La rebelión del té
Miami (AIPE) - Algunos lectores se sienten intrigados por estos supuestos “partidos del té” (tea parties) que están revolucionando el panorama político de Estados Unidos. ¿Qué tiene que ver el té con la política?
Alrededor de 1770, los americanos estaban protestando porque la Corona les estaba cobrando impuestos sin que ellos tuvieran representación en el Parlamento británico. La Corona canceló todos los impuestos, menos el del té.
En noviembre de 1773, tres barcos cargados de té llegaron a la bahía de Boston. Samuel Adams, un activista americano, organizó un grupo que asaltó los barcos, tomó la carga de té y la tiró a la bahía. Puesto que una de las acepciones de party es simplemente una reunión social, un tea party no es más que una reunión para tomar té. Samuel Adams y sus partidarios dijeron que su desafío a la Corona británica no era más que la forma de tomar té en Boston.
Desde entonces, en Estados Unidos muchos desafíos espontáneos al gobierno son llamados reuniones del té (tea parties) o rebeliones del té.
Ahora bien, ¿qué significan actualmente estas “rebeliones del té'' en la política de Estados Unidos? En realidad no son más que un violento rechazo a la política del gobierno de Barack Obama. La rebelión del té es un movimiento popular contra la avasallante intervención estatal, exacerbado por la política general y los extraordinarios gastos deficitarios del gobierno de Obama.
Aunque la rebelión del té sea un movimiento anti-Obama, es independiente, no republicano. La rebelión del té es un movimiento conservador. Simpatiza con republicanos como Marco Rubio o Mitt Romney pero es hostil a otros como Charlie Crist o John McCain. Hace un año este movimiento prácticamente no existía; hoy, sin embargo, posiblemente sea la fuerza más poderosa en la política americana. Representa una profunda reacción, en la base, contra la orientación socialista del gobierno de Barack Obama. En su primera convención, el 4 de febrero, en Nashville, Tennessee, su principal figura fue la carismática Sarah Palin. Muchos, y entre ellos yo, lo consideran una esperanza de la política de EE.UU.