La pregunta
Según el informe de la ACP, 4.5 barcos que transiten el Canal, consumen igual cantidad de agua que las ciudades de Panamá y Colón en un día (250 millones de galones).
LA AMBICIOSA propuesta de la ACP se parece más a la construcción de un Canal paralelo que a una ampliación. Eufemismos a un lado, si el proyecto se lleva a cabo, tendremos dos canales funcionando al mismo tiempo utilizando su principal fuente de energía, el agua, casi al doble del consumo del sistema actual (106 millones de galones por esclusaje doble). El hecho que se ahorre un 7% es un beneficio relativo, pues compara los 55 millones del Canal viejo con los 51 del nuevo. En términos absolutos los 106 millones por esclusaje paralelo es una cantidad considerable para un ecosistema hidrológico vulnerable, no solo a los caprichos de la corriente de El Niño o de La Niña, al recalentamiento global y a la deforestación de la cuenca, sino a la tala salvaje e indiscriminada de todo el país. Según el informe de la ACP, 4.5 barcos que transiten el Canal, consumen igual cantidad de agua que las ciudades de Panamá y Colón en un día (250 millones de galones).
Recordemos la importancia del agua dulce. En el mundo había, en 1978, 1.386 millones de Km3 de agua total. El 2.53% corresponde a agua dulce (UNESCO), de ese pequeño porcentaje el 1.76% no es utilizable (nieve, témpanos y glaciares), el 0.762 % es agua subterránea y sólo el 0.008 % es agua de superficie (ríos y lagos). No hay información detallada de la cuenca hidrográfica del Canal en la documentación publicada por la ACP, allí sólo se menciona un futuro informe sobre impacto ambiental. Sugiero a la ACP publique por la misma vía y en detalle los efectos beneficiosos o perjudiciales al ecosistema y con cifras exactas, los cambios cuantitativos que le ocurran a la ecuación de Equilibrio Hidrográfico de la cuenca antes y después del proyecto funcionando a plena capacidad.
Según el informe del Gabinete Social y de la UNESCO de 2003, titulado Objetivos de Desarrollo del Milenio, la proporción de territorios boscosos del país ha disminuido desde 1992 hasta 1998 en un 4.1%, casi un 1 % por año, si esa reducción se ha mantenido en la misma proporción, actualmente tendríamos alrededor de 34.5 % de bosque. En el 2015, cuando se inaugure el canal paralelo, el área boscosa será menor al ¡28.2%! del territorio nacional. Para tener noción de la magnitud del problema, en 1947 casi el 70% del país era bosque. Según Panamá en Cifras, el promedio de precipitación pluvial de la estación meteorológica de Tocumen durante el período 2000 a 2004 apenas llegó a 150 mm.
Por disposición prevista en la Constitución Nacional, la propuesta de la ACP debe ir a referéndum. Dejando de lado la importante diferencia que existe entre referéndum (elegir entre dos o más propuestas) y plebiscito (someter a aprobación una sola propuesta) en el supuesto caso que una sola sea la sometida a consideración, cabe hacernos la siguiente pregunta sobre este histórico tema: La modificación del Canal de Panamá ¿será beneficiosa sólo para el Canal, para todo el país, para ambos o para ninguno?
Desde el punto de vista técnico, como obra de ingeniería, el mencionado proyecto mejoraría notablemente el servicio del Canal actual. Desde el punto de vista financiero, las dudas se acrecientan, porque en economía como en meteorología, una sequía puede borrar los sueños más deseados y la bancarrota de un gigante financiero puede hacer retroceder la historia hasta la depresión de 1930. Cargar el costo a las navieras solo será un traslado inflacionario al consumidor final. No nos llamemos a engaño quienes financiarán el megaproyecto somos nosotros. Pagaremos con precios de usura las mercancías de los contenedores que pasen por el Canal de la ACP.
Decimos que Panamá es más que un Canal. Nuestra historia centenaria lo prueba. Nuestra realidad cultural lo afirma. La realidad económica lo demuestra y desgraciadamente, la diferencia en los salarios que paga la ACP y el que recibe el resto del país -incluido el Presidente de la República- lo comprueba. Un insólito gold roll y silver roll autorizado por las leyes que sustentan este virreinato del Canal reflejo, tal vez, de una crónica dependencia psicológica heredada. En su última y fugaz visita, un descamisado presidente Bush cruzaba el canal por la vereda angosta de Miraflores. Por la noche, en su freudiano discurso aplaudido por la concurrencia oficiosa, dijo: "Es en interés de nuestra nación que este Canal se modernice" **. Señalo al lector desprevenido, que la nación a la que se refería, se llama Estados Unidos de América.
