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La pobreza


Desde una perspectiva socioeconómica y proyectando un “nuevo raciocinio político”, la pobreza o indigencia es carencia de bienes materiales, que origina toda una gama de marginaciones, frustraciones, enfermedades, desgracias, vicios y deformidades. Esta miserable condición puede ser erradicada por la ideología del futuro: La Democracia Suprema. Esta democratización plena requiere primordialmente de una eficaz economía mixta, más los valores individuales de excelencia, en una productividad multidimensional.
En los países subdesarrollados o dependientes, incluyendo al nuestro, las posibles raíces de la pobreza podrían ser: El predominio de la política económica de un neoliberalismo que patrocina un capitalismo monopolista y globalizante que, a corta, mediana o larga temporalidad, trae como secuela a la miseria, ubicando al rico más rico y al pobre más pobre; la explotación económica de un grupo por otro; las reformas financieras y de leyes impuestas que van a dar como génesis el alza de los artículos de primer orden; los ingresos per cápita van a verse agobiados para suplir normalmente las necesidades fundamentales, como son: la alimentación, la salud, la vivienda, el vestido y la educación.
Hay que entronizar el veraz “Hombre-Sujeto”, en contraposición al “Homocus” (hombre-objeto de las circunstancias espaciales y temporales); la presencia de toda una serie de desventajas físicas o psicológicas; aquí se incluyen los trastornos de la personalidad, como también los impedidos físicos y mentales, que lastimosamente se dan en una gran mayoría de niños, mujeres y ancianos; la ignorancia de no poseer conocimientos de unas positivas relaciones intrapersonales e interpersonales, así como desconocer oportunidades, opciones, derechos y fuentes de ayuda.
En nuestra sociedad, las masas oprimidas viven en un mundo consumista, absorbidas por la publicidad y el sensacionalismo, impuestos por los diversos medios de comunicación.
Este hombre del siglo XXI, vive inmerso en un status socioeconómico, tanto fantasioso como turbulento, donde la bombardean los anuncios mercantiles y la publicidad; de esta manera se crean necesidades artificiales o secundarias y se le asignan medios costosos de satisfacerlas. Una sociedad de masas debe compeler a los gobiernos y empresas privadas, para que con el surgimiento de una “genuina ingeniería social”, podamos exclamar internacionalmente: “no todos iguales, sino todos mejor”.

101 años de Panamá América

 
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