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La OEA, a barrer cenizas


Su participación en la crisis ha sido nula. Ni para bien, ni para mal, salvo para acentuar una imagen opaca que la hace proyectar cada vez con mayor intensidad como un mero centro de tertulias internacionales. Decir que la Organización de Estados Americanos (OEA) atraviese la misma crisis que su similar mundial, la Organización de las Naciones Unidas (ONU), es demasiado. Al menos la última se ha esmerado en tener cierto grado de beligerancia en el manejo de las grandes crisis, pese a la marginación de las grandes potencias, especialmente de Estados Unidos. Fueron loables, por ejemplo, sus esfuerzos hasta de último momento por impedir la invasión a Irak; y su papel en la reconstrucción de ese país se estima decisiva.
La OEA, en cambio, ni siquiera hace el intento de asumir su función elemental de prevenir y solucionar conflictos. Salvo, quizás, en el caso de Venezuela, en el interminable forcejeo entre el presidente Hugo Chávez y su oposición interna, su actitud ha sido sumamente incolora. Allí está, por ejemplo, el reavivamiento de los reclamos náuticos de Bolivia frente a Chile, que es una excelente oportunidad para mediar y evitar el escalonamiento de tensiones. Pero, a juzgar por los hechos, parece estar aguardando a que se forme una crisis para entonces actuar, si acaso. Lamentablemente, el organismo no hace sino las labores de bombero, acudir cuando el incendio estalla o, peor, cuando no queda más que barrer las cenizas. ¿Qué ocurrió, por ejemplo, con la crisis haitiana? Muy sencillo. La OEA se limitó a mirar hacia un lado, mientras la crisis interna del país antillano tomaba cuerpo y terminaba convirtiéndose en una guerra civil que, al final, le dio en la cabeza un tremendo porrazo, usando como garrote la propia "Carta Democrática" que obliga a las naciones miembros a respaldar a los gobiernos libremente electos y a rechazar a los regímenes de facto; camisa de fuerza que no le ha permitido mayores aportes para la solución del conflicto interno de Venezuela.
Y como en política no hay vacío que no sea llenado, en lo más álgido de la guerra civil haitiana, dos fornidos marinos norteamericanos, parte de un pequeño continente armado enviado apresuradamente a la isla, terminaron aparentemente cargando en vilo al ex presidente Aristide, colgado de ambos brazos, conduciéndolo hacia el avión que lo envió hacia el exilio. ¿Qué sigue después en Haití? Obviamente, barrer otra vez las cenizas.
La teca es una especie de alto valor comercial en el mercado internacional, se conoce su comportamiento, requerimientos, y es de rápido crecimiento en comparación con otras especies forestales nativas. Lo malo estaría en eliminar lo nativo para implementar lo exótico. Sería ridículo eliminar un bosque nativo para ejecutar un monocultivo exótico. No hay que irse a los extremos.
Si se tiene terrenos libres de cobertura boscosa, rastrojos o pastizales; y se desea implementar un proyecto de índole forestal y la especie que mejor se adapte resulta ser exótica, entonces no hay una razón que justifique el no uso de esta especie. Si una persona jurídica o natural desea desarrollar un proyecto forestal comercial caracterizado por plantaciones forestales, debe seleccionar la especie que mejor se adapte a los suelos; pero si ya tiene la especie que desea instalar, lo mejor sería que busque los suelos y lugares que posean las características idóneas para su excelente desarrollo.
Recuerde que una mala selección de sitios repercutirá en un pésimo proyecto. Los deterioros ambientales no son causados por una u otra especie vegetal arbórea en especial; lo malo está en la mala identificación de los sitios, inadecuado manejo e implementación de técnicas silviculturales. Teca, claro que sí, pero con el adecuado estudio para su instalación y manejo.

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