La rebelión de las mujeres
Ha llegado a la presidencia de la República la primera mujer en 96 años. Siempre los pioneros son reconocidos porque inician lo que más adelante puede hacerse costumbre, o aunque sea, repetirse. La señora Mireya Moscoso nos puso un espectáculo digno de lo que debe ser ya un país de nuestra categoría. Sobrio pero elegante, donde los detalles fueron contemplados.
Soy una luchadora por los derechos igualitarios de las mujeres; por lo tanto no puedo negar el orgullo que siento porque una mujer sea la actual mandataria del país. Bien vestida y ataviada, digna, sonreída en todo momento, no mostró signos de cansancio ni disgusto.
El reto que tiene delante la Sra. Mireya es grande porque de ella depende el papel que más adelante podamos jugar otras. Somos más de las que, en algún momento, hemos soñado con algo parecido. Si algún día leyeran una mala novela que escribí, inédita, verían cómo su protagonista llega a ser Presidenta y toma posesión en un estadio. ¿Ven? No es raro que esto suceda.
Se notó en su discurso una nueva imagen, un deseo de dar un giro diferente a la vida institucional del país; su sensibilidad femenina le da un toque a los problemas sociales del país que llenan de esperanzas a los panameños para alcanzar una mejor vida. Lo relacionado con salud, educación, vivienda y desempleo, ocuparán su principal preocupación. Si, como es propio de las mujeres, la acompañan la intuición, la visión hacia delante y la organización, pienso que tenemos un futuro promisorio.
Me emociona de veras ver la figura femenina ocupar el solio presidencial. Me encantaría preguntarle a la señora Moscoso lo que se siente estar en esa posición y sentarse en la silla presidencial. Porque, démonos cuenta que no se trata de la primera dama; se trata de la mandataria, posición que ha pertenecido hasta ahora a los hombres. Incursionar en el mundo masculino de la política es duro para las mujeres. Pero, entrar en el mundo del poder es aún más peligroso ya que el poder se ha guardado anteriormente para los hombres. El mundo del poder puede traer a la presidencia algunos disgustos. Sin embargo, esperemos que la entereza, la constancia y el temple que ha tenido, continúen acompañándola.
No sé qué decir con una frase que ha acompañado a un canal de televisión: "el principio de un reto". Aunque creo no estar muy de acuerdo porque el principio del reto de doña Mireya fue cuando pensó por primera vez ser Presidenta. La frase es bonita y no está lejos de la realidad. Su mundo cambiará, su vida será diferente, sus desayunos y almuerzos dejarán de ser apacibles y su vida propia no lo será más.
Pero, es hermoso ser Presidenta de la República y adentrarse en ese mundo masculino del poder, con verdadero poder, porque ella lo tiene ya que se lo ha dado el pueblo a través de una mayoría de votos, reconocida por todo el mundo. Nada más de verla y escucharla se me enciende el deseo de imitarla, de hacer algo positivo, mejor dicho, tener la oportunidad de hacerlo.
Esta columna felicita a la señora Mireya Moscoso, primera mujer en ocupar nuestra presidencia, primera mujer en tener ese reto de quedar bien y abrir el camino a otras mujeres que quieran ascender en la carrera política y profesional.
Bienvenida a este difícil mundo y ojalá se comporte usted sin cambiar, enseñando a los hombres a respetarla y reconocer sus méritos.
Soy una luchadora por los derechos igualitarios de las mujeres; por lo tanto no puedo negar el orgullo que siento porque una mujer sea la actual mandataria del país. Bien vestida y ataviada, digna, sonreída en todo momento, no mostró signos de cansancio ni disgusto.
El reto que tiene delante la Sra. Mireya es grande porque de ella depende el papel que más adelante podamos jugar otras. Somos más de las que, en algún momento, hemos soñado con algo parecido. Si algún día leyeran una mala novela que escribí, inédita, verían cómo su protagonista llega a ser Presidenta y toma posesión en un estadio. ¿Ven? No es raro que esto suceda.
Se notó en su discurso una nueva imagen, un deseo de dar un giro diferente a la vida institucional del país; su sensibilidad femenina le da un toque a los problemas sociales del país que llenan de esperanzas a los panameños para alcanzar una mejor vida. Lo relacionado con salud, educación, vivienda y desempleo, ocuparán su principal preocupación. Si, como es propio de las mujeres, la acompañan la intuición, la visión hacia delante y la organización, pienso que tenemos un futuro promisorio.
Me emociona de veras ver la figura femenina ocupar el solio presidencial. Me encantaría preguntarle a la señora Moscoso lo que se siente estar en esa posición y sentarse en la silla presidencial. Porque, démonos cuenta que no se trata de la primera dama; se trata de la mandataria, posición que ha pertenecido hasta ahora a los hombres. Incursionar en el mundo masculino de la política es duro para las mujeres. Pero, entrar en el mundo del poder es aún más peligroso ya que el poder se ha guardado anteriormente para los hombres. El mundo del poder puede traer a la presidencia algunos disgustos. Sin embargo, esperemos que la entereza, la constancia y el temple que ha tenido, continúen acompañándola.
No sé qué decir con una frase que ha acompañado a un canal de televisión: "el principio de un reto". Aunque creo no estar muy de acuerdo porque el principio del reto de doña Mireya fue cuando pensó por primera vez ser Presidenta. La frase es bonita y no está lejos de la realidad. Su mundo cambiará, su vida será diferente, sus desayunos y almuerzos dejarán de ser apacibles y su vida propia no lo será más.
Pero, es hermoso ser Presidenta de la República y adentrarse en ese mundo masculino del poder, con verdadero poder, porque ella lo tiene ya que se lo ha dado el pueblo a través de una mayoría de votos, reconocida por todo el mundo. Nada más de verla y escucharla se me enciende el deseo de imitarla, de hacer algo positivo, mejor dicho, tener la oportunidad de hacerlo.
Esta columna felicita a la señora Mireya Moscoso, primera mujer en ocupar nuestra presidencia, primera mujer en tener ese reto de quedar bien y abrir el camino a otras mujeres que quieran ascender en la carrera política y profesional.
Bienvenida a este difícil mundo y ojalá se comporte usted sin cambiar, enseñando a los hombres a respetarla y reconocer sus méritos.