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La polarización en las elecciones


Los avezados en el arte de la política que pronosticaban pocos meses atrás una polarización entre los candidatos a presidente y representantes de las dos mayores fuerzas políticas de la nación, el Partido Revolucionario Democrático (PRD) y el Panameñismo, se han encontrado con la nueva realidad de un partido relativamente nuevo, sin experiencia, ni historia, sin organización comprobada, liderando hasta ahora todas las encuestas. A tan solo cinco meses de las elecciones, su dirigente, Ricardo Martinelli, como candidato a la Presidencia de la República, con tenacidad, perseverancia y estrategia que ha sorprendido a adversarios y simpatizantes, llega a la viable posibilidad de convertirse en el próximo mandatario de la nación.

Partiendo de 1990, año que representa el retorno de la democracia, con la participación de la tercera fuerza representada en 1994 por Rubén Blades, en 1999 por Alberto Vallarino y en 2004 por Guillermo Endara, se establecen los antecedentes en los que la nueva alternativa se enfrenta a las fuerzas tradicionales políticas del país. No obstante estos intentos fracasaron, la tercera fuerza ha incrementado su captación de votos poco a poco. Guillermo Endara estuvo cerca de terminar con el bipartidismo hegemónico en 2004, logrando un respetable segundo lugar, lo que posiblemente nos lleve en mayo de 2009 a un resultado distinto a favor de la tercera fuerza.

El partido oficialista, el PRD, con una organización reconocida por sus oponentes, con el respaldo de un gobierno que no duda en apoyar sin vacilaciones de ninguna naturaleza a su candidata Balbina Herrera, cuya candidatura se ha fortalecido con su candidato a vicepresidente, Juan Carlos Navarro, no ha podido impedir que se haya originado en su organización una preocupación profunda ante una posible derrota electoral.

El Partido Panameñista, la segunda fuerza electoral, ha fallado en sus objetivos, cometiendo errores que sus propios miembros han sabido detectar pero no solucionar, a pesar de contar con el candidato que mejor se expresa.

Por su parte, el candidato de Cambio Democrático (CD), sin ser un orador fogoso, es espontáneo y expone sus planteamientos a rajatabla, a su manera, manifestando lo que el pueblo quiere oír, reflejando la decepción y sufrimiento de la población ante un gobierno considerado por algunos como el peor que hemos tenido a partir de 1990. Martinelli ha capitalizado el descontento en el país y, a pesar de haber ocupado puestos en gobiernos anteriores, ha sabido venderse como algo distinto de lo anterior, y por eso y otras razones su candidatura ha originado una ola de nuevos adeptos.

Objetivamente, la gran mayoría de la población rechaza la posibilidad de un triunfo del PRD. Los panameños reclamamos un presidente decidido y que tenga sensibilidad social. Sin duda, en estas elecciones, como en otras en el pasado, los electores votarán por el candidato y no mayoritariamente por el partido, pensando quizás que el candidato Martinelli le da esperanza, ante tanta desilusión, disgusto y frustración.

101 años de Panamá América

 
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