La privatización de la CSS
En varias ocasiones he reiterado que mucho de la discusión sobre este tema se enmarca en una demagogia bizantina que estanca cualquier solución. Los grupos populares identifican privatización con el sector privado, mientras que en sus agendas, público y estatal tienen un mismo significado. Una definición obvia, claro, pero con repercusiones.
La mayoría de los panameños visualiza que el incremento del Estado o de sus dependencias se traduce en una mayor racionalidad social, cosa que no es cierta. Esta concepción de Schiller de que "el Estado somos todos" no toma en cuenta que Estado y aparato gubernamental son cosas diferentes. La izquierda, para mí desilusión, aún tiende a identificar erróneamente a un Estado fuerte con un gobierno de masas.
Defender la Caja de Seguro Social (CSS) no debe entrañar una defensa implícita del sector público. Si bien es cierto que esta institución es autónoma (tal como consagra el primer artículo de su ley orgánica), lo cierto es que forma parte del aparato de derecho público y, por tanto, está sujeta al interminable conflicto de relaciones de poder político.
La burocracia dentro de la CSS se traduce en trámites demorados, elevados costos operativos y falta de transparencia en los procesos de compra. Aun cuando quieran imputarle esto y más al Prof.r Jované, lo cierto es que desde los años 90 ha sido patente un incremento sustancial en la cantidad de empleados en la institución. ¿Por qué? Esta lógica se desprende del marco de análisis de decisión pública:El crecimiento formal del Estado, contrario a la empresa privada, no se da en base al crecimiento material de sus actividades, sino a raíz de presiones políticas. Por eso, la planilla estatal siempre está en perpetuo crecimiento.
Me opongo a la privatización por razones que no implican defender al Estado; no creo que éste deba ser el último garante de la solidaridad de la institución. No comparto los lineamentos que buscan transformar la CSS en un sistema privado precisamente a raíz de la ineficiencia de la empresa privada.
La cultura empresarial panameña opera con la misma ineficiencia del sector público porque intercambian las mismas personalidades, los planes que buscan privatizar la CSS no buscan salvarla sino salvar a otros: La Caja es un importante depósito de capital que permitiría a los fondos de pensiones locales (vinculados íntimamente con la banca más grande de Panamá) respaldar sus inversiones. La reticencia del sector financiero panameño en poner en práctica el Convenio de Basilea II, ya que exige una mayor reserva de capital para el respaldo de las transacciones, evidencia nuestra precaria posición en el mercado internacional de capitales.
Y las gráficas son ilustrativas. Mientras que en otros países, como Chile, por ejemplo, los fondos de pensiones invierten directamente en instrumentos de renta fija (como bonos), en Panamá las administradoras de pensiones han utilizado a los bancos como administradores intermediarios al depositar la mayoría de sus capitales en cuentas de plazo fijo. En definitiva, los fondos de pensión son colchones de dinero para nuestros bancos locales.
Existe una deficiencia estructural en la mayoría de nuestro empresariado en buscar la salida rápida sin ponderar daños a terceros; es patente la preferencia histórica de nuestras clases dominantes en inversiones de baja rentabilidad (como bienes raíces, etc.) dejando a los inversores extranjeros los espacios necesarios para que ellos puedan capitalizar los sectores más dinámicos de la economía, sectores que a larga se convierten en enclaves y no distribuyen la riqueza nacionalmente sino que la concentran y la exportan.
A la primera señal de problemas, nuestros capitales se fugarían, pues estarían invertidos en capital especulativo (valores, bonos, etc.) y con la crisis sistémica a nivel mundial, cualquier día puede traer consigo un efecto "tequila" o un "corralito" al son del tango. Nadie se va a poner a pensar en los pensionados...
La CSS va a pasar a manos privadas. Mas, ¿qué hacer? ¿Protestar? Es un deber hacerlo, pero armados con razones de peso. Se debe luchar por una verdadera autonomía para que, en efecto, los cotizantes administren su institución sin las injerencias políticas del Estado. Un esquema cooperativo entre empresarios y trabajadores, organizado democráticamente y en igualdad, podría ser una altenativa a los esquemas propuestos.
