La prudencia nunca es mala consejera
Se equivocaron aquellos que aseguraron que obreros y sectores populares serían las víctimas inmediatas del Gobierno de Ricardo Martinelli Berrocal. Durante la pasada campaña electoral se escuchó con frecuencia la tesis de que el gobierno de derecha de Martinelli impondría tantas medidas impopulares que la lucha de clases sería un festín y que sobre esa base los de abajo podrían fortalecer sus batallas.
Han pasado más de sesenta días desde que el nuevo gobierno entró en funciones, y pocos son los que pueden sustentar tales aseveraciones. Por el contrario, como si los hubiera estado estudiando durante años, el actual gobierno ha dirigido su índice hacia aquellos que vestidos de empresarios desprestigian al sector haciendo negocios y evadiendo responsabilidades.
Es una acción que muchos aplauden, por correctas, aunque el gobierno debe considerar la vieja experiencia peruana de los años noventa a propósito del gobierno de Alberto Fujimori. Habitualmente, y ante tanto desorden, la sociedad reclama gobiernos fuertes, que no dictaduras, y en principio el de Fujimori fue un gobierno fuerte, portador del cambio hasta que se convirtió en una dictadura. Ahora todo el mundo sabe que está pasando con Fujimori. Tal cual transcurren algunas medidas pareciera que el gobierno actual actúa solo, sin consensos ni alianzas, lo que lo hace responsable, en solitario, de todo lo que pueda pasar, lo bueno… y lo malo. Sería bueno recordar que la prudencia jamás ha sido mala consejera.