La primera baja panameña
El turismo será indudablemente el primer caído panameño de la actual guerra que desarrollan Estados Unidos y sus aliados contra Irak. El ambiente bélico inhibe los viajes de recreo y más en un mundo donde las confrontaciones armadas se han globalizado, haciendo de cada país, incluso de los no intervinientes, un potencial escenario de batalla y, de gente inocente, sus víctimas predilectas. La bomba que hace pocos meses barrió a una veintena de desprevenidos asistentes a una discoteca en la lejana Filipinas - que nada tiene que ver con el actual conflicto - es una prueba de este aserto.
Para el año en curso, las autoridades del ramo tenían previsto que Panamá recibiera 900 mil turistas, habiendo recibido el año pasado cerca de 700 mil visitantes. ¿Qué impacto económico tiene ese flujo sobre la economía nacional? La respuesta no está disponible, en cifras oficiales. Sabemos sin embargo que en el 2001, cuando manejamos un flujo de unos 500 mil visitantes, se estimó en B/.628 millones la entrada de divisas frescas, cifra muy semejante a la que aporta el Canal.
¿Podemos hacer algo para mejorar la tendencia negativa? La respuesta es no y sí. No, porque la baja obedece a factores externos, fuera de nuestro control. Sí, porque si nos esforzamos en seguir proyectando una buena imagen al exterior, podemos retomar el paso una vez concluya el conflicto bélico.
En el último terreno, el de la proyección de Panamá como destino turístico, nuestro gobierno no ha ayudado con la posición oficial adoptada frente al conflicto. Ha dado la idea de que nuestro país hace causa común contra Irak. Puede que esa sea una postura válida, pero al margen de eso, es inconveniente, porque al tomar partido por una de las partes, nos expone innecesariamente a ser puestos en la lista de enemigo gratuito del bando iraquí, con la heterogeneidad que ello implica.
¿Quién es el bando iraquí? ¡Cualquiera! Incluso uno de los nuestros, residentes aquí. ¿Por qué Suiza se salvó de ser objeto u escenario bélico durante las dos grandes guerras? ¿Por qué Suiza no pertenece a la OTAN ni a ninguna otra alianza? Obviamente para preservar la neutralidad absoluta que le ha sido proverbial y que tanto beneficio le ha significado. Suiza es el banco y centro de servicio del mundo y sirve a todos los ciudadanos del planeta, sin distinción.
Suiza, incluso, ha ido más lejos. Ni siquiera forma parte de las Naciones Unidas. para no tener que opinar ni votar contra nadie, ni es parte de la Unión Europea. A lo más lejos que llega es a discutir un referéndum para usar el euro como moneda y punto.
Suiza, pues, no se alinea en estos conflictos con nadie. Y, como consecuencia, el último blanco de ataque que terrorista o loco alguno en el mundo pensaría es en ese país. He allí un modelo a considerar. Suiza y Panamá comparten además un curioso paralelismo: ambos dependen de una economía de servicios y de su centro bancario. ¿Y entonces?
Para el año en curso, las autoridades del ramo tenían previsto que Panamá recibiera 900 mil turistas, habiendo recibido el año pasado cerca de 700 mil visitantes. ¿Qué impacto económico tiene ese flujo sobre la economía nacional? La respuesta no está disponible, en cifras oficiales. Sabemos sin embargo que en el 2001, cuando manejamos un flujo de unos 500 mil visitantes, se estimó en B/.628 millones la entrada de divisas frescas, cifra muy semejante a la que aporta el Canal.
¿Podemos hacer algo para mejorar la tendencia negativa? La respuesta es no y sí. No, porque la baja obedece a factores externos, fuera de nuestro control. Sí, porque si nos esforzamos en seguir proyectando una buena imagen al exterior, podemos retomar el paso una vez concluya el conflicto bélico.
En el último terreno, el de la proyección de Panamá como destino turístico, nuestro gobierno no ha ayudado con la posición oficial adoptada frente al conflicto. Ha dado la idea de que nuestro país hace causa común contra Irak. Puede que esa sea una postura válida, pero al margen de eso, es inconveniente, porque al tomar partido por una de las partes, nos expone innecesariamente a ser puestos en la lista de enemigo gratuito del bando iraquí, con la heterogeneidad que ello implica.
¿Quién es el bando iraquí? ¡Cualquiera! Incluso uno de los nuestros, residentes aquí. ¿Por qué Suiza se salvó de ser objeto u escenario bélico durante las dos grandes guerras? ¿Por qué Suiza no pertenece a la OTAN ni a ninguna otra alianza? Obviamente para preservar la neutralidad absoluta que le ha sido proverbial y que tanto beneficio le ha significado. Suiza es el banco y centro de servicio del mundo y sirve a todos los ciudadanos del planeta, sin distinción.
Suiza, incluso, ha ido más lejos. Ni siquiera forma parte de las Naciones Unidas. para no tener que opinar ni votar contra nadie, ni es parte de la Unión Europea. A lo más lejos que llega es a discutir un referéndum para usar el euro como moneda y punto.
Suiza, pues, no se alinea en estos conflictos con nadie. Y, como consecuencia, el último blanco de ataque que terrorista o loco alguno en el mundo pensaría es en ese país. He allí un modelo a considerar. Suiza y Panamá comparten además un curioso paralelismo: ambos dependen de una economía de servicios y de su centro bancario. ¿Y entonces?