La piedra filosofal del Estado
Ante la próxima cita electoral es responsabilidad de los electores preguntarse cuál es la propuesta que envuelve en su integridad sus aspiraciones como hombre y mujer insertos en la sociedad. Por tanto, el modelo de Estado debe ser la principal cuestión a la que deben dar una clara respuesta todas y cada unas de las propuestas electorales de los candidatos y los partidos que los apoyan.
Los cuatros candidatos han hecho un gran esfuerzo para presentar a los panameños sus mejores ideas y programas. Pero de entre de ellos, sólo el candidato de la alianza Patria Nueva ha dicho, no ahora sino desde hace más de tres años, que el PRD tiene un proyecto coherente de Estado y de Nación.
Muchos candidatos ofrecen un programa electoral para no ser cumplido, cuando en realidad los programas deberían constituir un contrato entre quienes nos piden el voto y quienes debemos decidir. Los contratos se realizan para ser cumplidos, de lo contrario los ciudadanos poseemos el poder de las urnas para enmendar el engaño en las siguientes elecciones.
El 2 de mayo casi dos millones de panameños y panameñas decidirán la conformación de la Asamblea Legislativa y elegirán al Presidente de la República. Reconociendo que todas las opciones democráticas son legítimas, sólo una ha presentado un proyecto de Nación que presupone un modelo de Estado. Sin la firmeza de esta piedra filosofal, el edificio de Estado se tambalea y el despeñadero aparece en el camino. La solidez de un modelo de Estado es garantía de estabilidad, y esta es garantía de crecimiento económico sostenido y equitativo, si responde a un proyecto nacional incluyente. Un proyecto de nación hace que el país tenga pulso en cualquier gobierno, que la gente crea en sí misma y en sus gobernantes, que todos se encuentren en forma para empeños colectivos en un plano de igualdad con otras naciones. Tal proyecto nos permitiría mirar hacia delante y recomponer el rompecabezas de la pregunta mágica, ¿cómo es el Panamá que queremos?
El proyecto de Nación y Estado que encabeza Martín Torrijos no es producto de la improvisación o un antojo espontáneo, sino que, por el contrario, responde al prolongado y arduo trabajo reflexivo de un conjunto de equipos integrados por miembros destacados de las comunidades que integran el país, lo mejor de nuestros intelectuales y profesionales partidarios; y en fin, de muchas cabezas extraordinariamente amuebladas, incluyendo independientes provenientes de la sociedad civil.
La victoria en las urnas de la alianza Patria Nueva debe ser la de un proyecto nacional, que descansa en un modelo de Estado, que mantendrá el edificio del Estado Nacional firme y agigantado contra los vientos de la improvisación, corrupción, inestabilidad, inseguridad, insalubridad, pobreza y desempleo. Exactamente el rumbo contrario por el que nos ha llevado el actual gobierno.
El modelo de Estado es un grave asunto de principios, valores y estructuras, no una trama de oportunismo de partidos, ni un "machine" para conservar el poder contra la voluntad de la nación. El futuro de un modelo Estado de convivencia en libertad, tolerancia, respeto de las discrepancias, solidaridad y progreso social, ha de mantenerse por encima de meros objetivos proselitistas. Por ello, todos los panameños tendremos en nuestro voto la posibilidad de iniciar una nueva era republicana el próximo 2 de mayo, y estamos seguros de que no la desperdiciaremos. La mayoría social que existe y se ilusiona con una Patria Nueva le cerrará el paso a los que nos invitan a dar, sin dudas, un salto en el vacío, por una parte y, por otra, a continuar por la senda ya recorrida que conduce al fracaso.
La historia de este segundo siglo de nuestra patria no debe estar al albur de alianzas que lo único que escudriñan es el poder para seguir saqueando el patrimonio nacional. El legado de este gobierno debe ser aprobado o desaprobado en la próxima elección. Yo no alcanzaría a cuestionarlo en este escrito por razones de espacios, y reconozco que no sería ecuánime si lo realizara. El 3 de mayo, como resultado de una masiva votación democrática, sabremos si ha nacido un proyecto de Nación y de Estado que encarna las ilusiones y esperanzas de todos. Y la tesis más importante ese día es, cómo será mañana y dentro de cinco años la realidad que nos interesa a los panameños, nuestro País. El tiempo es un gran educador, y éste puede tener partos laboriosos, pero nunca aborta un proyecto de nación.
