La OEA y su apoyo a Haití
La tragedia sufrida por Haití el 12 de enero ha movido la solidaridad mundial. El terrible terremoto que la empobrecida nación americana sufrió ha dejado miles de muertos y heridos; incalculables daños económicos. Su destrucción en toda la nación y en particular su capital no tiene parámetros para ser medida; todavía nadie sabe la dimensión del desastre; hay muchos que deben estar bajo los escombros; nadie sabe si vivos y muertos.
Dentro de las primeras veinticuatro horas de ocurrido el movimiento telúrico, el aparato de auxilio de la Organización de Estados Americanos estaba en plena acción, bajo la dirección de su dinámico Secretario General Adjunto Albert Ramdin. Además de las ayudas que cada país ha brindado a la tragedia haitiana y que se ha manifestado espontáneamente, la OEA cuenta con brazos tan importantes como la Organización Panamericana de la Salud, que tiene instalaciones en Haití, así como la Organización Panamericana de Desarrollo, con treinta años de estar en la isla, ambas con sede en la capital norteamericana, que sirve de brazo financiero en la captación de recursos del sector privado y de organizaciones no gubernamentales para este tipo de catástrofes. La falta de comunicación era tan grande que el embajador de Haití en la OEA señaló que a 24 horas del suceso todavía no había tenido contactos con su gobierno. Panamá, en cierta forma, se ha convertido en eje de mucho del aporte que va hacia Puerto Príncipe, debido a que en la Ciudad del Saber la Organización de Naciones Unidas tiene instalaciones que sirven de centros de acopio y logística de la ayuda que se envía para este tipo de emergencias. Esto es de vital importancia porque la ONU tiene múltiple presencia en Haití, inclusive militar, lo que facilita la labor de coordinación y logística tan necesaria en este tipo de circunstancias. Además, otro de los grandes donantes en estos desastres, la Agencia Española de Cooperación, tiene un centro de acopio en Tocumen. En ambos casos, el Gobierno de Panamá, en adición a los lugares que ha establecido para recoger ayuda para los damnificados y enviar gente de Sinaproc hacia el sitio, ha ofrecido todo tipo de ayuda administrativa para los centros internacionales que operan en nuestro territorio.
La solidaridad mundial ha sido tremenda y motivadora para lo que viene, que será mucho mayor de lo que se ha visto hasta el momento, porque la reconstrucción de Haití, ya desde antes en lento proceso por la pobreza en que ha vivido, requerirá de mucho aporte, de mucha comprensión y, sobre todo, de muchas manos amigas. Veamos esta tragedia como una ventana de oportunidades para tan sufrido pueblo hermano.
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