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La pena de la justicia


Los hechos se dieron en 1996. Fue acusado por el Ministerio Público de Panamá con el cargo de “Tentativa de Homicidio”. Siempre alegó, el acusado, en su favor, haber actuado en defensa de su honor. A raíz de los hechos, tuvo que irse del lugar en donde vivía con su mujer e hijos. Pasaron casi 15 años, recientemente cumplidos, para ser juzgado ante la justicia penal. Al final de cuentas un tribunal de jurados dictaminó su inocencia terminando la agonía de un ciudadano que, al igual que miles de miles en Panamá, atraviesan por los duros avatares y vericuetos de la justicia penal.

Con entera independencia de los hechos que rodearon el caso, resalto el hecho de los casi quince años que demoro el proceso penal para este conciudadano. Me tocó ejercitar su defensa en los últimos años y lograr, con la ayuda de Dios, el veredicto de inocencia. Algunos, parafraseando a Gardel, dirían “quince años no son nada”. Bueno no serían nada para los que flotan en la holgazanería y en la indolencia; para los que estarán rodeados de prosperidad y progreso sin límites; para quienes la vida se les presenta como una espontánea correlación de felicidad, pero no para aquellos que miran el día a día como un reto para sobrevivir y que, por otra parte, tienen que comerse, a diario,

sus penas y angustias, como es el caso de quienes enfrentan los avatares de la justicia penal atosigados por un terrible síndrome de incertidumbre y de desconfianza en el sistema, amén de la mora judicial. Siempre he sostenido que hacen falta más jueces y más fiscales. Los gobiernos no quieren invertir en el problema de la justicia y menos para un servicio público que no revierte un centavo.

Es menester que tomemos conciencia de la cruda realidad: miles de expedientes que no se mueven en las instancias judiciales merced a un sistema de justicia que ha colapsado.

Son diversos los factores que desencadenan la crisis en el sistema. Ya en anteriores entregas me he ocupado del tema, pero ahora quiero resaltar que los jueces y fiscales, la mayoría, pese a las reformas penales que se han dado y que en su mayoría son buenas para la administración de justicia en tanto se enfocan en un sistema de garantías plenas, siguen inmersos en un derecho penal de persecución y no de garantías; siguen viendo el proceso como una pena y no como un escenario civilizado de debate penal; honran a las cárceles y endiosan a las penas llenando las celdas de seres humanos que no deberían ir a parar a una cárcel. La justicia penal flota en una balsa de penurias, de miserias, en donde no hay conciencia de lo humano y menos de la dignidad que ella conlleva ínsita.

Abogado.

101 años de Panamá América

 
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