La oposición
En diferentes oportunidades nos hemos expresado desfavorablemente al protagonismo político que ha desempeñado en la política nacional "la oposición", y es que ella siempre lo ha hecho fundamentada en el oportunismo y no en consecuencia de la responsabilidad que el sistema le demanda. En la medida en que la oposición se desempeñe cabalmente en sus funciones, así será el grado de democracia que disfrutaremos los panameños. Para la democracia es igualmente importante el desempeño íntegro del gobierno como el de la oposición. Un mal gobierno y una pervertida oposición acarrea nefastas consecuencias para el país.
Con el objeto de una comprensión más completa de lo que es la "oposición", en todo sistema democrático, muchas veces estigmatizada por los gobernantes, vamos a transcribir parte de las estimaciones que en una ocasión leímos, en una de esas revistas dedicadas a temas sociales. He aquí lo expresado por el cronista, cuando analizaba el significado y protagonismo que debe observar la oposición en todo sistema democrático.
"Cuando se habla de oposición normalmente se evoca una gama muy amplia de actitudes, acciones y actores. La palabra se utiliza casi siempre como negación frente a la autoridad o al poder, a las instituciones políticas o a las decisiones gubernamentales. El vocablo oposición sirve para referirse, por igual, a comportamientos individuales o colectivos, a simples diferencias de opinión, a las críticas, expresiones de insatisfacción o descontento, de resistencia o de rebeldía caótica o limitada, que provocan los gobernantes. El disenso, la diferencia política, es el dato que se destaca como rasgo común de este conjunto desordenado de significados que se atribuyen a la palabra oposición".
"La oposición es un componente básico del funcionamiento de las democracias pluralistas. En la mayoría de los casos su existencia representa la cristalización de la diversidad social y desemboca en regímenes bipartidistas o multipartidistas. La oposición también mantiene una relación directa con la democracia porque busca la solución del conflicto, no en la eliminación del adversario, sino mediante la identificación de intereses comunes, promueve la superioridad del diálogo sobre la confrontación, y sus funciones van mucho más allá de la mera expresión de la protesta o descontento, pues su continua participación en los órganos de representación popular la aseguran una influencia sostenida en el proceso de decisiones. Es así como en los regímenes democráticos la oposición no se limita a expresar la diferencia, sino que también tiene funciones de gobierno que cumplir".
"De lo anterior se desprende naturalmente que en los regímenes democráticos la noción de oposición tiene un sentido muy preciso: es siempre una parcela del poder político, es su contraparte lógica, su complemento y no sólo su contradicción. Esto es así porque en los regímenes democráticos la oposición política es la forma institucionalizada del conflicto, y desempeña un papel muy importante en la preservación de los equilibrios del poder o en una evolución ordenada de los mismos".
"La oposición muchas veces encuentra grandes obstáculos en los regímenes o en situaciones que niegan la división de poderes o desprecian las instituciones centrales de la democracia representativa: el poder legislativo o los partidos políticos. Desde el siglo XIX y conforme a un principio político moderno, el pueblo es el soberano y su voluntad se expresa en el poder legislativo, cuya responsabilidad es traducir esa voluntad en actos de gobierno. Las dictaduras que concentran el poder en una sola y única autoridad, ya sea un caudillo, un partido o el Estado, no tienen cabida para la oposición, simplemente porque en estos regímenes el poder es indivisible, lo ejerce el ejecutivo, el cual encarna la voluntad popular, la interpreta o la orienta sin necesidad de intermediarios".
" La oposición, al igual que toda institución política, tiene dos caras. Una amable y positiva que es la que contribuye a integrar la comunidad política democrática; y otra terrible y devastadora que en lugar de aliviar los conflictos las exacerba y que puede ser una fuerza desintegradora que destruye las bases de la comunidad. La negativa puede ser desleal y semileal."
"La oposición desleal florece en situaciones de crisis, que normalmente son muy onerosas para las instituciones democráticas, en las que los partidos antisistema recurren a la exaltación de los antagonismos de un electorado temeroso, frustrado, ansioso o impaciente. Su estrategia consiste en atribuir los orígenes de la crisis no tanto a las personas, sino que concentran sus ataques en las instituciones democráticas mismas; no se limitan a desacreditar a sus adversarios políticos, sino que amplían sus objetivos para abarcar al mismo sistema democrático en su conjunto".
"La oposición semileal, con todo, puede ser todavía más perniciosa que la oposición desleal, la que es antisistema, porque incurre en un juego que representa posiciones oscilantes y ambivalentes frente a la democracia. Su comportamiento usualmente difiere de su oratoria sobre todo cuando alienta, tolera, encubre disculpa o justifica las acciones de otros actores políticos, por miedo a perder posiciones. Este proceder viola los límites de los patrones legítimos de la política democrática y puede conducir al sistema político a sucumbir ya que mediante acuerdos y compensaciones se conduce a la oposición a una participación que borra los perfiles de su identidad y desaparece el contrapeso al partido gobernante y aparecen entonces más como cómplices que como supervisores. Es decir desaparece en la oposición la función de garantizar y vigilar, en nombre de los gobernados, el desempeño gubernamental honesto".
