La raíz israelí del problema terrorista
Desdichadamente, el discurso del Presidente Bush ante el Congreso no dio muchas esperanzas de que Estados Unidos fuera a orientar al menos parte de sus energías tras el brutal ataque, a forzar un acuerdo negociado en el Medio Oriente. Por el contrario, su intervención, estuvo teñida de un fuerte ingrediente bélico, comprensible y necesario ante la salvajidad del agravio, pero lamentablemente parcial, frente a un complejo problema político.
La cuestión, dijimos, es sencilla, tanto como simple ha de ser su solución. El mundo civilizado debe doblar el brazo a palestinos e israelíes, para que obligarlos a firmar y respetar un acuerdo que permita lo que es evidente para todos los que no están involucrados en el absurdo conflicto, que unos y otros están condenados, para bien y para mal, a convivir en la forma más llevadera posible en la misma tierra, y a vivir en paz por el bien del resto de la Humanidad.
Ciertamente, que un acuerdo no acabará por si solo con el terrorismo islámico, pero al menos lo privará de su principal argumento moral y de unidad. Solo con un acuerdo palestino-israelí, el mundo tendrá las manos enteramente libres para golpear a los terroristas y acabarlos por completo. No antes.
En los últimos días, sin embargo, el Presidente Bush ha dado un giro de timón, mientras sus tropas y las de sus aliados británicos, cierran el cerco sobre Afganistán y Osama bin Laden. Ha advertido seriamente al primer ministro israelí, Ariel Sharon, que el gobierno norteamericano apoya la idea de establecer un estado soberano palestino y que, en consecuencia, que la nación judía debe aprestarse a dar más concesiones a la Autoridad Palestina para ese propósito.
La reacción de Sharon ha sido iracunda, casi irracional. Tan solo el viernes sumó siete muertos más entre los civiles palestinos que se enfrentan al ejército invasor encabezado por 50 tanques y carros de combate, tan solo con piedras y su propio pecho. Y no contento con los hechos, advirtió que Estados Unidos está colocando a Israel, respecto a los árabes, en la misma posición que Europa colocó a los judíos frente a la persecución nazi en 1938. El viejo papel de víctima del holocausto, ha sido desempolvado otra vez.
Israel es la fuerza prevaleciente en el Medio Oriente. En contraste, la Autoridad Palestina es un pseudo estado humillado y agredido que es el más pobre de la región. Tres millones de sus ciudadanos están afuera, dispersos como refugiados en naciones vecinas, sin que Israel les permita retornar a su tierra. No hay paz posible en tan injusto escenario. Tal como ha dicho el Presidente Bush, los palestinos tienen derecho a volver a su tierra y organizarse en un estado independiente y soberano. Es el mismo derecho que la ONU dio a Israel en 1947.
La cuestión, dijimos, es sencilla, tanto como simple ha de ser su solución. El mundo civilizado debe doblar el brazo a palestinos e israelíes, para que obligarlos a firmar y respetar un acuerdo que permita lo que es evidente para todos los que no están involucrados en el absurdo conflicto, que unos y otros están condenados, para bien y para mal, a convivir en la forma más llevadera posible en la misma tierra, y a vivir en paz por el bien del resto de la Humanidad.
Ciertamente, que un acuerdo no acabará por si solo con el terrorismo islámico, pero al menos lo privará de su principal argumento moral y de unidad. Solo con un acuerdo palestino-israelí, el mundo tendrá las manos enteramente libres para golpear a los terroristas y acabarlos por completo. No antes.
En los últimos días, sin embargo, el Presidente Bush ha dado un giro de timón, mientras sus tropas y las de sus aliados británicos, cierran el cerco sobre Afganistán y Osama bin Laden. Ha advertido seriamente al primer ministro israelí, Ariel Sharon, que el gobierno norteamericano apoya la idea de establecer un estado soberano palestino y que, en consecuencia, que la nación judía debe aprestarse a dar más concesiones a la Autoridad Palestina para ese propósito.
La reacción de Sharon ha sido iracunda, casi irracional. Tan solo el viernes sumó siete muertos más entre los civiles palestinos que se enfrentan al ejército invasor encabezado por 50 tanques y carros de combate, tan solo con piedras y su propio pecho. Y no contento con los hechos, advirtió que Estados Unidos está colocando a Israel, respecto a los árabes, en la misma posición que Europa colocó a los judíos frente a la persecución nazi en 1938. El viejo papel de víctima del holocausto, ha sido desempolvado otra vez.
Israel es la fuerza prevaleciente en el Medio Oriente. En contraste, la Autoridad Palestina es un pseudo estado humillado y agredido que es el más pobre de la región. Tres millones de sus ciudadanos están afuera, dispersos como refugiados en naciones vecinas, sin que Israel les permita retornar a su tierra. No hay paz posible en tan injusto escenario. Tal como ha dicho el Presidente Bush, los palestinos tienen derecho a volver a su tierra y organizarse en un estado independiente y soberano. Es el mismo derecho que la ONU dio a Israel en 1947.