La pesada deuda pública
Cifras oficiales indican que más del 41% de los ingresos del Estado se destina al servicio de la deuda pública, cuyo total supera los diez mil millones de balboas. Esa es una presión tremenda sobre las magras finanzas del Gobierno, lo cual no le permite dedicar más recursos en obras sociales y de infraestructura.
Para colmos, la mayor parte del 59% que resta, se destina a planilla y a gastos de funcionamiento, lo cual reduce aún más la disponibilidad de recursos para los citados propósitos. El resultado está a la vista. La gente tiene la impresión que el Gobierno no hace nada, porque sus obras no se notan. La reforma tributaria se movía en esa dirección. Procuraba aliviar esa presión a base de arrebatar más dinero de los bolsillos del contribuyente.
Pero se sabe que más impuestos y más ingresos no es el problema, a más de los negativos efectos colaterales. El problema real es la ineficiencia y el excesivo gasto. Y en ambos aspectos, el Gobierno no ha probado ser un buen ahorrador de gastos. Para eso, debe esmerarse más.
Otro grave problema es agravar el problema. Tal ocurre por la tendencia de la actual administración a seguir pidiendo prestado para llenar el bache de sus crecientes gastos. De ese modo agrava el problema, pues aumenta la deuda y también el costo de sus servicios.
Lo aconsejable es ser comedido con los préstamos y bajar la deuda cuanto antes y, con ello, el 41% de todos los ingresos del Estado que se destina a su servicio.
Para colmos, la mayor parte del 59% que resta, se destina a planilla y a gastos de funcionamiento, lo cual reduce aún más la disponibilidad de recursos para los citados propósitos. El resultado está a la vista. La gente tiene la impresión que el Gobierno no hace nada, porque sus obras no se notan. La reforma tributaria se movía en esa dirección. Procuraba aliviar esa presión a base de arrebatar más dinero de los bolsillos del contribuyente.
Pero se sabe que más impuestos y más ingresos no es el problema, a más de los negativos efectos colaterales. El problema real es la ineficiencia y el excesivo gasto. Y en ambos aspectos, el Gobierno no ha probado ser un buen ahorrador de gastos. Para eso, debe esmerarse más.
Otro grave problema es agravar el problema. Tal ocurre por la tendencia de la actual administración a seguir pidiendo prestado para llenar el bache de sus crecientes gastos. De ese modo agrava el problema, pues aumenta la deuda y también el costo de sus servicios.
Lo aconsejable es ser comedido con los préstamos y bajar la deuda cuanto antes y, con ello, el 41% de todos los ingresos del Estado que se destina a su servicio.