La oposición, entonces, no es como algunos desean hacerla ver, grupos malévolos, inspirados por obscuras motivaciones, cuyo objetivo es destruir a los que detentan el poder. No es el vulgar "quítate tú, para ponerme yo". Es mucho mas que eso. La oposición constituye la expresión legítima de puntos de vista divergentes como un apoyo a la libertad y su desarrollo está íntimamente ligado con la evolución de la cultura política existente.
Con el objeto de una comprensión más completa de lo que es la "oposición", en todo sistema democrático, muchas veces estigmatizada por los gobernantes, vamos a transcribir parte de las estimaciones que en una ocasión leímos, en una de esas revistas dedicadas a temas sociales. He aquí lo expresado por el cronista, cuando analizaba el significado y protagonismo que debe observar la oposición en todo sistema democrático.
"Cuando se habla de oposición normalmente se evoca una gama muy amplia de actitudes, acciones y actores. La palabra se utiliza casi siempre como negación frente a la autoridad o al poder, a las instituciones políticas o a las decisiones gubernamentales. El vocablo oposición sirve para referirse, por igual, a comportamientos individuales o colectivos, a simples diferencias de opinión, a las críticas, expresiones de insatisfacción o descontento, de resistencia o de rebeldía caótica o limitada, que provocan los gobernantes. El disenso, la diferencia política, es el dato que se destaca como rasgo común de este conjunto desordenado de significados que se atribuyen a la palabra oposición".
"La oposición es un componente básico del funcionamiento de las democracias pluralistas. En la mayoría de los casos su existencia representa la cristalización de la diversidad social y desemboca en regímenes bipartidistas o multipartidistas. La oposición también mantiene una relación directa con la democracia porque busca la solución del conflicto, no en la eliminación del adversario, sino mediante la identificación de intereses comunes, promueve la superioridad del diálogo sobre la confrontación, y sus funciones van mucho más allá de la mera expresión de la protesta o descontento, pues su continua participación en los órganos de representación popular la aseguran una influencia sostenida en el proceso de decisiones. Es así como en los regímenes democráticos la oposición no se limita a expresar la diferencia, sino que también tiene funciones de gobierno que cumplir".
"De lo anterior se desprende naturalmente que en los regímenes democráticos la noción de oposición tiene un sentido muy preciso: es siempre una parcela del poder político, es su contraparte lógica, su complemento y no sólo su contradicción. Esto es así porque en los regímenes democráticos la oposición política es la forma institucionalizada del conflicto, y desempeña un papel muy importante en la preservación de los equilibrios del poder o en una evolución ordenada de los mismos".
"La oposición muchas veces encuentra grandes obstáculos en los regímenes o en situaciones que niegan la división de poderes o desprecian las instituciones centrales de la democracia representativa: el poder legislativo o los partidos políticos. Desde el siglo XIX y conforme a un principio político moderno, el pueblo es el soberano y su voluntad se expresa en el poder legislativo, cuya responsabilidad es traducir esa voluntad en actos de gobierno. Las dictaduras que concentran el poder en una sola y única autoridad, ya sea un caudillo, un partido o el Estado, no tienen cabida para la oposición, simplemente porque en estos regímenes el poder es indivisible, lo ejerce el ejecutivo, el cual encarna la voluntad popular, la interpreta o la orienta sin necesidad de intermediarios".
" La oposición, al igual que toda institución política, tiene dos caras. Una amable y positiva que es la que contribuye a integrar la comunidad política democrática; y otra terrible y devastadora que en lugar de aliviar los conflictos las exacerba y que puede ser una fuerza desintegradora que destruye las bases de la comunidad. La negativa puede ser desleal y semileal."
"La oposición desleal florece en situaciones de crisis, que normalmente son muy onerosas para las instituciones democráticas, en las que los partidos antisistema recurren a la exaltación de los antagonismos de un electorado temeroso, frustrado, ansioso o impaciente. Su estrategia consiste en atribuir los orígenes de la crisis no tanto a las personas, sino que concentran sus ataques en las instituciones democráticas mismas; no se limitan a desacreditar a sus adversarios políticos, sino que amplían sus objetivos para abarcar al mismo sistema democrático en su conjunto".
"La oposición semileal, con todo, puede ser todavía más perniciosa que la oposición desleal, la que es antisistema, porque incurre en un juego que representa posiciones oscilantes y ambivalentes frente a la democracia. Su comportamiento usualmente difiere de su oratoria sobre todo cuando alienta, tolera, encubre disculpa o justifica las acciones de otros actores políticos, por miedo a perder posiciones. Este proceder viola los límites de los patrones legítimos de la política democrática y puede conducir al sistema político a sucumbir ya que mediante acuerdos y compensaciones se conduce a la oposición a una participación que borra los perfiles de su identidad y desaparece el contrapeso al partido gobernante y aparecen entonces más como cómplices que como supervisores. Es decir desaparece en la oposición la función de garantizar y vigilar, en nombre de los gobernados, el desempeño gubernamental honesto".
La oposición, entonces, no es como algunos desean hacerla ver, grupos malévolos, inspirados por obscuras motivaciones, cuyo objetivo es destruir a los que detentan el poder. No es el vulgar "quítate tú, para ponerme yo". Es mucho mas que eso. La oposición constituye la expresión legítima de puntos de vista divergentes como un apoyo a la libertad y su desarrollo está íntimamente ligado con la evolución de la cultura política existente.