La nueva educación
Todos los candidatos y opinadores del país coinciden en que la puerta al mundo desarrollado se abrirá o no con la llave de la educación. Por ello, todos hacen tanto énfasis en la necesidad de una transformación profunda de nuestro modelo educativo y del sistema que lo administra.
Es afortunado que no tengamos que inventar la rueda -aunque sí habrá que ensillar a más de un gallinazo-, porque hay ejemplos que emular y sentido común que aplicar.
El mundo desarrollado ha superado la era industrial y ha entrado en la era post-industrial -a falta de nombre más preciso. Esto significa que el modelo educativo masificante ya no sirve, pero no implica que el alcance no deba ser masivo. Esto significa que la enseñanza uniforme ya no sirve, aunque no implica que la base no sea universal. Esto significa que los educadores ya no son los protagonistas, aunque eso no implica que no tengan un rol importante.
La nueva educación requiere de un sistema descentralizado de administración, de modelos educativos flexibles y adaptables donde lo importante sea el conocimiento aprendido y no la forma cómo se enseñó; en donde se comprenda lo efímero de lo que se enseña y lo permanente de cómo se aprende.
Necesitamos una educación básica que se concentre más en el lenguaje como herramienta de aprendizaje y comunicación, en las matemáticas como herramientas de lógica y comprensión; y en la ética como parámetro de conducta y acción. Necesitamos, sobre todo, un sistema educativo bien dotado de docentes motivados y comprometidos, de establecimientos bien acondicionados y equipados y de conexión permanente con el conocimiento.