*Columnista de The Panama News Online
www.thepanamanews.com
La mayoría de los panameños visualiza que el incremento del Estado o de sus dependencias se traduce en una mayor racionalidad social, cosa que no es cierta. Esta concepción de Schiller de que "el Estado somos todos" no toma en cuenta que Estado y aparato gubernamental son cosas diferentes. La izquierda, para mí desilusión, aún tiende a identificar erróneamente a un Estado fuerte con un gobierno de masas.
Defender la Caja de Seguro Social (CSS) no debe entrañar una defensa implícita del sector público. Si bien es cierto que esta institución es autónoma (tal como consagra el primer artículo de su ley orgánica), lo cierto es que forma parte del aparato de derecho público y, por tanto, está sujeta al interminable conflicto de relaciones de poder político.
La burocracia dentro de la CSS se traduce en trámites demorados, elevados costos operativos y falta de transparencia en los procesos de compra. Aun cuando quieran imputarle esto y más al Prof.r Jované, lo cierto es que desde los años 90 ha sido patente un incremento sustancial en la cantidad de empleados en la institución. ¿Por qué? Esta lógica se desprende del marco de análisis de decisión pública:El crecimiento formal del Estado, contrario a la empresa privada, no se da en base al crecimiento material de sus actividades, sino a raíz de presiones políticas. Por eso, la planilla estatal siempre está en perpetuo crecimiento.
Me opongo a la privatización por razones que no implican defender al Estado; no creo que éste deba ser el último garante de la solidaridad de la institución. No comparto los lineamentos que buscan transformar la CSS en un sistema privado precisamente a raíz de la ineficiencia de la empresa privada.
La cultura empresarial panameña opera con la misma ineficiencia del sector público porque intercambian las mismas personalidades, los planes que buscan privatizar la CSS no buscan salvarla sino salvar a otros: La Caja es un importante depósito de capital que permitiría a los fondos de pensiones locales (vinculados íntimamente con la banca más grande de Panamá) respaldar sus inversiones. La reticencia del sector financiero panameño en poner en práctica el Convenio de Basilea II, ya que exige una mayor reserva de capital para el respaldo de las transacciones, evidencia nuestra precaria posición en el mercado internacional de capitales.
Y las gráficas son ilustrativas. Mientras que en otros países, como Chile, por ejemplo, los fondos de pensiones invierten directamente en instrumentos de renta fija (como bonos), en Panamá las administradoras de pensiones han utilizado a los bancos como administradores intermediarios al depositar la mayoría de sus capitales en cuentas de plazo fijo. En definitiva, los fondos de pensión son colchones de dinero para nuestros bancos locales.
Existe una deficiencia estructural en la mayoría de nuestro empresariado en buscar la salida rápida sin ponderar daños a terceros; es patente la preferencia histórica de nuestras clases dominantes en inversiones de baja rentabilidad (como bienes raíces, etc.) dejando a los inversores extranjeros los espacios necesarios para que ellos puedan capitalizar los sectores más dinámicos de la economía, sectores que a larga se convierten en enclaves y no distribuyen la riqueza nacionalmente sino que la concentran y la exportan.
A la primera señal de problemas, nuestros capitales se fugarían, pues estarían invertidos en capital especulativo (valores, bonos, etc.) y con la crisis sistémica a nivel mundial, cualquier día puede traer consigo un efecto "tequila" o un "corralito" al son del tango. Nadie se va a poner a pensar en los pensionados...
La CSS va a pasar a manos privadas. Mas, ¿qué hacer? ¿Protestar? Es un deber hacerlo, pero armados con razones de peso. Se debe luchar por una verdadera autonomía para que, en efecto, los cotizantes administren su institución sin las injerencias políticas del Estado. Un esquema cooperativo entre empresarios y trabajadores, organizado democráticamente y en igualdad, podría ser una altenativa a los esquemas propuestos.
*Columnista de The Panama News Online
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