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La Presidenta y la libertad de prensa


Jamás en la historia de la República de Panamá se ha alcanzado el nivel de libertad de expresión que florece en Panamá, bajo el gobierno arnulfista de la presidenta Mireya Moscoso.
Por supuesto que exceptuando el exabrupto ocurrido por la delicada situación producida por el periodista Carlos Singares y el Procurador Sossa, que le costó la cárcel al periodista caso que tal vez indica que el panameño conoce sus derechos y que reta los vestigios de la corrupción de los funcionarios estatales que puedan aún existir permaneciendo amparados tras poderosos cargos públicos, mostrando con valentía los garantes del Cuarto Poder, que podemos llegar al pleno uso de la democracia, accediendo a los más altos niveles de libertad de expresión, lo que nos asemejan a las más amplias democracias en el mundo.
Ha sido sabio tal cual lo ha dispuesto la Presidenta Moscoso, el no aplicar restricciones a la prensa nacional, lo que le ha servido para observar con facilidad las distorsiones que surgen de actos inadecuados y ausencia de legislación como resultado de las denuncias y señalamientos públicos.
Por lo que pedimos a los jueces y fiscales que atienden los muchos casos pendientes en los juzgados contra periodistas, con el fin de que los mismos se ciñan a la práctica que resulta de las disposiciones en la avanzada jurisprudencia sobre los derechos humanos que emanan de los más representativos organismos internacionales y regionales y se acaben de enterrar los vestigios de la presencia de leyes recibidas de la dictadura, declinando sabiamente estos procesos en bien de la continuada y creciente democracia panameña en momentos en que cualquier inicio de persecución de los periodistas y las ideas renovadoras que sustentan esta creciente democracia pueda proyectarnos hacia el fuego destructor de la guerra que arde en nuestra frontera con Colombia, atizado por la intervención de la potencia, lo que ofrece condiciones para dar al traste con nuestros logros generacionales en cuanto a la soberanía de los panameños sobre nuestro territorio y el destino de paz que hemos escogido.
Imaginemos nuestra nación sin capacidad ni posibilidades de permitir al Ejecutivo orientarse de acuerdo al pulso diario del estado de cosas en Panamá, cual la minusvalidación de un sordo mudo, imaginemos si todavía se hubiese mantenido en silencio el affaire de los bonos fraudulentos, fraguado en conspiración por la comuna colonense, a qué nivel hubiese llegado el daño contra la Nación si El Panamá América no hubiese denunciado este truculento fraude, con la efectividad y rapidez que se hizo.
¿Y que del clamor internacional y nacional contra la permanencia del señor Montesinos y la denuncia de periodistas peruanos sobre el manejo de su presentación en la oficina del hermano del canciller, José Miguel Alemán Healy?
Asemejándose este último al elocuente cuadro de un Canciller novato sobre quien recae una responsabilidad extrema y que consiste en el legado de conquistas que tanta lucha, dolor y vidas de panameños se ofrecieron como holocausto para alcanzar lo que hoy peligra en manos de quienes presentan delicadas coincidencias y sospechosas actuaciones y que resultan de timoratos actores que aparecen en el escenario de la nacionalidad y a quienes cuestionamos en su formación por los primeros dudosos resultados de sus manejos al trascenderá la opinión pública internacional algunas informaciones desde USA, que indican la existencia de compromisos ya fraguados para las fuerzas visitantes en Panamá.
Y ¿qué del tardío conocimiento de nuestro Gobierno sobre la inclusión de Panamá en la lista negra, como lo denunció nuestro H.L. Jacobo Salas, imputando responsabilidades al embajador de Washington Billy Ford?
¿Cuál ha sido el resultado de la investigación sobre esa denuncia ante la faz del país proveniente de tan distinguido arnulfista, en contra de uno de los más controvertidos políticos que nos representa también en un delicado cargo en Washington y cuya predilección por los protagónicos "yankees" no deja de ocultarse?
Es verdad que la formación de opinión pública sirve a los estadistas para saber ¿cuándo algo no está bien y por ende examinar conductas y tomar decisiones sabias?
Sobre el anterior señalamiento opinamos; ¿será que algunas veces las personas se confunden cuando confraternizan demasiado bien con los funcionarios norteamericanos, pudiendo enfrentar conflicto de intereses personales. Debemos recordar que el brillo del Imperio puede afectar la visión de los interlocutores y marearlos. Creemos que no está muy lejana todavía la experiencia de Buneau Varilla.
Otro de los valiosos logros de esta política de plena libertad de prensa impuesta por la Presidenta Moscoso, es que permite observar a los ojos del pueblo, que el único partido que no teme ventilar diferencias frente a la nación, es el suyo; "El Partido Arnulfista", que se da el lujo de mantener una continua catarsis expiadora y que mediante este proceso de señalamientos abiertos a la opinión pública le permite ir curando las acciones y actitudes de algunos funcionarios cercanos a ella que por su cuota de poder, tal vez se olvidan que es la presidenta Mireya Moscoso la que impone las pautas sobre la política nacional como internacional en la República de Panamá y en la Dirección del Partido Arnulfista y sus relaciones con el conglomerado social y nadie más.
Somos convencidos de que mientras nuestro gobierno oriente sus acciones considerando el sentir de las mayorías, tal cual responde la presidenta Moscoso, tendremos gobierno Arnulfista pa" rato. Luchemos para que ella atenga acceso a los hechos tal cual se dan y se impida vedárselos por la manipulación de los cortesanos de Palacio.

101 años de Panamá América

 
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