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La popularidad de Martinelli


Uno de los grandes desafíos de cualquier nuevo mandatario es delinear con claridad una línea de gobierno para que los ciudadanos puedan tener cierta claridad de hacia donde quiere conducirlo con su liderazgo. El 86% de aprobación que marca el presidente Martinelli es indicio contundente de que la línea de trabajo del nuevo Gobierno es comprendida y aceptada por la gran mayoría de los panameños.

Recuerdo que al preguntarle en la Feria de Azuero –mediados de abril 2009- que era lo último que le indicaban sus encuestas, el entonces candidato me dijo que ganaría por arriba del 20%. Confieso que, si bien no tenía duda del triunfo, pensé, al igual que otros, que era exagerado hablar de semejantes márgenes. Al final la diferencia superó el 22%.

Hoy, las noticias revelan que a 100 días de su gestión Martinelli es evaluado como una excelente o buena gestión por más del 86% de la población, algo que también, de pronosticarlo alguien me hubiera parecido abultado.

A varias razones atribuyo este margen de aprobación. Primero hay un claro cambio en el estilo de gobernar: abierto cuando otros se cerraban; directo y al grano, cuando otros daban vuelta para no decir nada. Decidido cuando la indecisión era la principal característica antes. Ese cambio no se limita a un estilo, que en definitiva refleja un 180% en términos de lo que se veía antes, sino que proyecta el cambio hacia la acción, cuando meses antes el pasotismo era la marca de fábrica de las acciones gubernamentales.

Aunque se equivoque, el Presidente actúa, lo cual coloca al gobierno en la ofensiva no a la defensiva como históricamente ha sido; sobretodo cuando en la acción a tomar estaba metido algunos de los grandes intocables del patio. Ese estilo le ha producido réditos al Presidente porque obliga a la contraparte, acostumbrada a hacer lo que le daba la gana, a sentarse a negociar con la cabeza abajo. Proyecta, a su vez, a un Presidente que actúa y que aplica la misma vara para todos, comenzando con aquellos que durante tanto tiempo se creyeron por encima de la ley.

El estilo de Martinelli no es del gusto de todos, sobre todo cuando su mano te la pone encima de lo que haces. No se puede gobernar para quedar bien con todo el mundo; sería el equivalente a que cada miembro de su gobierno le dijera: estos son mis amigotes que no quisieras que toques. Al Presidente se le percibe como alguien decidido a poner orden en el desorden que había antes en términos de prerrogativas, concesiones, favoritismos.

Ricardo Martinelli ha logrado arrancar con el pie derecho: marcando su línea y estilo de Gobierno. Todo un hito si recordamos los cinco años de dudas que acabamos de vivir desde Palacio.

101 años de Panamá América

 
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