La perpetuidad del subdesarrollo
Los dirigentes de nuestro romántico tercer mundo llegan al poder con proyectos que convencen a los ingenuos votantes, ávidos de cualquier remedio que traiga consigo la esperanza de mejores tiempos. Pero al poco tiempo, olvidan los grandilocuentes planes y se dedican a tareas menos provechosas. Sólo nos queda suspirar anhelantes cuando esto sucede, aferrándonos a un pedazo roído de gorra que nos regalaron en una ya vetusta campaña electoral.
Hemos perdido la cuenta esperando la promesa del desarrollo. Llevamos en este tira y hala político muchos años sin ver resultados. Y la razón principal es que el subdesarrollo ha mutado de su origen económico, convirtiéndose en un problema social. Ya no tiene nada que ver con proyectos de gobierno ni con propuestas de visión al futuro.
El subdesarrollo, tristemente, es una condición estructural perpetua. Lo es por razón de periferia y convicción. Panamá es subdesarrollado porque es demasiado dependiente de los centros de poder de las naciones de la civilización occidental. Y estos estados, a su vez, necesitan nuestra servidumbre para mantener el sistema. Por lo pronto, nada va a cambiar. Así la extraña mezcla de nuestra ideología nacional al servicio del comercio mundial e intereses económicos extranjeros, pasa de tener un sabor a cocos, playa y mar, a amargura al no recibir las recompensas de ser pro mundi beneficio.
Pero el capitalismo -ese carnaval que nos alegra y entristece con sus caprichosos vaivenes- no sufre de una crisis terminal. Nunca lo tuvo y nunca la tendrá, así es. Incluso -para su mantenimiento- la mentada crisis es buena porque es un sistema que se alimenta del recurrente caos económico. Al final, es un esquema sumamente adaptable que necesita de estos ciclos pauperizadores de bonanza y quiebra para subsistir. Asimismo, la personalidad del individuo -en teoría, origen y contrapeso del sistema- es fácilmente manipulable por influencia de grupos organizados que actúan tras el agnosticismo que hoy representa la libertad para las democracias actuales. Me duele reconocer que Marx se equivocó rotundamente. Sin embargo, la crisis del subdesarrollo y del sistema de que lo alimenta, puede estar en otro lado... quizás en el costo personal de nuestra sumisión al fetichismo consumista que nos hace ciudadanos del mercado.
222Panamá es subdesarrollado porque es demasiado dependiente de los centros de poder de las naciones de la civilización occidental.
El golpe nunca estuvo dirigido al bolsillo. Para robarnos la soberanía económica, se nos rompió el madero en la cabeza. La psiquis humana -por efecto del sistema- nunca ha estado tan miserable por este esfuerzo interminable de tener y tener más y mejor si es a expensas del prójimo. No podemos confiar en nadie. Las apariencias reinan supremas sobre la cruda verdad, esa fea realidad sólo vemos en televisión para alimentar el morbo. Los ejemplos hablan por sí solos: una masa de desposeídos de identidad y olvidados por la sociedad, como esos jóvenes que probaron su humanidad radical con errores garrafales y violencia desmedida en los tiroteos de Columbine y recientemente en Alemania. No son incidentes aislados por su lejanía: también tenemos la revolución argentina y otros menos conocidos conflictos en la región andina. Aunado a la disgregación familiar, la pobreza y la degeneración general, todo es producto de esta de acumulación desmedida y despiadada que es no exclusiva de esa omnipotente burguesía conspiradora. Todos nosotros somos responsables...
El desarrollo en un sistema así no es posible. ¿Para qué nos sirve tener dinero si al final nos vamos a convertir en una raza dilapidadora de psicópatas y esquizofrénicos en eterna pobreza? Con la desesperación a la vuelta, tenemos que frenar: la violencia tampoco es la solución. La alternativa es lo que menos queremos oír, la solidaridad; un vuelco a cambiar cánones tradicionales empezando por esta gran mentira: que nuestro desarrollo surgirá espontáneamente de la actividad de otros. Esto no es más que una terca idea impuesta en los albores del siglo XIX por grupos desentendidos de la realidad popular. Quizás al eliminar esta falacia, el vacío instigará la creación de una nueva consciencia nacional, más solidaria con el conjunto. Y si tenemos suerte, con el ímpetu nacido de esta empresa, podremos incluso sembrar las raíces de un sistema hecho a nuestra medida.
