La Política de Privatización
Ya sea a favor o en contra, sin duda alguna el tema de las privatizaciones será considerado entre las propuestas económicas que los diferentes candidatos presidenciales deberán incluir en su plataforma de gobierno. Por lo pronto, dos de ellos han manifestado reservas respecto al caso concreto de la privatización del IDAAN por considerar que el acceso al agua potable constituye un elemento muy necesario para toda la población, que no debe ser sometido a la ley de la oferta y la demanda.
Este debate que se abre sobre un aspecto central de la política económica
de nuestro tiempo, obligará a precisar conceptos que no han sido aclarados
convenientemente y que, por ello, ha generado dudas entre un amplio sector de la población sobre la conveniencia de su implementación.
A pesar de que los gobernantes de este periodo y del anterior han procedido a privatizar un puñado de instituciones manejadas por el sector público, todavía quedan en la agenda una lista de casos pendientes que aún no han sido resueltos.
La gran mayoría de los panameños entiende que el Estado no saca ningún
beneficio de intervenir en las actividades productivas típicas del sector
privado como los ingenios, así como en otras que requieren de fuertes inversiones en nueva tecnología para mantenerse brindando un servicio eficiente. Sin embargo, resulta indispensable establecer un límite claro en este proceso privatizador, evitando fanáticos excesos en uno y otro sentido, procurando encontrar un consenso nacional de apoyo durante su implementación.
Ojalá el debate ocasionado por la contienda electoral nos permita conocer las razones que respaldan las diferentes posiciones para que la población esté mejor informada sobre las alternativas que nos pueden conducir al desarrollo según el punto de vista de los distintos aspirantes. Ese es el tipo de interacción de ideas que enriquece y madura a la población, y no la baja diatriba, tan teatral como estéril, que satura hasta el cansancio a los medios de comunicación.
Es posible que detrás de la oposición a la privatización se esconda una incapacidad para comprender los graves problemas sociales de nuestro tiempo, cuya solución requiere de nuevas fórmulas y mucho valor para implementarlas. Ojalá el votante panameño sepa distinguir entre el candidato electorero y aquel que mantiene un discurso de propuestas que nos ayuden a resolver nuestros reales problemas.
Este debate que se abre sobre un aspecto central de la política económica
de nuestro tiempo, obligará a precisar conceptos que no han sido aclarados
convenientemente y que, por ello, ha generado dudas entre un amplio sector de la población sobre la conveniencia de su implementación.
A pesar de que los gobernantes de este periodo y del anterior han procedido a privatizar un puñado de instituciones manejadas por el sector público, todavía quedan en la agenda una lista de casos pendientes que aún no han sido resueltos.
La gran mayoría de los panameños entiende que el Estado no saca ningún
beneficio de intervenir en las actividades productivas típicas del sector
privado como los ingenios, así como en otras que requieren de fuertes inversiones en nueva tecnología para mantenerse brindando un servicio eficiente. Sin embargo, resulta indispensable establecer un límite claro en este proceso privatizador, evitando fanáticos excesos en uno y otro sentido, procurando encontrar un consenso nacional de apoyo durante su implementación.
Ojalá el debate ocasionado por la contienda electoral nos permita conocer las razones que respaldan las diferentes posiciones para que la población esté mejor informada sobre las alternativas que nos pueden conducir al desarrollo según el punto de vista de los distintos aspirantes. Ese es el tipo de interacción de ideas que enriquece y madura a la población, y no la baja diatriba, tan teatral como estéril, que satura hasta el cansancio a los medios de comunicación.
Es posible que detrás de la oposición a la privatización se esconda una incapacidad para comprender los graves problemas sociales de nuestro tiempo, cuya solución requiere de nuevas fórmulas y mucho valor para implementarlas. Ojalá el votante panameño sepa distinguir entre el candidato electorero y aquel que mantiene un discurso de propuestas que nos ayuden a resolver nuestros reales problemas.