A la paz, sólo por la paz
Nosotros, que sabemos que no podemos separar la paz de cosas como la dignidad y los derechos del hombre, de todo ser humano. Nosotros, que creemos que la paz es siempre expresión de la justicia y el orden. Nosotros, que entendemos que no hay forma de mantener el orden internacional justo cuando se pretende solamente el bien de unas naciones, y no el bien común de todas. Nosotros, que sabemos que la guerra nunca es medio al que se puede recurrir para solucionar la competencia de poder entre naciones.
Nosotros, que tenemos siempre que agotar todos los medios pacíficos para evitar la guerra y, en todo caso, respetar la legalidad internacional en el marco de las resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, porque a eso nos hemos comprometido.
Nosotros, que comprendemos muy bien que ni la lógica de la guerra ni el terrorismo asegurarán el futuro de la humanidad. Nosotros, que creemos que es un deber de los creyentes proclamar que jamás podremos ser felices los unos contra los otros. Nosotros, que nos comprometemos a ser centinelas de la paz, en los lugares en que vivimos y trabajamos.
Declaramos: Que, con Jesucristo sabemos que son dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados los hijos de Dios (Mt.5,9). Que el derecho de legítima defensa presupone un ataque real o inminente, y no la simple posibilidad de un ataque. En el caso presente, le corresponde al pueblo de Irak el derecho a la legítima defensa.
Que la llamada "guerra preventiva" es ilegal, inmoral e injusta (como ha declarado expresamente el Papa Juan Pablo II) y que a ese pretexto han recurrido monstruos morales como Hitler y Stalin en nuestras épocas recientes.
Que el derecho internacional, el diálogo real, la solidaridad entre las naciones, el ejercicio de la diplomacia, son los medios dignos del hombre y de las naciones para resolver sus desavenencias.
Que, como dice a propósito de esta guerra, el Papa Juan Pablo II, los que han incitado a esta guerra tendrán que rendir cuentas ante Dios, ante su conciencia y ante la historia.
Pedimos a Dios: Que nuestras conciencias no cedan a la tentación del egoísmo, de la mentira y la violencia.
Que tengamos el valor de preparar la paz de mañana en medio de las violencias de hoy. Que nos ilumine a todos con la luz de su Espíritu y nos llene el corazón de su amor para que, con valentía, nos opongamos a toda acción violenta contra nuestro prójimo y más bien, seamos capaces, como El, de amar incondicionalmente, aun al que nos persigue y calumnie.
Sabiendo sólo que Dios reine tendremos la paz, que hará posible el bien de todos, pidamos ese Reino de Dios como Jesús nos lo enseñó: Padre Nuestro que estás en el cielo...
Nosotros, que tenemos siempre que agotar todos los medios pacíficos para evitar la guerra y, en todo caso, respetar la legalidad internacional en el marco de las resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, porque a eso nos hemos comprometido.
Nosotros, que comprendemos muy bien que ni la lógica de la guerra ni el terrorismo asegurarán el futuro de la humanidad. Nosotros, que creemos que es un deber de los creyentes proclamar que jamás podremos ser felices los unos contra los otros. Nosotros, que nos comprometemos a ser centinelas de la paz, en los lugares en que vivimos y trabajamos.
Declaramos: Que, con Jesucristo sabemos que son dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados los hijos de Dios (Mt.5,9). Que el derecho de legítima defensa presupone un ataque real o inminente, y no la simple posibilidad de un ataque. En el caso presente, le corresponde al pueblo de Irak el derecho a la legítima defensa.
Que la llamada "guerra preventiva" es ilegal, inmoral e injusta (como ha declarado expresamente el Papa Juan Pablo II) y que a ese pretexto han recurrido monstruos morales como Hitler y Stalin en nuestras épocas recientes.
Que el derecho internacional, el diálogo real, la solidaridad entre las naciones, el ejercicio de la diplomacia, son los medios dignos del hombre y de las naciones para resolver sus desavenencias.
Que, como dice a propósito de esta guerra, el Papa Juan Pablo II, los que han incitado a esta guerra tendrán que rendir cuentas ante Dios, ante su conciencia y ante la historia.
Pedimos a Dios: Que nuestras conciencias no cedan a la tentación del egoísmo, de la mentira y la violencia.
Que tengamos el valor de preparar la paz de mañana en medio de las violencias de hoy. Que nos ilumine a todos con la luz de su Espíritu y nos llene el corazón de su amor para que, con valentía, nos opongamos a toda acción violenta contra nuestro prójimo y más bien, seamos capaces, como El, de amar incondicionalmente, aun al que nos persigue y calumnie.
Sabiendo sólo que Dios reine tendremos la paz, que hará posible el bien de todos, pidamos ese Reino de Dios como Jesús nos lo enseñó: Padre Nuestro que estás en el cielo...