La procesión del silencio
AYER era un niño y caminaba de la mano de mi padre, junto a mi abuelo y una multitud de otros hombres, la "procesión del silencio". El sonido de nuestros pasos sobre el asfalto y el repicar esporádico del tambor romano eran los únicos sonidos en la noche. Callábamos y marchábamos. Frente a nosotros, con los ojos vendados, las manos atadas y la frente sangrante, iba la imagen de Jesús. Tieso, púrpura y dorado -rodeado de flores, con el gesto eterno de agonía petrificado en su estoico rostro de yeso-, también él callaba. Yo no entendía entonces el porqué de ese silencio. Sólo seguía marchando.
Hace dos milenios nos escogiste entre todos los hombres. Nos enseñaste que tu camino es la verdad de la vida. Estaba muerto y me resucitaste; enfermo, y me curaste; ciego, y abriste mis ojos. Viniste hasta mí caminando sobre el mar de mis lágrimas, calmaste la tormenta de mi espíritu, y con tu voz sacaste a mi corazón de su tumba. Durante años caminamos tras de ti, aunque tal vez no contigo, hasta que llegó aquella noche en que nos pediste que veláramos, Señor, una hora solamente. Pero nos hallaste dormidos. Por miedo te traicionamos, Señor, y aunque juramos defenderte, te negamos al amanecer y te crucificamos entre ladrones.
Hoy soy un hombre y camino esta noche, Jueves Santo, bajo las estrellas y la luna llena que nos miran, desde el infinito enlutado, en silencio. A mi lado va mi padre, con paso algo más débil. Ya mi abuelo partió hacia tu gloria. La angostura de las calles de la Heroica Villa, las tejas enmohecidas y los ojos piadosos de las mujeres son los testigos de nuestra marcha penosa. Delante de nosotros va en silencio, bamboleándose sobre el anda de madera, la estatua del Cristo. Marchamos tras de ti esta noche, veinte siglos después de nuestra traición. Una era ha pasado, Señor, y aún marchamos para expiar el pecado de nuestra cobardía, el pecado original de los hombres.
Perdónanos, Señor, pues aún hoy pecamos contra ti. Porque no llevamos a la acción la letra. Porque por treinta monedas te vendemos cada día. Porque seguimos sacando nuestra espada, sin poner la otra mejilla. Porque tu voz sigue siendo semilla que cae sobre la piedra de nuestros corazones, entre las espinas de nuestro egoísmo, y se ahoga sin dar frutos. Perdónanos, Señor, pues aún hoy te traicionamos. Porque te vemos hambriento en cada semáforo, al otro lado de la ventana, suplicando por pan con tu mano extendida, y te ignoramos. Porque te encontramos enfermo, echado en la puerta del templo, vestido como mendigo, y no nos mueve tu dolor. Porque infinitas veces has vuelto, como lo prometiste, en la forma de un niño o una niña pobre, y te dejamos morir de hambre, de frío, de enfermedades prevenibles, bajo las estúpidas bombas inteligentes, sin agua, sin padre, sin escuela, sin derechos.
Mañana seré un anciano y caminaré nuevamente en silencio. Mi padre ya no estará conmigo, y yo tal vez andaré con paso vacilante aferrado a la mano firme de mi hijo. O quizás seré yo quien no esté más en este mundo. De cualquier forma, en cuerpo o en espíritu, todos caminaremos juntos. Las mujeres nos mirarán callando desde la acera, con ojos piadosos, sabiendo que buscamos la expiación de nuestro pecado infinito, que empezó hace dos mil años, que no ha terminado aún y que no podremos purgar jamás aunque caminemos contigo este vía crucis, en silencio, hasta el límite de la tierra, hasta el final del tiempo.
Se trata de un día dedicado plenamente a la meditación y lo que no forme parte de ésta, es innecesario.
En el ámbito religioso, se acostumbra a hacer una representación de la Semana Santa en vivo, en la que se revive la crucifixión del Señor Jesucristo.
Oscar Rodríguez Blanco, rector de la Basílica Don Bosco, explicó que hay quienes visitan siete iglesias como muestra de adoración al Santísimo Sacramento del Altar.
Blanco dijo que la actividad se desarrolla igualmente en países como el Salvador, Costa Rica y Guatemala, así como en otros puntos de Centroamérica.
Y, como hay panameños fieles al significado de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo, otros dan otro significado diferente a la tradición de siglos. Son ellos los que hacen planes para irse a la playa y consumir licor.
