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La rebaja de los aranceles


El actual Vicepresidente de la República, Tomás G. Altamirano y exprecandidato presidencial por el Partido Revolucionario Democrático hizo saber recientemente su oposición a la política arancelaria que implementan sus compañeros de gobierno. De acuerdo a sus declaraciones, se ha estado promoviendo una rebaja drástica en el nivel de aranceles y será necesario rectificar algunos aspectos que van en detrimento de la producción nacional.
El tema ya había sido denunciado con anterioridad por el sector productivo.
Panamá pasó, de un salto, de ser el país que tenía el promedio de aranceles de importación más alto de la región al que tiene el más bajo, a pesar de los repetidos llamados de empresarios y trabajadores por aplicar el programa económico con gradualidad.
No había ninguna necesidad de proceder con velocidad tan vertiginosa para integrar a nuestro país en el mercado internacional. Los compromisos negociados con la Organización Mundial de Comercio establecían un techo arancelario que es el doble del que se aplicó meses mas tarde de manera temeraria, poniendo en peligro la existencia de muchos productores agrícolas e industriales.
Pero lamentablemente los economistas que dirigen las instituciones de planificación pertenecen al grupo de partidarios del choque económico como mecanismo que fuerza el cambio hacia una mayor productividad en las empresas. Son seguidores de la tesis de "sálvese el que pueda" frente a la alternativa de pertenecer al grupo de "ganadores o perdedores". Piensan que la mejor manera de aprender a nadar es lanzándose al agua en alta mar, aún a riesgo de morir ahogado en el intento.
Los efectos de esta política ya pueden detectarse. Muchos agricultores han dejado de producir y muchas industrias han reducido sus actividades o cerrado sus instalaciones. Aprender a nadar en alta mar requiere de instrucciones, un período de entrenamiento y un salvavidas para ser usado en caso de emergencia. De otro modo se condena irremediablemente al fracaso de productores que tienen potencial de desarrollo pero que carecen de la información para lograrlo.
Los panameños aceptamos el reto de competir en el mercado internacional bajo las nuevas reglas de juego, pero requerimos de gradualidad en la desgravación arancelaria y de un programa de reconversión que ofrezca los instrumentos para producir con mejor precio y mayor calidad. Los que abogan por la apertura comercial como formula para el desarrollo económico pueden estar en lo cierto, pero el implementarla apresuradamente, los hace estar equivocados.

101 años de Panamá América

 
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