La política es así
Santiago de Chile (AIPE)- Las señales del futuro gobierno chileno, vistos sus nombramientos, son de moderación. Pero la primera medida, la reforma laboral, consistirá en los mismos errores anunciados, si bien visiblemente se busca moderarlos. De todos modos, se endurecerá la huelga y se encarecerá la mano de obra. Es decir, habrá menos creación de empleos.
Lo notable es que, al parecer, el nuevo gobierno lo sabe y por eso procura consensos. La que no lo sabe es la mayoría. Esta cree que las reformas favorecen a los trabajadores. José Miguel Insulza declaró que en septiembre Lagos estaba cuatro o cinco puntos abajo. Eso explica la estrategia posterior, de impulsar proyectos negativos, pero que daban votos. El primero, la reforma laboral. Y Lagos se recuperó y ganó.
Pero él mismo ha señalado como gobernantes afines a De la Rúa, de Argentina, y Schroeder, de Alemania, que están empeñados en reformas laborales al revés de la de acá: para liberalizar el mercado del trabajo y abaratar la mano de obra. De la Rúa propone extender los períodos en que se puede tomar a un trabajador sin ningún contrato, es decir, de acuerdo al libre mercado total. Busca reducir así el desempleo.
Por supuesto, es difícil convencer a la gente de que la "protección" de la ley no conviene al trabajador. Los economistas de izquierda, generalmente alejados de la práctica empresarial, a veces tampoco se dan cuenta de eso. Pero los empresarios sí.
Déjenme contarles mi experiencia de socio de una pequeña imprenta. Hace unos años debimos decidir entre comprar una encuadernadora belga marca Bourg, de veinte millones de pesos, que funcionaba con un operario, o contratar a dos operarios. La encuadernadora hacía en media jornada lo que los operarios en una, pero su costo por hora era el doble. Luego, estaban empatados. Compramos la encuadernadora. ¿Por qué? Por las leyes laborales: si disminuía el trabajo -como, de hecho, sucedió después-, no había problema de despido e indemnización, ni riesgo de que al aumentar personal hubiera sindicato, ni negociación colectiva, ni huelga. Con un mercado del trabajo más libre no habríamos dudado: habríamos contratado más operarios y no comprado la máquina.
Hace meses un agricultor remolachero de Angol me refirió que, tras el último reajuste del salario mínimo, ya se había llegado al punto en que valía la pena mecanizar la cosecha, muy intensiva en mano de obra.
Se ganan votos prometiendo "leyes más favorables para el trabajador", mientras se lanza al desempleo a miles de jóvenes pobres que, de haber más libertad, estarían trabajando. Los prefieren ociosos en las esquinas, expuestos a la delincuencia y la droga, a hacerlos productivos, empezando con una remuneración modesta, pero honrada, y creando riqueza, en lugar de destruirla... y destruirse. Pero las elecciones se ganan con la receta contraria. Ahora se trata de ayudar a Lagos a cumplir su promesa de la manera menos dañina posible. Y procurando que la gente, que no entiende el problema -por eso Lagos ganó-, no se dé cuenta de nada. (c)
Analista político chileno.
Lo notable es que, al parecer, el nuevo gobierno lo sabe y por eso procura consensos. La que no lo sabe es la mayoría. Esta cree que las reformas favorecen a los trabajadores. José Miguel Insulza declaró que en septiembre Lagos estaba cuatro o cinco puntos abajo. Eso explica la estrategia posterior, de impulsar proyectos negativos, pero que daban votos. El primero, la reforma laboral. Y Lagos se recuperó y ganó.
Pero él mismo ha señalado como gobernantes afines a De la Rúa, de Argentina, y Schroeder, de Alemania, que están empeñados en reformas laborales al revés de la de acá: para liberalizar el mercado del trabajo y abaratar la mano de obra. De la Rúa propone extender los períodos en que se puede tomar a un trabajador sin ningún contrato, es decir, de acuerdo al libre mercado total. Busca reducir así el desempleo.
Por supuesto, es difícil convencer a la gente de que la "protección" de la ley no conviene al trabajador. Los economistas de izquierda, generalmente alejados de la práctica empresarial, a veces tampoco se dan cuenta de eso. Pero los empresarios sí.
Déjenme contarles mi experiencia de socio de una pequeña imprenta. Hace unos años debimos decidir entre comprar una encuadernadora belga marca Bourg, de veinte millones de pesos, que funcionaba con un operario, o contratar a dos operarios. La encuadernadora hacía en media jornada lo que los operarios en una, pero su costo por hora era el doble. Luego, estaban empatados. Compramos la encuadernadora. ¿Por qué? Por las leyes laborales: si disminuía el trabajo -como, de hecho, sucedió después-, no había problema de despido e indemnización, ni riesgo de que al aumentar personal hubiera sindicato, ni negociación colectiva, ni huelga. Con un mercado del trabajo más libre no habríamos dudado: habríamos contratado más operarios y no comprado la máquina.
Hace meses un agricultor remolachero de Angol me refirió que, tras el último reajuste del salario mínimo, ya se había llegado al punto en que valía la pena mecanizar la cosecha, muy intensiva en mano de obra.
Se ganan votos prometiendo "leyes más favorables para el trabajador", mientras se lanza al desempleo a miles de jóvenes pobres que, de haber más libertad, estarían trabajando. Los prefieren ociosos en las esquinas, expuestos a la delincuencia y la droga, a hacerlos productivos, empezando con una remuneración modesta, pero honrada, y creando riqueza, en lugar de destruirla... y destruirse. Pero las elecciones se ganan con la receta contraria. Ahora se trata de ayudar a Lagos a cumplir su promesa de la manera menos dañina posible. Y procurando que la gente, que no entiende el problema -por eso Lagos ganó-, no se dé cuenta de nada. (c)
Analista político chileno.