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La penetración chavista


La Gran Muralla china fue construida en el siglo V a.C. para protegerse de ataques de las tribus nómadas de Mongolia y Manchuria. En 1644 los manchúes lograron traspasarla, sobornando a un general. Y fue tan descarada la traición que durante tres días tropas extranjeras estuvieron cruzándola, sin que nadie ofreciera resistencia. Contaron con el beneplácito de las autoridades de la región.

Cada país latinoamericano ha ido, a lo largo del tiempo, erigiendo su propia muralla. La razón es la autarquía predominante y el objetivo declarado es defender la "soberanía" nacional de influencias extranjeras. Especial celo han puesto en impedir el acercamiento político, social y cultural de países más avanzados. Asimismo, con frecuencia han demonizado las inversiones extranjeras, tildándolas de "imperialismo económico".

Durante ciertos períodos, esas fronteras se han hecho permeables. Pero lo que podría considerarse positivo no lo ha sido porque coincide con las épocas más oscuras de la historia continental. No fue el ansia de sana hermandad lo que estimuló tal situación, sino oscuros designios de los gobernantes de turno. Un ejemplo fue el "Plan Cóndor" de las dictaduras militares de los años 70. Su finalidad era dar muerte a los "enemigos" radicados en el extranjero.

Alarma que ahora aparezca un fenómeno similar, con otro disfraz y diferente comparsa. La actual parodia de integración latinoamericana se llama "Socialismo del siglo XXI". Pero Hugo Chávez, su mayor protagonista, no es el único. El matrimonio Kirchner lo imita y amenaza el futuro de Uruguay, mi país.

Este año tenemos elecciones nacionales en Uruguay. Uno de los candidatos del oficialismo es el ex guerrillero tupamaro y marxista declarado José Mujica. Los uruguayos residentes en Argentina son muy numerosos. Y dada la cercanía geográfica, cuando hay comicios, la mayoría de ellos cruza la frontera para votar. Con eso en mente, el kirchnerismo se está encargando de organizar las actividades y financiar los actos que Mujica realizará en la ciudad argentina de Mar del Plata.

En realidad, lo que Chávez y sus acólitos están haciendo es una burda y descarada intromisión en los asuntos internos de otras naciones. Para dominarlas, simplemente tocan el mismo resorte, la compra de conciencias. Y no son pocos los dispuestos a abrir las puertas de la ciudadela.

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