El sacerdote sostuvo que cuando llega la Semana Santa, se espera de la comunidad un instante de meditación y corregir los errores cometidos, "los panameños hacemos todo lo contrario y nos lanzamos a una temporada de paseo, consumo de licor y distracción".
Hace dos milenios nos escogiste entre todos los hombres. Nos enseñaste que tu camino es la verdad de la vida. Estaba muerto y me resucitaste; enfermo, y me curaste; ciego, y abriste mis ojos. Viniste hasta mí caminando sobre el mar de mis lágrimas, calmaste la tormenta de mi espíritu, y con tu voz sacaste a mi corazón de su tumba. Durante años caminamos tras de ti, aunque tal vez no contigo, hasta que llegó aquella noche en que nos pediste que veláramos, Señor, una hora solamente. Pero nos hallaste dormidos. Por miedo te traicionamos, Señor, y aunque juramos defenderte, te negamos al amanecer y te crucificamos entre ladrones.
Hoy soy un hombre y camino esta noche, Jueves Santo, bajo las estrellas y la luna llena que nos miran, desde el infinito enlutado, en silencio. A mi lado va mi padre, con paso algo más débil. Ya mi abuelo partió hacia tu gloria. La angostura de las calles de la Heroica Villa, las tejas enmohecidas y los ojos piadosos de las mujeres son los testigos de nuestra marcha penosa. Delante de nosotros va en silencio, bamboleándose sobre el anda de madera, la estatua del Cristo. Marchamos tras de ti esta noche, veinte siglos después de nuestra traición. Una era ha pasado, Señor, y aún marchamos para expiar el pecado de nuestra cobardía, el pecado original de los hombres.
Perdónanos, Señor, pues aún hoy pecamos contra ti. Porque no llevamos a la acción la letra. Porque por treinta monedas te vendemos cada día. Porque seguimos sacando nuestra espada, sin poner la otra mejilla. Porque tu voz sigue siendo semilla que cae sobre la piedra de nuestros corazones, entre las espinas de nuestro egoísmo, y se ahoga sin dar frutos. Perdónanos, Señor, pues aún hoy te traicionamos. Porque te vemos hambriento en cada semáforo, al otro lado de la ventana, suplicando por pan con tu mano extendida, y te ignoramos. Porque te encontramos enfermo, echado en la puerta del templo, vestido como mendigo, y no nos mueve tu dolor. Porque infinitas veces has vuelto, como lo prometiste, en la forma de un niño o una niña pobre, y te dejamos morir de hambre, de frío, de enfermedades prevenibles, bajo las estúpidas bombas inteligentes, sin agua, sin padre, sin escuela, sin derechos.
Mañana seré un anciano y caminaré nuevamente en silencio. Mi padre ya no estará conmigo, y yo tal vez andaré con paso vacilante aferrado a la mano firme de mi hijo. O quizás seré yo quien no esté más en este mundo. De cualquier forma, en cuerpo o en espíritu, todos caminaremos juntos. Las mujeres nos mirarán callando desde la acera, con ojos piadosos, sabiendo que buscamos la expiación de nuestro pecado infinito, que empezó hace dos mil años, que no ha terminado aún y que no podremos purgar jamás aunque caminemos contigo este vía crucis, en silencio, hasta el límite de la tierra, hasta el final del tiempo.
Se trata de un día dedicado plenamente a la meditación y lo que no forme parte de ésta, es innecesario.
En el ámbito religioso, se acostumbra a hacer una representación de la Semana Santa en vivo, en la que se revive la crucifixión del Señor Jesucristo.
Oscar Rodríguez Blanco, rector de la Basílica Don Bosco, explicó que hay quienes visitan siete iglesias como muestra de adoración al Santísimo Sacramento del Altar.
Blanco dijo que la actividad se desarrolla igualmente en países como el Salvador, Costa Rica y Guatemala, así como en otros puntos de Centroamérica.
Y, como hay panameños fieles al significado de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo, otros dan otro significado diferente a la tradición de siglos. Son ellos los que hacen planes para irse a la playa y consumir licor.
El sacerdote sostuvo que cuando llega la Semana Santa, se espera de la comunidad un instante de meditación y corregir los errores cometidos, "los panameños hacemos todo lo contrario y nos lanzamos a una temporada de paseo, consumo de licor y distracción".