(eloyfisher@hotmail.com)
Hemos perdido la cuenta esperando la promesa del desarrollo. Llevamos en este tira y hala político muchos años sin ver resultados. Y la razón principal es que el subdesarrollo ha mutado de su origen económico, convirtiéndose en un problema social. Ya no tiene nada que ver con proyectos de gobierno ni con propuestas de visión al futuro.
El subdesarrollo, tristemente, es una condición estructural perpetua. Lo es por razón de periferia y convicción. Panamá es subdesarrollado porque es demasiado dependiente de los centros de poder de las naciones de la civilización occidental. Y estos estados, a su vez, necesitan nuestra servidumbre para mantener el sistema. Por lo pronto, nada va a cambiar. Así la extraña mezcla de nuestra ideología nacional al servicio del comercio mundial e intereses económicos extranjeros, pasa de tener un sabor a cocos, playa y mar, a amargura al no recibir las recompensas de ser pro mundi beneficio.
Pero el capitalismo -ese carnaval que nos alegra y entristece con sus caprichosos vaivenes- no sufre de una crisis terminal. Nunca lo tuvo y nunca la tendrá, así es. Incluso -para su mantenimiento- la mentada crisis es buena porque es un sistema que se alimenta del recurrente caos económico. Al final, es un esquema sumamente adaptable que necesita de estos ciclos pauperizadores de bonanza y quiebra para subsistir. Asimismo, la personalidad del individuo -en teoría, origen y contrapeso del sistema- es fácilmente manipulable por influencia de grupos organizados que actúan tras el agnosticismo que hoy representa la libertad para las democracias actuales. Me duele reconocer que Marx se equivocó rotundamente. Sin embargo, la crisis del subdesarrollo y del sistema de que lo alimenta, puede estar en otro lado... quizás en el costo personal de nuestra sumisión al fetichismo consumista que nos hace ciudadanos del mercado.
222Panamá es subdesarrollado porque es demasiado dependiente de los centros de poder de las naciones de la civilización occidental.
El golpe nunca estuvo dirigido al bolsillo. Para robarnos la soberanía económica, se nos rompió el madero en la cabeza. La psiquis humana -por efecto del sistema- nunca ha estado tan miserable por este esfuerzo interminable de tener y tener más y mejor si es a expensas del prójimo. No podemos confiar en nadie. Las apariencias reinan supremas sobre la cruda verdad, esa fea realidad sólo vemos en televisión para alimentar el morbo. Los ejemplos hablan por sí solos: una masa de desposeídos de identidad y olvidados por la sociedad, como esos jóvenes que probaron su humanidad radical con errores garrafales y violencia desmedida en los tiroteos de Columbine y recientemente en Alemania. No son incidentes aislados por su lejanía: también tenemos la revolución argentina y otros menos conocidos conflictos en la región andina. Aunado a la disgregación familiar, la pobreza y la degeneración general, todo es producto de esta de acumulación desmedida y despiadada que es no exclusiva de esa omnipotente burguesía conspiradora. Todos nosotros somos responsables...
El desarrollo en un sistema así no es posible. ¿Para qué nos sirve tener dinero si al final nos vamos a convertir en una raza dilapidadora de psicópatas y esquizofrénicos en eterna pobreza? Con la desesperación a la vuelta, tenemos que frenar: la violencia tampoco es la solución. La alternativa es lo que menos queremos oír, la solidaridad; un vuelco a cambiar cánones tradicionales empezando por esta gran mentira: que nuestro desarrollo surgirá espontáneamente de la actividad de otros. Esto no es más que una terca idea impuesta en los albores del siglo XIX por grupos desentendidos de la realidad popular. Quizás al eliminar esta falacia, el vacío instigará la creación de una nueva consciencia nacional, más solidaria con el conjunto. Y si tenemos suerte, con el ímpetu nacido de esta empresa, podremos incluso sembrar las raíces de un sistema hecho a nuestra medida.
(eloyfisher@hotmail.com)