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La provocación como estrategia


Una estrategia de provocaciones desarrolla el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, que podría llevar a la región hacia niveles insospechados de violencia. Fracasada su gestión humanitaria tras decisión asumida en Bogotá, Chávez pasó de la fraternidad aparente al más crítico de los discursos, en un hecho que muchos interpretaron como irrespeto desproporcionado, falta a las reglas de la diplomacia, o chabacanería inaceptable, etc. Ni una cosa ni la otra. Detrás de ese discurso desarrolla una provocación calculada para generar un conflicto regional que comprometa a los países de la región y para lo cual requería de un aliado militar, y lo encontró en las guerrilleras Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia. El pretexto, "el canje humanitario", una especie de encerrona al que llevaron a la administración del Palacio de Nariño.

Si Colombia seguía el juego de Chávez perdía, porque le creaba una vitrina política y diplomática a las FARC, y de ahí al reconocimiento de la beligerancia política sólo había un paso. Uribe se percató del juego y se salió. La respuesta de Caracas fue realizar el canje por su cuenta, congregando a representantes de siete países y dejando sólo a Uribe. Ahora se ha hecho público el propósito, y Bogotá ve cómo se va tejiendo una alianza Caracas-FARC ante sus narices. Y si el reconocimiento lo realizan también otros países aliados de Chávez como Bolivia y Nicaragua, ¿dónde queda y qué le queda a Colombia? No hay duda, la provocación le ha funcionado a Chávez. Con su megalomanía de heredero del Libertador, está comprometido con la guerra. Lo de la paz es pura demagogia.

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