La Peatonal
Nadie puede negar que la intención haya sido buena: contar con una peatonal amplia por donde los ciudadanos pudieran caminar sin la preocupación del tráfico vehicular, inclusive con la posibilidad de que el comercio se viera favorecido. Pero sería positivo evaluar si los resultados de hoy coinciden con las intenciones de ayer. La avenida central, otrora arteria que daba carácter citadino a ese sector, parece hoy un oscuro y hacinado espacio donde lentamente se han ido sepultando una época y una parte de la ciudad, caracterizada por su vitalidad y su energía, por el tono cosmopolita con que nacionales y extranjeros se desplazaban con seguridad y señorío. Desde que arranca en la Plaza Cinco de Mayo hasta la Plaza de Santa Ana, la Peatonal asemeja un cementerio para la memoria histórica donde yacen sepultadas las imágenes de tiendas históricas como “el Corte Inglés” o “Ben Btesh”, “Sears”, “Aldens” o la prominencia del viejo edificio del Banco Nacional. Lejos de las buenas intenciones, la Peatonal ha dado paso a un comercio al por menor que en pocos años ha superado a los grandes almacenes que operan en esa área. Muchas personas cuyas familias nacieron y crecieron allí han dejado de frecuentarla. Hoy se trata de un escenario lúgubre y espantoso que riñe con las buenas intenciones que animaron la creación de la Peatonal. Nada tendría de negativo revisar la decisión y devolverle a la vieja avenida Central un poco de aire fresco, algo de su viejo orgullo.