La pregunta del 2009
La década pasada, las democracias latinoamericanas pasaron por un período involutivo, en el que se pretendían sustituir las dictaduras militares por gobiernos autocráticos hechos a la medida de presidentes civiles. Para ello se recurrió a la herramienta de la reelección inmediata. Por ese proceso desastroso para sus países, pasaron Argentina y Perú. Venezuela tampoco escapa hoy a dicha influencia y otros países, como República Dominicana y Panamá, resistieron tentaciones reeleccionistas en su momento, aunque el prestigio del presidente Leonel Fernández se enfrente nuevamente a dicha pregunta, frente a la enorme popularidad del presidente dominicano.
Caso diferente fue y es la pretensión del presidente colombiano de mantenerse en el poder por un período adicional. Se vive en el país vecino una sensación de que se está haciendo historia y que la continuidad de la presencia del presidente Uribe en Colombia es exigida por la especial crisis que azota a los colombianos y la sensación generalizada en el país hermano es la de por fin haber encontrado un presidente que le sabe medir el pulso a la situación de su país.
El caso brasileño del expresidente Fernando Cardoso, tal vez sea el del proceso reeleccionista más exitoso de América Latina. Al dejar su segunda presidencia, Cardoso lo hizo con una notoria ausencia de escándalos de corrupción y sin pretensiones de haber dejado un país hecho a su medida. Cardoso es, además, uno de los expresidentes latinoamericanos más prestigiosos de los tiempos actuales. Y, probablemente, su reelección exitosa también se deba a un fenómeno excepcional. Brasil no parecía preparada para ser gobernada por el Partido de los Trabajadores, o para ser más exactos, en aquél momento ese colectivo político no parecía haber alcanzado la suficiente madurez para gobernar Brasil. Nada comparado con el contundente éxito de la actual gestión de Luis Ignacio da Silva y del fenómeno de su propia reelección.
La respuesta que la radiografía que hacemos de América Latina nos va dando en relación con la reelección inmediata es una tendencia a rechazarla, y en casos en que se ha puesto en práctica, ha resultado ser un rotundo fracaso, salvo las excepciones mencionadas que destacan, precisamente por ser excepciones y no la regla (los casos de Colombia y Brasil).
No obstante, no encuentro en la radiografía latinoamericana una respuesta a la siguiente pregunta, hecha en sentido positivo que pareciera que es la que tendremos que enfrentar los panameños en el 2009: ¿debiera tener derecho el gobierno que hace buena gestión, de gobernar por un período adicional, aunque con una renovada representación política? Si los argentinos y los mexicanos han respondido a esa pregunta de forma positiva, recientemente, ello, podría darnos una idea de pueblos agradecidos con buenos gobiernos que, en vez de sacar el voto de castigo, sacan el voto de la continuidad.