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La OEA y su perenne crisis de liquidez




Embajador en la OEA

Se ha vuelto una rutina engorrosa que todos los fines de año los órganos encargados de tomar las decisiones políticas dentro del sistema interamericano se ocupen del llamado del Secretario General de la OEA, para que se resuelva, en forma urgente, la crisis de liquidez del Fondo Regular y se puedan cancelar, entre otros gastos, los salarios de los funcionarios de la organización. Como el Fondo Regular se constituye con las cuotas que aportan los estados miembros, el problema tiene su origen en que éstos, especialmente algunos de los que aportan las cuotas más elevadas, no cumplen con el pago oportuno de las mismas.
Aunque el problema de la falta de liquidez es de vieja data, este año ha sido particularmente dramático, comenzando porque la Asamblea General, en su trigésimo período de sesiones, celebrado el pasado mes de junio en Windsor, Canadá, en la que, dicho sea de paso, no pudo aprobarse el presupuesto para el año 2001, hubo de hacer un llamado para que los estados miembros cumplan, en el plazo previsto, con el pago de sus cuotas o propongan un arreglo de pago que brinden certitud sobre el flujo de los ingresos, básico para poder programar los desembolsos.
En su más reciente y desesperado llamado, el Secretario General de la OEA, ha señalado que al problema del atraso en el pago de las cuotas se le suman otras dos realidades igualmente graves: la primera, es que se siguen aprobando presupuestos que exceden las expectativas de los ingresos reales y, la segunda, es que desde la Primera Cumbre de las Américas a la OEA se le vienen impartiendo mandatos que no llevan aparejados, como debiera ser, los recursos necesarios para ejecutarlos.
La primera de las anteriores aseveraciones no hubiera sido un problema, si durante los meses transcurridos desde el llamado de Windsor, el pasado junio, se hubiera producido una respuesta más efectiva de los países morosos, la que no se materializó. La segunda, sí que lo es, porque puede conducirnos a una especie de callejón sin salida. Por un lado, nuestros jefes de Estado, al encomendarle nuevos mandatos a la OEA, están reconociéndole relevancia y eso puede ayudarla a mejorar su imagen, bastante desgastada por cierto, pero la colocan en el aprieto de desarrollarlos sin darle las herramientas financieras para hacerlo.
La solución a la encrucijada descrita, no es sólo un problema de sumas y restas. Es mucho más que eso y su fondo es esencialmente político. Si se toma en consideración que el presupuesto de la organización es de apenas 70 millones de balboas y que al prorratearlos entre las cuotas que deben pagar sus 34 estados miembros activos, las sumas que a cada uno le corresponde aportar son ínfimas, no debiera existir, salvo para unos muy contados estados, problemas para cubrirlas.
Los países con economías más pequeñas aportamos sumas menores, pero su monto, en términos reales, puede representar un mayor sacrificio económico. Sin embargo, y paradójicamente, la morosidad existe menos entre los países de menor desarrollo, pues casi todos están al día y alguno, como es el caso de Honduras, ya canceló su cuota del año 2001. Panamá, igualmente, se encuentra al día y regularmente cubre su cuota a comienzos de año.
Existe una iniciativa, que viene dando vueltas desde hace varios años, para revisar la escala de cuotas y que, eventualmente, podría dar lugar a que se revisara el porcentaje que aporta los Estados Unidos, principalmente, para disminuirlo y, a la vez, aumentar el de otros estados miembros. Sin embargo, esa idea, que parece tener méritos, pero que debe ser negociada muy cuidadosamente, no termina de ponerse en marcha y, de hecho, ha dado lugar a que importantes sectores de la rama legislativa del gobierno estadounidense objeten o demoren las autorizaciones para que el "rgano Ejecutivo disponga de los fondos para pagar oportunamente la cuota de su país.
Si es esa una manera de presionar, por parte de sectores de rama legislativa norteamericana, para que se aborde el tema de la revisión de la escala de las cuotas no podemos afirmarlo ni descartarlo, pero por muy valedera que pueda ser la aspiración de propiciar la revisión del monto de las contribuciones, ella no debe ignorar la obligación que tenemos todos los estados miembros de la organización de pagar nuestras cuotas en los términos previstos en los instrumentos jurídicos que regulan el funcionamiento de la OEA y que establecen que las mismas se adeudan, desde el día primero del año correspondiente.
El problema inmediato de la falta de liquidez se solucionó porque los Estados Unidos y Brasil hicieron pagos importantes a cuenta de sus cuotas atrasadas, pero eso no resuelve el problema de fondo y, por ello, con la urgencia que el caso amerita, en el mes de enero del 2001 se ventilará el asunto, por iniciativa de varias delegaciones, entre ellas la nuestra.

101 años de Panamá América

 
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