default

La OTAN contra el genocidio yugoslavo


A lo largo de cincuenta años de amenazas y tensiones bélicas, los países miembros de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, más conocida como OTAN, se prepararon minuciosamente para combatir algún día contra los ejércitos de la Unión Soviética y sus aliados de Europa Oriental. Diseñaron nuevas tecnologías armamentistas, trazaron planes de estrategia militar y diplomática para unificar su poder contra el comunismo internacional, pero en los hechos nunca llegaron a combatir contra sus potenciales adversarios de la justamente denominada guerra fría.
Pero por razones dignas de estudio, la más poderosa maquinaria militar de la tierra ha entrado en acción no por motivos estrictamente bélicos sino para emprender operaciones de castigo contra el régimen de un dirigente comunista curtido en el asesinato de civiles inocentes por pruritos de orden étnico y religioso. El país en cuestión es la menguada República Federal de Yugoslavia, de la que se han separado, después del derrumbe del comunismo, nuevos Estados como Croacia, Eslovenia, Macedonia y, con una semiautonomía compleja, la castigada Bosnia-Herzegovina. Y el sujeto de marras es el líder serbio Slobodan Milosevic, uno de los escasos especímenes comunistas que quedan en el mundo de hoy, cuya brutalidad criminal en el trato con los habitantes de la provincia de Kosovo, vecina de Albania, ha espeluznado al mundo.
Fuerzas militares combinadas de Estados Unidos y los miembros de la OTAN de Europa Occidental desencadenan violentos ataques contra objetivos militares para lograr lo que los diplomáticos no lograron obtener del intransigente Milosevic: que respete el sistema de autonomía administrativa de Kosovo y que no continúe asesinando a mansalva a los kosovares que se oponen al despotismo serbio. En el fondo Milosevic teme que la autonomía de Kosovo empeñezca más aún el ámbito territorial de Yugoslavia y que el ejemplo sea seguido por Montenegro y otras regiones disgustada por la prepotencia serbia sobre otros grupos étnicos.
A excepción de Rusia, que ve estupefacta que antiguos aliados como Hungría y Polonia han pasado a las filas de la OTAN, y de China, que teme a los procedentes operativos que puedan conducir a la liberación del Tíbet, la comunidad internacional interpreta la acción de la OTAN como una represalia contra un régimen genocida. La chispa de la Primera Guerra Mundial se prendió en los Balcanes con el magnicidio de un anarquista serbio. Las lecciones de la historia lamentablemente no son asimiladas por los déspotas.


101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América