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La paz del alma


Existen ciertos factores que ayudan a que nuestro espíritu se serene. Estos factores son: una respiración profunda, una posición correcta del cuerpo, el suprimir las cosas nocivas (alcohol, tabaco, drogas, gula, cenas a destiempo, contaminación atmosférica, ropa apretada), tener una conciencia tranquila no envidiar a nadie, estar siempre contentos, llevar una vida sencilla, renunciar a rencores y resentimientos, cumplir con el deber, tratar siempre con la máxima bondad y respeto a toda persona, tener plena confianza en Dios, llevar a cabo una misión en la vida; todo esto le da una paz mental.
Usted debe simplificar su vida. Hay cosas que son de poca importancia y éstas le hacen perder energía. Aprenda a distinguirlas. Procure estar siempre de buen humor, nunca emprenda algo que después le vaya a impedir disfrutar de la paz del alma; antes de hacer algo pregúntese si le quitará eso su paz de espíritu y pídale al Señor consejo. Definitivamente, abandone los planes en los que no va a encontrar paz. La tranquilidad del alma involucra renuncias también; debe actuar de acuerdo con su convicción moral y mantener su cuerpo limpio, sano y puro.
Mire el lado hermoso de la vida. No se enfade. Deje de estar criticando las faltas ajenas, hable pausadamente, oiga música tranquila, lea poesía serena, pasee por un bosque cuando pueda, practique el humor sano. Aprenda a descansar física, mental y espiritualmente. Para lograr el descanso espiritual, entréguese al Señor, pídale perdón por sus pecados y perdone a los que lo han ofendido.
En cuanto al trabajo, haga pausas breves para alejar el agotamiento; encuéntrele sentido a lo que usted hace y lo hará con agrado. Si su trabajo es intelectual, intercale ejercicios físicos, y viceversa. No se olvide que hay que vivir en armonía física y mentalmente.
Otro punto importante para lograr la paz del alma, aprenda a dormir bien, evite ruidos, procure dormir en una habitación con buena ventilación, evite esas comidas tardías y copiosas, no realice lecturas muy complicadas que le eviten conciliar el sueño, no tenga emociones fuertes o discusiones antes de acostarse -aunque nunca debe tenerlas-, no vea programas que le impacten, trate de destinar un tiempo antes de dormir para la meditación y la plegaria. Pida perdón a Dios si le ha ofendido, dé gracias por las cosas buenas del día. Como dijo el salmista David, "En paz me duermo luego, en cuanto me acuesto, porque Tú, Señor, me das seguridad". Viva en el Señor y dormirá tranquilo.
No haga gestos violentos, ni grite, porque no sólo el estado del alma produce su expresión exterior, sino que la expresión exterior tiende a producir el estado del alma correspondiente, y todo gesto violento es un despilfarro de energía nerviosa. Eso no significa que cuando en verdad tenga que defender el bien, la verdad, denunciar la injusticia y el pecado, entonces sí debe estar airado con esa santa ira y cólera de Dios.
Huya de las personas dominantes, vengativas, orgullosas, mezquinas, envidiosas y resentidas, porque le envenenarán el alma; escoja bien a sus amistades.
Aprenda a esperar con paciencia, sepa que no todo el mundo responde como usted quiere. Obre siempre rectamente; la mentira y el engaño nos roban la paz interior; viva constantemente ante la presencia de Dios. Tenga un espíritu conciliador. Lea las escrituras, pídale al Señor y El le dará.
Haga cada vez que pueda un acto de confianza en el Señor, sabiendo que Dios hace que todas las cosas concurran al bien de los que le aman. Recuerde que la confianza produce la paz. Jesús dijo: "Confiad, soy yo, no tengáis miedo". Conserve siempre la fe en la Divina Providencia que cuida de usted. Y recuerde que ¡CON DIOS USTED ES... INVENCIBLE!

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