(jacha@sinfo.net )
Los cuatros candidatos han hecho un gran esfuerzo para presentar a los panameños sus mejores ideas y programas. Pero de entre de ellos, sólo el candidato de la alianza Patria Nueva ha dicho, no ahora sino desde hace más de tres años, que el PRD tiene un proyecto coherente de Estado y de Nación.
Muchos candidatos ofrecen un programa electoral para no ser cumplido, cuando en realidad los programas deberían constituir un contrato entre quienes nos piden el voto y quienes debemos decidir. Los contratos se realizan para ser cumplidos, de lo contrario los ciudadanos poseemos el poder de las urnas para enmendar el engaño en las siguientes elecciones.
El 2 de mayo casi dos millones de panameños y panameñas decidirán la conformación de la Asamblea Legislativa y elegirán al Presidente de la República. Reconociendo que todas las opciones democráticas son legítimas, sólo una ha presentado un proyecto de Nación que presupone un modelo de Estado. Sin la firmeza de esta piedra filosofal, el edificio de Estado se tambalea y el despeñadero aparece en el camino. La solidez de un modelo de Estado es garantía de estabilidad, y esta es garantía de crecimiento económico sostenido y equitativo, si responde a un proyecto nacional incluyente. Un proyecto de nación hace que el país tenga pulso en cualquier gobierno, que la gente crea en sí misma y en sus gobernantes, que todos se encuentren en forma para empeños colectivos en un plano de igualdad con otras naciones. Tal proyecto nos permitiría mirar hacia delante y recomponer el rompecabezas de la pregunta mágica, ¿cómo es el Panamá que queremos?
El proyecto de Nación y Estado que encabeza Martín Torrijos no es producto de la improvisación o un antojo espontáneo, sino que, por el contrario, responde al prolongado y arduo trabajo reflexivo de un conjunto de equipos integrados por miembros destacados de las comunidades que integran el país, lo mejor de nuestros intelectuales y profesionales partidarios; y en fin, de muchas cabezas extraordinariamente amuebladas, incluyendo independientes provenientes de la sociedad civil.
La victoria en las urnas de la alianza Patria Nueva debe ser la de un proyecto nacional, que descansa en un modelo de Estado, que mantendrá el edificio del Estado Nacional firme y agigantado contra los vientos de la improvisación, corrupción, inestabilidad, inseguridad, insalubridad, pobreza y desempleo. Exactamente el rumbo contrario por el que nos ha llevado el actual gobierno.
El modelo de Estado es un grave asunto de principios, valores y estructuras, no una trama de oportunismo de partidos, ni un "machine" para conservar el poder contra la voluntad de la nación. El futuro de un modelo Estado de convivencia en libertad, tolerancia, respeto de las discrepancias, solidaridad y progreso social, ha de mantenerse por encima de meros objetivos proselitistas. Por ello, todos los panameños tendremos en nuestro voto la posibilidad de iniciar una nueva era republicana el próximo 2 de mayo, y estamos seguros de que no la desperdiciaremos. La mayoría social que existe y se ilusiona con una Patria Nueva le cerrará el paso a los que nos invitan a dar, sin dudas, un salto en el vacío, por una parte y, por otra, a continuar por la senda ya recorrida que conduce al fracaso.
La historia de este segundo siglo de nuestra patria no debe estar al albur de alianzas que lo único que escudriñan es el poder para seguir saqueando el patrimonio nacional. El legado de este gobierno debe ser aprobado o desaprobado en la próxima elección. Yo no alcanzaría a cuestionarlo en este escrito por razones de espacios, y reconozco que no sería ecuánime si lo realizara. El 3 de mayo, como resultado de una masiva votación democrática, sabremos si ha nacido un proyecto de Nación y de Estado que encarna las ilusiones y esperanzas de todos. Y la tesis más importante ese día es, cómo será mañana y dentro de cinco años la realidad que nos interesa a los panameños, nuestro País. El tiempo es un gran educador, y éste puede tener partos laboriosos, pero nunca aborta un proyecto de nación.
(jacha@sinfo.net )