La obligación antes que la devoción
Mi madre, católica practicante, solía decirnos cuando las circunstancias así lo requerían, que la obligación era primero que la devoción. Mis hermanos y yo, tratando de aprovecharnos de la devoción de Doña Tina por los asuntos de la iglesia, usábamos de excusa el catecismo, la procesión, la misa o el rosario cuando queríamos escabullirnos de alguna de los oficios que la buena señora nos asignaba. Mas lo cierto es que nunca se dejaba engatusar por nuestros argumentos religiosos y siempre nos ganaba en este mano a mano; el tiempo me enseñó que como dice el poema de Ramón de Campoamor, "para un viejo, una niña siempre tiene el pecho de cristal". Hace unos días leí la opinión de la Procuradora de la Administración sobre la legalidad (¿constitucionalidad?) del plan intermunicipal del señor alcalde Juan Carlos Navarro, para ayudar a otros municipios con la recolección de los desechos sólidos, en palabras más llanas, recoger la basura. La Procuradora emitió opinión favorable, es decir, que el acuerdo intermunicipal no contraviene ninguna ley. Hasta allí todo bien, porque no se me había pasado por la cabeza que este plan fuera ilegal ni nada parecido.
Mis objeciones a este plan del alcalde Navarro son otras. La primera de ellas, que nuestra ciudad, la ciudad que él prometió convertir en una tacita de oro, una ciudad amable y segura (término que usa frecuentemente), está lejos de serla. Es menester reconocer que la recolección de la basura ha mejorado; empero, el problema sigue siendo agudo, pues aparte de los malos hábitos de los ciudadanos para disponer de la basura y de los perjuicios que causan los pepenadores, el Municipio de Panamá no cuenta con suficientes recursos financieros para encargarse de éstos y otros problemas que resultan por ser el de mayor población y por tener a Panamá, ciudad capital de la República, como responsabilidad de vital importancia. Aunque es el de mayores ingresos, parejos con los ingresos corren los problemas (basura, lotes baldíos abandonados, chatarra por doquier, talleres en plena calle, anuncios publicitarios antiestéticos y excesivos, parques descuidados, buhonería incontrolada, etc.).
No dudo de las buenas intenciones del alcalde Navarro, ni me faltan sentimientos de solidaridad ante los agudos y múltiples problemas que de frontera a frontera nos aquejan, ya por factores externos, ya por un gobierno signado por la mediocridad. Pero creo que más vale hacer una tarea bien hecha que muchas tareas mal hechas o medio hechas. Y mucho temo que eso es lo que sucederá si el alcalde Navarro extiende su esfera de acción más allá de los límites de su municipio, el que lo escogió por voto popular y al que debe dedicar los recursos y los esfuerzos de su gestión alcaldicia. En lo concerniente al saneamiento de la bahía, otro proyecto que proponía para manejo de la alcaldía (el Ejecutivo lo puso a cargo del Ing. Laurencio Guardia y la Unidad Coordinadora para este fin) no es tarde para recordarle, a propósito de ese deseo, el sabio refrán que dice que "el mucho abarca, poco aprieta"; este macro proyecto que se encargan de desempolvar todos los gobiernos, pero que ninguno hasta ahora ha hecho realidad, necesita la participación de casi todas las instituciones del gobierno y de la sociedad civil, agrupadas bajo una organización especial (técnica, no política) y de una gran campaña educativa para que la ciudadanía conozca qué papel le corresponde en la tarea de salvar una bahía que es de todos.
No faltan los suspicaces que piensan que el interés del alcalde Navarro en proyectar su imagen en un radio de acción más amplio tiene que ver con sus aspiraciones a la candidatura presidencial por el PRD. No conozco los pensamientos ni las aspiraciones del señor Navarro, pero sí me inquieta que a veces parece más un candidato político que alcalde de la ciudad. Y lo que esta ciudad necesita es un buen alcalde. Políticos y malos políticos sobran. Pero sobre todo, porque "la obligación está antes que la devoción".
Mis objeciones a este plan del alcalde Navarro son otras. La primera de ellas, que nuestra ciudad, la ciudad que él prometió convertir en una tacita de oro, una ciudad amable y segura (término que usa frecuentemente), está lejos de serla. Es menester reconocer que la recolección de la basura ha mejorado; empero, el problema sigue siendo agudo, pues aparte de los malos hábitos de los ciudadanos para disponer de la basura y de los perjuicios que causan los pepenadores, el Municipio de Panamá no cuenta con suficientes recursos financieros para encargarse de éstos y otros problemas que resultan por ser el de mayor población y por tener a Panamá, ciudad capital de la República, como responsabilidad de vital importancia. Aunque es el de mayores ingresos, parejos con los ingresos corren los problemas (basura, lotes baldíos abandonados, chatarra por doquier, talleres en plena calle, anuncios publicitarios antiestéticos y excesivos, parques descuidados, buhonería incontrolada, etc.).
No dudo de las buenas intenciones del alcalde Navarro, ni me faltan sentimientos de solidaridad ante los agudos y múltiples problemas que de frontera a frontera nos aquejan, ya por factores externos, ya por un gobierno signado por la mediocridad. Pero creo que más vale hacer una tarea bien hecha que muchas tareas mal hechas o medio hechas. Y mucho temo que eso es lo que sucederá si el alcalde Navarro extiende su esfera de acción más allá de los límites de su municipio, el que lo escogió por voto popular y al que debe dedicar los recursos y los esfuerzos de su gestión alcaldicia. En lo concerniente al saneamiento de la bahía, otro proyecto que proponía para manejo de la alcaldía (el Ejecutivo lo puso a cargo del Ing. Laurencio Guardia y la Unidad Coordinadora para este fin) no es tarde para recordarle, a propósito de ese deseo, el sabio refrán que dice que "el mucho abarca, poco aprieta"; este macro proyecto que se encargan de desempolvar todos los gobiernos, pero que ninguno hasta ahora ha hecho realidad, necesita la participación de casi todas las instituciones del gobierno y de la sociedad civil, agrupadas bajo una organización especial (técnica, no política) y de una gran campaña educativa para que la ciudadanía conozca qué papel le corresponde en la tarea de salvar una bahía que es de todos.
No faltan los suspicaces que piensan que el interés del alcalde Navarro en proyectar su imagen en un radio de acción más amplio tiene que ver con sus aspiraciones a la candidatura presidencial por el PRD. No conozco los pensamientos ni las aspiraciones del señor Navarro, pero sí me inquieta que a veces parece más un candidato político que alcalde de la ciudad. Y lo que esta ciudad necesita es un buen alcalde. Políticos y malos políticos sobran. Pero sobre todo, porque "la obligación está antes que la devoción".