Queda a los estrategas políticos del patio armar este simple rompecabezas cuyas fichas encajan con notable precisión. Desde la Invasión a la fecha solo un viejo político, el Dr. Jorge Illueca, herido de mil batallas, alza su voz para señalar a los impetuosos noveles de nuestra política nacional e internacional, que no metan la pata en la misma zanja.
El gobierno tiene la obligación de presentar las propuestas y las distintas alternativas o modificaciones que se presenten a consideración de la ciudadanía. Los ciudadanos tienen la obligación absoluta de informarse a cabalidad y el derecho a tener pronta y verídica respuesta a sus preguntas. Esta es la elección más importante desde que los panameños decidimos hacer la República.
Si el proyecto escogido beneficia tanto al Canal como a la Nación panameña, adelante sin más dilación. Si el o los proyectos benefician sólo al canal o a las compañías o a países usufructuarios y comprometen la integridad territorial, la soberanía o el patrimonio de los panameños, entonces, sin duda alguna, tendremos años muy difíciles por delante.
Las modificaciones al actual Canal traerán aparejados algunos problemas relacionados con los tratados de neutralidad, así como los que otorgan privilegios a naciones vecinas. En un mundo cuyas fronteras políticas son cada día más difusas y los tratados regionales tienen, como las piezas de ajedrez, distinto valor y donde el temor a las armas nucleares es, al parecer, el único disuasivo para frenar las mentes febriles que manejan los hilos del poder mundial, esto plantea otro riesgo que debiera haber sido considerado tanto en el proyecto de la ACP como en los discursos de las autoridades empeñadas en hacer caminar el proyecto que nos llevará, por arte del birlibirloque, a compartir los riegos del primer mundo y cuyo costo estimado equivale a más de un tercio de nuestro PBI. Un riesgo que pocos países serios asumen con una deuda externa preexistente de más del 68% del PBI (S&P).
Hay hasta ahora una competencia comercial amigable pero feroz, entre Asia, Europa y los Estados Unidos. Cuando esta competencia deje de ser una preocupación financiera y se transforme en rivalidad política hegemónica y Mr. Rumsfeld decida que compromete los intereses de su país, es probable que el Canal ampliado se convierta en humo y nosotros, claro está, seamos entelequias transparentes ancladas en la bahía, en lenta espera del pasaje nocturno por las viejas esclusas de la laguna Estigia.
(* Biografía del Caribe, Germán Arciniegas.
** BBC, mundo.com, 8 de noviembre de 2005, drjcal@psi.net.pa )
LA AMBICIOSA propuesta de la ACP se parece más a la construcción de un Canal paralelo que a una ampliación. Eufemismos a un lado, si el proyecto se lleva a cabo, tendremos dos canales funcionando al mismo tiempo utilizando su principal fuente de energía, el agua, casi al doble del consumo del sistema actual (106 millones de galones por esclusaje doble). El hecho que se ahorre un 7% es un beneficio relativo, pues compara los 55 millones del Canal viejo con los 51 del nuevo. En términos absolutos los 106 millones por esclusaje paralelo es una cantidad considerable para un ecosistema hidrológico vulnerable, no solo a los caprichos de la corriente de El Niño o de La Niña, al recalentamiento global y a la deforestación de la cuenca, sino a la tala salvaje e indiscriminada de todo el país. Según el informe de la ACP, 4.5 barcos que transiten el Canal, consumen igual cantidad de agua que las ciudades de Panamá y Colón en un día (250 millones de galones).
Recordemos la importancia del agua dulce. En el mundo había, en 1978, 1.386 millones de Km3 de agua total. El 2.53% corresponde a agua dulce (UNESCO), de ese pequeño porcentaje el 1.76% no es utilizable (nieve, témpanos y glaciares), el 0.762 % es agua subterránea y sólo el 0.008 % es agua de superficie (ríos y lagos). No hay información detallada de la cuenca hidrográfica del Canal en la documentación publicada por la ACP, allí sólo se menciona un futuro informe sobre impacto ambiental. Sugiero a la ACP publique por la misma vía y en detalle los efectos beneficiosos o perjudiciales al ecosistema y con cifras exactas, los cambios cuantitativos que le ocurran a la ecuación de Equilibrio Hidrográfico de la cuenca antes y después del proyecto funcionando a plena capacidad.
Según el informe del Gabinete Social y de la UNESCO de 2003, titulado Objetivos de Desarrollo del Milenio, la proporción de territorios boscosos del país ha disminuido desde 1992 hasta 1998 en un 4.1%, casi un 1 % por año, si esa reducción se ha mantenido en la misma proporción, actualmente tendríamos alrededor de 34.5 % de bosque. En el 2015, cuando se inaugure el canal paralelo, el área boscosa será menor al ¡28.2%! del territorio nacional. Para tener noción de la magnitud del problema, en 1947 casi el 70% del país era bosque. Según Panamá en Cifras, el promedio de precipitación pluvial de la estación meteorológica de Tocumen durante el período 2000 a 2004 apenas llegó a 150 mm.
