La propiedad y la política
Washington / AIPE - Para los conservadores, el logro político más importante de la Sra. Thatcher fue la venta de las viviendas gubernamentales a los inquilinos. En Gran Bretaña era común que el gobierno construyera viviendas, principalmente ocupadas por la clase media. Para 1980, aproximadamente un tercio de todos los hogares británicos eran propiedad del estado.
La propiedad de esas viviendas le daba al gobierno un inmenso poder sobre la vida de la gente y fue clave en el largo período de éxito del Partido Laborista. La Sra. Thatcher razonó correctamente que eliminar el poder estatal sobre las viviendas era esencial para el éxito de las reformas de libre mercado. Los laboristas, por su parte, estaban convencidos que las viviendas públicas jamás serían privatizadas. A los inquilinos les aterraría el cambio a manos de caseros privados, quienes seguramente aumentarían los alquileres. Lo que no previeron fue que la Sra. Thatcher vendería las propiedades directamente a los inquilinos. Eso fue no solamente una medida sumamente popular, sino que causó un profundo cambio de actitudes políticas.
Una vez que las familias se convirtieron en propietarias de sus hogares, dejaron de estar bajo tutelaje gubernamental. Y de repente se comenzaron a preocupar por los impuestos a la propiedad y por las políticas que afectan el valor de las propiedades. Así, millones de personas que habían votado toda su vida por los laboristas, ahora oían con interés el mensaje de los conservadores, ya que por primera vez tenían algo que conservar. Esto, con el tiempo, obligó al Partido Laborista a moverse a la derecha y abandonar su socialismo incondicional.
Algo parecido está sucediendo hoy en día en Estados Unidos. No es el resultado de la privatización de los hogares sino del creciente número de ciudadanos que tienen acciones compradas en la Bolsa de Valores. Según un reciente estudio del Investment Company Institute, 49,2% de las familias estadounidenses son dueñas de acciones, un extraordinario brinco desde apenas 19% en 1983. Y una encuesta de Gallup muestra un porcentaje aún mayor: 60%.
La razón clave tras tal crecimiento han sido los programas de pensiones basados en la compra de acciones. Bajo tales planes, los trabajadores invierten sus ahorros para la jubilación en acciones, en lugar de recibir una pensión fija de parte de sus patronos, como solía ser el caso.
Este crecimiento increíble en la tenencia de acciones puede estar ya afectando la actitud política de la gente. Según Rasmussen Research, aquellos que tienen al menos 5.000 dólares invertidos en acciones tienden a votar por el Partido Republicano, en lugar de por el Partido Demócrata. Incluso entre los hasta ahora incondicionales demócratas, el porcentaje de los que votan por candidatos republicanos salta una vez que se convierten en propietarios de cantidades modestas de acciones.
Por ejemplo, el porcentaje de ciudadanos de raza negra que se identifica con el Partido Republicano pasa de 6%, entre los que no son propietarios de acciones, a 21% cuando sí poseen acciones. De esta manera estamos viviendo una revolución thatcheriana en Estados Unidos.
La propiedad de esas viviendas le daba al gobierno un inmenso poder sobre la vida de la gente y fue clave en el largo período de éxito del Partido Laborista. La Sra. Thatcher razonó correctamente que eliminar el poder estatal sobre las viviendas era esencial para el éxito de las reformas de libre mercado. Los laboristas, por su parte, estaban convencidos que las viviendas públicas jamás serían privatizadas. A los inquilinos les aterraría el cambio a manos de caseros privados, quienes seguramente aumentarían los alquileres. Lo que no previeron fue que la Sra. Thatcher vendería las propiedades directamente a los inquilinos. Eso fue no solamente una medida sumamente popular, sino que causó un profundo cambio de actitudes políticas.
Una vez que las familias se convirtieron en propietarias de sus hogares, dejaron de estar bajo tutelaje gubernamental. Y de repente se comenzaron a preocupar por los impuestos a la propiedad y por las políticas que afectan el valor de las propiedades. Así, millones de personas que habían votado toda su vida por los laboristas, ahora oían con interés el mensaje de los conservadores, ya que por primera vez tenían algo que conservar. Esto, con el tiempo, obligó al Partido Laborista a moverse a la derecha y abandonar su socialismo incondicional.
Algo parecido está sucediendo hoy en día en Estados Unidos. No es el resultado de la privatización de los hogares sino del creciente número de ciudadanos que tienen acciones compradas en la Bolsa de Valores. Según un reciente estudio del Investment Company Institute, 49,2% de las familias estadounidenses son dueñas de acciones, un extraordinario brinco desde apenas 19% en 1983. Y una encuesta de Gallup muestra un porcentaje aún mayor: 60%.
La razón clave tras tal crecimiento han sido los programas de pensiones basados en la compra de acciones. Bajo tales planes, los trabajadores invierten sus ahorros para la jubilación en acciones, en lugar de recibir una pensión fija de parte de sus patronos, como solía ser el caso.
Este crecimiento increíble en la tenencia de acciones puede estar ya afectando la actitud política de la gente. Según Rasmussen Research, aquellos que tienen al menos 5.000 dólares invertidos en acciones tienden a votar por el Partido Republicano, en lugar de por el Partido Demócrata. Incluso entre los hasta ahora incondicionales demócratas, el porcentaje de los que votan por candidatos republicanos salta una vez que se convierten en propietarios de cantidades modestas de acciones.
Por ejemplo, el porcentaje de ciudadanos de raza negra que se identifica con el Partido Republicano pasa de 6%, entre los que no son propietarios de acciones, a 21% cuando sí poseen acciones. De esta manera estamos viviendo una revolución thatcheriana en Estados Unidos.