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La ocarina de Aiban


Aiban Wagua presenta su palabra pública a través de un libro recién editado en Guatemala con el nombre de Mor Ginnid (Camisa Roja). Aiban -poeta y sacerdote kuna- viste su poemario con rebeldía e identidad y se hace otra vez poeta de la acción y la palabra. Esto no es nada nuevo. El compromiso con su pueblo - y todos los pueblos sojuzgados- es permanente y profundo.
Las voces vienen de atrás y desde adentro como huellas definitorias. Reivindica con mucha fuerza las raíces y no es casual la ofrenda de este texto vivo al gran maestro y guía Carlos López Inakeliginia ("No te enterramos, sólo te plantamos/y vendrá la buena lluvia y la luna joven / que te harán brotar / como una semilla que no muere.")
La Revolución Tule de 1925 es el gran tema histórico del libro, pues rememora y se inspira en la gesta del pueblo kuna - "puño de corajudos"- cuando afirmó su derecho a la libertad, por ello no acepta que hoy se reduzcan las comarcas kunas "a molas y playas."
Ese año fue importante para los sectores populares en Panamá, pues mientras los kunas se lanzaban a la defensa de su identidad y su vida, en la ciudad de Panamá miles de arrabaleros / as y obreros / as proclamaron la gran Huelga Inquilinaria, que fue reprimida, y el país otra vez intervenido por las tropas norteamericanas.
Si es cierto que ambos sucesos estuvieron desvinculados entre sí, hoy Aiban Wagua enlaza las realidades en su poemario. Su solidaridad abarca los/las empobrecidos / as del campo y la ciudad en el marco de una Patria panameña que tiene sentido en la medida que se recorten las desigualdades, lo que le hace exclamar: "Tan patria viva es el Canal liberado/y la sangre de los mártires, /que la aldea india /donde no llega médico/y la gente muere de diarrea, /sarampión y cólera, /mientras se pudren medicamentos /en los depósitos de la ciudad..."
Para él la bandera panameña debe cobijar con el mismo afecto "al pequeño emberá, /o al crío del Chorrillo que crece / entre tiroteos y crac / que a los niños de la Calle Cincuenta: /¿Por qué tanto cariño para unos, /y... tantos golpes de miseria para otros?"
Busca la causalidad de las asimetrías preguntándose angustiado: "¿por qué, y por qué hay pobres,y quién los empobrece?/¿Por qué, por qué... por qué?"
Frente a lo cual agrega la necesidad del cambio:"Haz, entonces, con tu por qué, /una inmensa alternativa de vida, /acto de puro poder de cambio."
La identidad, la solidaridad y la necesaria liberación son ejes que atraviesan los 22 poemas del libro al afirmar una Kuna Yala defendida antes, ahora y siempre y con ella los pueblos indígenas y pobres del país y del continente.
Se resiste a ser vencido por el rencor enervante y proclama en "Sé kuna" que " el odio viejo no malogre tu mañana; /procura no perder los ojos de la abuela /aunque la bruma sea densa y fría. No asistirás mudo/el juicio a tu hermano / deberás compartir tus sueños / con igual candor con el negro / que con el chino o el cholo". En esa dimensión la igualdad entre las dos mitades de la población es clave " El varón y la mujer / son guardianes y garantes de la tierra"
La pobreza puede ni debe ser la única ventana desde donde mirar a los grupos humanos afectados por sus secuelas. Los poemas invitan a mirar, pensar y sentir de manera más integral la realidad de los sectores populares, en especial el más afectados de todos: los pueblos indígenas. Hacedores de cultura e historia, sostenedores de la biodiversidad y portadores como grupo humano del más alto nivel de capital social del país, se sitúan al mismo tiempo y sin lugar a dudas en el sector de la población nacional con las mayores carencias en el orden socioeconómico. Pero las necesidades no son sólo carencias sino potencialidades, y por lo tanto pueden llegar a ser recursos para una mejor calidad de vida.
Cada vez más se abre paso en el Estado y la sociedad, la idea que no es posible imponer modelos de desarrollo a los pueblos indígenas, sino que por el contrario, que las potencialidades evidentes y subyacentes pueden y deben aportar a la construcción de una sociedad y una democracia mejor para todos y todas.
Por ello los nuevos poemas de Aiban Wagua proclaman la vida desde la camisa roja de la lucha. Su canto se hace sencillo y diáfano cuando la ocarina se convierte en espacio de afirmación y búsqueda a través de su música y la densidad de la tierra amada: "Hoy comparto el sosiego / de una ocarina de barro / escucha conmigo / la voz del mismo barro..."
Aiban levanta su palabra pública que son " palabras de vida para saborear una paz ganada!", y con ellas nos restriega desafíos, acertijos y evocaciones.

101 años de Panamá América

 
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