Por disposición prevista en la Constitución Nacional, la propuesta de la ACP debe ir a referéndum. Dejando de lado la importante diferencia que existe entre referéndum (elegir entre dos o más propuestas) y plebiscito (someter a aprobación una sola propuesta) en el supuesto caso que una sola sea la sometida a consideración, cabe hacernos la siguiente pregunta sobre este histórico tema: La modificación del Canal de Panamá ¿será beneficiosa sólo para el Canal, para todo el país, para ambos o para ninguno?
Desde el punto de vista técnico, como obra de ingeniería, el mencionado proyecto mejoraría notablemente el servicio del Canal actual. Desde el punto de vista financiero, las dudas se acrecientan, porque en economía como en meteorología, una sequía puede borrar los sueños más deseados y la bancarrota de un gigante financiero puede hacer retroceder la historia hasta la depresión de 1930. Cargar el costo a las navieras solo será un traslado inflacionario al consumidor final. No nos llamemos a engaño quienes financiarán el megaproyecto somos nosotros. Pagaremos con precios de usura las mercancías de los contenedores que pasen por el Canal de la ACP.
Decimos que Panamá es más que un Canal. Nuestra historia centenaria lo prueba. Nuestra realidad cultural lo afirma. La realidad económica lo demuestra y desgraciadamente, la diferencia en los salarios que paga la ACP y el que recibe el resto del país -incluido el Presidente de la República- lo comprueba. Un insólito gold roll y silver roll autorizado por las leyes que sustentan este virreinato del Canal reflejo, tal vez, de una crónica dependencia psicológica heredada. En su última y fugaz visita, un descamisado presidente Bush cruzaba el canal por la vereda angosta de Miraflores. Por la noche, en su freudiano discurso aplaudido por la concurrencia oficiosa, dijo: "Es en interés de nuestra nación que este Canal se modernice" **. Señalo al lector desprevenido, que la nación a la que se refería, se llama Estados Unidos de América.
Queda a los estrategas políticos del patio armar este simple rompecabezas cuyas fichas encajan con notable precisión. Desde la Invasión a la fecha solo un viejo político, el Dr. Jorge Illueca, herido de mil batallas, alza su voz para señalar a los impetuosos noveles de nuestra política nacional e internacional, que no metan la pata en la misma zanja.
El gobierno tiene la obligación de presentar las propuestas y las distintas alternativas o modificaciones que se presenten a consideración de la ciudadanía. Los ciudadanos tienen la obligación absoluta de informarse a cabalidad y el derecho a tener pronta y verídica respuesta a sus preguntas. Esta es la elección más importante desde que los panameños decidimos hacer la República.
Si el proyecto escogido beneficia tanto al Canal como a la Nación panameña, adelante sin más dilación. Si el o los proyectos benefician sólo al canal o a las compañías o a países usufructuarios y comprometen la integridad territorial, la soberanía o el patrimonio de los panameños, entonces, sin duda alguna, tendremos años muy difíciles por delante.
Las modificaciones al actual Canal traerán aparejados algunos problemas relacionados con los tratados de neutralidad, así como los que otorgan privilegios a naciones vecinas. En un mundo cuyas fronteras políticas son cada día más difusas y los tratados regionales tienen, como las piezas de ajedrez, distinto valor y donde el temor a las armas nucleares es, al parecer, el único disuasivo para frenar las mentes febriles que manejan los hilos del poder mundial, esto plantea otro riesgo que debiera haber sido considerado tanto en el proyecto de la ACP como en los discursos de las autoridades empeñadas en hacer caminar el proyecto que nos llevará, por arte del birlibirloque, a compartir los riegos del primer mundo y cuyo costo estimado equivale a más de un tercio de nuestro PBI. Un riesgo que pocos países serios asumen con una deuda externa preexistente de más del 68% del PBI (S&P).
Hay hasta ahora una competencia comercial amigable pero feroz, entre Asia, Europa y los Estados Unidos. Cuando esta competencia deje de ser una preocupación financiera y se transforme en rivalidad política hegemónica y Mr. Rumsfeld decida que compromete los intereses de su país, es probable que el Canal ampliado se convierta en humo y nosotros, claro está, seamos entelequias transparentes ancladas en la bahía, en lenta espera del pasaje nocturno por las viejas esclusas de la laguna Estigia.
(* Biografía del Caribe, Germán Arciniegas.
** BBC, mundo.com, 8 de noviembre de 2005, drjcal@psi.net.pa )