La Policía Nacional inicia su nueva etapa
Han transcurrido 18 años desde la invasión norteamericana, que permitió que el nuevo régimen democrático electoral partidista instalara un nuevo modelo de seguridad con las capacidades mínimas de respuesta a la nueva oleada de violencia que sacudiría al país, producto del profundo desequilibrio social que se estaba iniciando dentro y fuera de nuestras fronteras con las profundizaciones del nuevo modelo económico en toda la región, el fin de los conflictos armados y la corrupción política desenfrenada.
Junto a las nuevas imposiciones económicas que rápidamente se instalaron en los nuevos gobiernos post invasión en nuestro país, y las divisiones organizas, estructurales y de mando y control y su debilitamiento total de la capacidades de respuesta preventiva en materia de seguridad, el crimen organizado y desorganizado rápidamente se apoderaron de nuestras ciudades a lo largo y ancho del país.
Hasta la fecha, luego de transcurrido 18 años, todavía estamos dominados por la delincuencia y el peligro de actos de terrorismos en cualquier momento sobre nuestro canal y cualquier otro interés vital nacional.
Los viejos políticos del patio han mantenido su actitud de responsabilizar a los militares como gestores exclusivos de los golpes de Estado en Panamá; sin embargo nuestra historia patria, escrita por ellos mismos, nos cuenta que esos golpes registrados fueron dados por los políticos tradicionales como respuesta a la lucha por el poder económico, desde el control político del Gobierno Nacional.
La Fuerza Pública, responsable de garantizar la seguridad en todo el territorio panameño, y la convivencia segura de todos sus ciudadanos, tiene una nueva etapa en su administración, y funcionamiento, luego del fracaso administrativo y operacional del nuevo modelo democrático que consistía en nombrar "amigos" de confianza en la dirección general de la Policía Nacional, supuestamente para evitar los golpes de estado a la nueva democracia partidista y mantener el respeto a la autoridad civil.
Hay que reconocer el coraje y valentía del presidente de la República, Martín Torrijos E., al atreverse, pese a todos los cuestionamiento, los cuales ya iniciaron a la supuesta militarización del país, de aquellas personas con sus intereses de siempre: mantener al país bajo la tutela de las organizaciones militares extrajeras y del país del norte, Estados Unidos, como su protector de seguridad, al nombrar a un policía, no amigo personal, como Jefe su institución para que la dirija y conduzca hacia la seguridad que todos buscamos desde hace 18 años.
Los ciudadano comunes y corrientes sienten una esperanza de mejores tiempos en su convivencia diaria, lejos de la zozobra que hoy vivimos en cualquier lugar del país, ante la inseguridad que tenemos.
Invitamos a los policías a que demuestren su voluntad democrática, respeto ciudadano, integración y obediencia a la autoridad civil, con su trabajo honrado, respetuoso y profesional para el bienestar de la nación que tanto queremos.