esos son temas que deberán discutirse en los próximos meses con la participación del gobierno, los partidos políticos y la sociedad civil en su conjunto. Dentro de ese gran debate nacional, esperamos jugar un papel importante como representante de una juventud que empieza a ganar su espacio en el ruedo político. No menos podemos hacer, dada la responsabilidad que conlleva el tener una tribuna de tanta importancia en virtud del voto popular. En ello, mis suplentes y yo, nos sentimos profundamente comprometidos.
Precisamente, en esta instancia, quiero hacer referencia sobre el futuro desenvolvimiento de este importante Organo del Estado, a la luz de los resultados de la pasada elección. Al momento de escribir estas líneas, la opinión pública da por sentado que el PRD tiene mayoría en la Asamblea y que, por ende, impondrá su línea y sus intereses, de la misma forma en que lo hizo durante el período legislativo que está por terminar. No obstante, es preciso destacar que, salvo que alguna impugnación pendiente cambie el resultado conocido de las elecciones, el partido mayoritario de la nueva oposición tendrá 34 legisladores, a tan sólo dos votos de lograr la mayoría, lo que significa que, para controlar el Pleno, dependerá de mantener la unidad entre los partidos miembros de la Alianza Nueva Nación o de hacer acuerdos con los miembros de la Alianza Acción Opositora.
Así sea tan solo en teoría, lo cierto es que existe la posibilidad matemática de lograr mayoría en la Asamblea para el gobierno que toma posesión el 1". de septiembre. No será fácil lograrlo, pero no es imposible. Si logran conciliar intereses todos aquellos legisladores y legisladoras que no pertenecen al P.R.D., conformarían un muy heterogéneo bloque de 37 votos contra los 34 del partido en cuestión. En todo caso, se trataría de una mayoría escuálida, que exigiría un esfuerzo constante para mantener la cohesión entre la bancada.
En cualquiera de los escenarios, sea que logremos o no tener una mayoría en la Asamblea que inicia en tres meses, lo cierto es que el balance de fuerzas obligará a un consenso que deberá renovarse permanente, prácticamente proyecto a proyecto, lo cual no es positivo ni negativo por sí solo. El que sea bueno o malo para el país, dependerá de la madurez, tolerancia y capacidad de diálogo que demostremos las partes interesadas. Dependerá también, en no poca medida, de las decisiones que tome el gobierno saliente en las próximas semanas, pues sus más recientes movimientos indican una mala disposición de parte de éste en el sentido de aprovechar la mayoría en ambas Asambleas, para inmiscuirse en las facultades del próximo Ejecutivo. Si la cosa continúa así con tan notoria mala fe y nuestro gobierno no logra una mayoría en la Asamblea, es muy posible que tengamos un escenario de confrontación entre dos Organos del Estado, que nada bueno le significa al país.
Por otro lado, independientemente de quién tenga la mayoría parlamentaria, es evidente que se necesitan medidas prontas para limpiar la cara de la Asamblea, la cual ha sufrido un enorme desprestigio, especialmente en los últimos cinco años debido al ausentismo, el uso descarado de partidas circuitales para promoción política y la sumisión extrema al Organo Ejecutivo. Una de las iniciativas que debemos impulsar desde el principio, sobre todo quienes llegamos como legisladores principales por primera vez, es aquella que dispone el descuento por día no trabajado en el Pleno.
Así mismo, en mi opinión, el gobierno de Mireya Moscoso debe mantener sus compromisos electorales, en el sentido de eliminar o al menos, revisar la figura de las partidas circuitales y promover un cambio integral a la Constitución Política vigente, sea por vía de la constituyente o de cualquiera otro mecanismo que surja de un consenso nacional. Por el contrario de lo que algunos piensan, una nueva Constitución no tiene por qué afectar los términos de la actual Asamblea, pero sí puede mejorar y democratizar su funcionamiento, por ejemplo, al eliminar la revocatoria de mandato partidista e instituyendo la revocatoria ciudadana.
Pero esos son temas que deberán discutirse en los próximos meses con la participación del gobierno, los partidos políticos y la sociedad civil en su conjunto. Dentro de ese gran debate nacional, esperamos jugar un papel importante como representante de una juventud que empieza a ganar su espacio en el ruedo político. No menos podemos hacer, dada la responsabilidad que conlleva el tener una tribuna de tanta importancia en virtud del voto popular. En ello, mis suplentes y yo, nos sentimos profundamente comprometidos.