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La población asegurada no es un grupo privilegiado


Un argumento que al analizar el tema de la seguridad social esgrimen reiteradamente los organismos internacionales, en especial el Banco Mundial, se caracteriza por definir a los afiliados al sistema de seguridad social como un grupo social privilegiado, con acceso a grandes beneficios y niveles de ingreso muy superiores a los del resto de la población. A pesar de reconocer que dentro del sistema de seguridad social tiene lugar una redistribución del ingreso, señalan que esto "solo se efectúa de ingresos muy elevados hacia los moderadamente altos, y no hacia las personas realmente pobres"¹. Una afirmación de esta naturaleza no se ajusta con la realidad, sobre todo en el caso panameño donde aseverar que los asegurados son un grupo que goza de privilegios y cuenta con ingresos moderadamente alto es desconocer la situación socioeconómica de los afiliados a la Caja de Seguro Social.
La principal fuente de ingreso de la seguridad social panameña proviene de las aportaciones en concepto de cuotas obrero patronales, las cuales alcanzaron para el año 2001 un monto de 581 millones de balboas. Es importante destacar que esta cifra millonaria no provino precisamente de personas con altos niveles de ingreso. Muy por el contrario, durante el año pasado, el 59.3 por ciento de la población cotizante reportó salarios menores a los 400 balboas por mes. Más preocupante es la situación cuando observamos que el 16.1 por ciento de estos cotizantes reportó salarios menores o iguales a los 200 balboas mensuales.
Reconociendo que el costo de la canastas básica familiar se estima alrededor de los 450 balboas mensuales, esta cifra se utiliza de forma técnica como un aproximado de la línea de la pobreza. Si las familias de los cotizantes dependen únicamente del salario sobre el cual se cotiza lo cual es muy común en la actualidad del país, queda claro que más de la mitad de los cotizantes activos son personas que forman parte de hogares que viven por debajo de la línea de la pobreza. Aún más dramática es la situación de los pensionados y jubilados, los cuales reciben prestaciones económicas, consideradas por algunos como excesivamente bondadosas, de las cuales el 68 por ciento son menores a los 400 balboas, mientras que el 42 por ciento recibe pensiones por debajo de los 200 balboas.
Si bien es cierto que la Caja de Seguro Social alcanzó cubrir el 68 por ciento de la población bajo el Programa de Enfermedad y Maternidad, al 69 por ciento de la población económicamente activa y más de 122 mil adultos mayores en el Programa de Invalidez, Vejez y Muerte, estas personas están muy lejos de ser un grupo que goce de privilegios. Por el contrario, representan una parte importante de la sociedad panameña que vive afectada por el alto costo de la vida y acosada por el fenómeno de la pobreza.
Esto demuestra que la Caja de Seguro Social, a diferencia de los que puedan expresar los promotores de los organismos financieros internacionales, es un contrato social que expresa fundamentalmente la solidaridad entre personas de bajos ingresos. Es precisamente por estas razones que requiere el apoyo decidido del Estado para fortalecerla y permitirle seguir ampliando la protección a las personas pobres, de bajos ingresos y vulnerables a los riesgos de la sociedad actual. Para ello debemos perfeccionarla, consolidando su carácter público y solidario.
¹Anita Schwarz. Envejecimiento Sin Crisis: la Seguridad Social del Siglo XXI. Banco Mundial, página 85.

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