La reingeniería del gobierno
La sociedad de hoy espera que las estructuras de gobierno estén a su servicio y no como la fuente de poder que se posesione por encima de ella o en su contra. El proceso que lleva a Luis XIV a detentar un poder absoluto acaba por identificar a su persona con el Estado sin compartirlo con ninguna otra persona o institución. "El bien del Estado es la gloria del rey", llegaría a decir. Bajo el concepto moderno, el Estado emerge al mismo tiempo que el concepto de soberanía. Boding y Hobbes, en los siglos XVI y XVII, establecieron que un Estado debe suponer una magistratura pública o persona dotada de un derecho indiscutible y un poder para decidir la resolución de una situación extrema.
Como tal, entiendo al Estado como la visión integrada de los tres poderes: ejecutivo, legislativo y judicial y, en contraste, al gobierno como la institución que administra los recursos comunes, o sea la administración pública. Descartamos el absolutismo y reafirmamos que el poder público sólo emana del pueblo y que lo ejerce el Estado por medio de esos tres poderes.
Vivimos una situación económica extrema. El pueblo exige un gobierno moderno, como administrador de los recursos nacionales y redistribuidor de beneficios, para lograrlo debe buscar eficiencia. En la medida en que sea eficiente en el manejo económico, el gobierno tendrá liquidez para afrontar los compromisos del gasto social, para apoyar a los grupos vulnerables y a los marginados de la sociedad. Por ello la paz social y política se sustenta, en gran medida, en la eficacia de su macroeconomía, porque es el marco general que impulsa o frena el crecimiento de la calidad de vida de las familias y los individuos.
Dos son los temas a resolver inmediatamente: transparencia y seguridad jurídica. Aristóteles dejó claro que la ley, para hacerse obedecer, no tiene otro poder que el de la costumbre y la costumbre no se forma sino con el tiempo y los años; así, cuanto más se cambian las leyes, más se enervará el imperio de las instituciones. Evidentemente, Aristóteles pone a discusión la necesidad de crear estabilidad a través del marco jurídico que genere certidumbre a largo plazo. Hace 2,324 años el tema de la corrupción era analizado y planteado como muy natural el hecho que los que compran sus cargos se habitúen a indemnizarse por ellos cuando a fuerza de dinero alcanzan el poder. No hemos cambiado mucho desde entonces.
Caminamos hacia la pérdida de la representatividad de los partidos políticos ante la sociedad, pues se han posicionado únicamente como estructuras electorales de alta competitividad y pérdida de la credibilidad moral. Los partidos políticos, igual que el gobierno que sirve al Estado, deben reorientar su misión, objetivos y estrategias para rescatar su papel dentro de la sociedad y no terminar siendo desplazados por grupos de presión.
El movimiento "hippie", los movimientos estudiantiles en Francia y México, así como la rebeldía juvenil contra la guerra de Vietnam obligaron a varios países a modificar sus políticas al perder credibilidad y al ser más vulnerables ante una mejor informada opinión pública motivada por el crecimiento y tecnificación de las ciencias de la comunicación. Antes de estos movimientos espontáneos de los sesentas, ya en 1932 al resultar electo Roosevelt presidente, Estados Unidos atravesaba una aguda crisis económica. Poco después de ganar las elecciones, Roosevelt se entregó a una especie de retiro. No dijo nada acerca de sus planes o de los nombramientos para su Gabinete.
En su discurso inaugural, Roosevelt cambió de marcha. Pronunció un poderoso discurso, dejando claro que intentaba conducir al país en una dirección completamente nueva. A partir de entonces el ritmo de sus discursos y de sus decisiones públicas (nombramientos de Gabinete, legislación atrevida) se desarrolló a una velocidad increíblemente rápida. Eso fue un acto de reingeniería del gobierno que redundó en beneficio de los miembros del Estado. Ejemplos sobran, hagámoslo todos juntos por Panamá.
(teranjm@sinfo.net)
Como tal, entiendo al Estado como la visión integrada de los tres poderes: ejecutivo, legislativo y judicial y, en contraste, al gobierno como la institución que administra los recursos comunes, o sea la administración pública. Descartamos el absolutismo y reafirmamos que el poder público sólo emana del pueblo y que lo ejerce el Estado por medio de esos tres poderes.
Vivimos una situación económica extrema. El pueblo exige un gobierno moderno, como administrador de los recursos nacionales y redistribuidor de beneficios, para lograrlo debe buscar eficiencia. En la medida en que sea eficiente en el manejo económico, el gobierno tendrá liquidez para afrontar los compromisos del gasto social, para apoyar a los grupos vulnerables y a los marginados de la sociedad. Por ello la paz social y política se sustenta, en gran medida, en la eficacia de su macroeconomía, porque es el marco general que impulsa o frena el crecimiento de la calidad de vida de las familias y los individuos.
Dos son los temas a resolver inmediatamente: transparencia y seguridad jurídica. Aristóteles dejó claro que la ley, para hacerse obedecer, no tiene otro poder que el de la costumbre y la costumbre no se forma sino con el tiempo y los años; así, cuanto más se cambian las leyes, más se enervará el imperio de las instituciones. Evidentemente, Aristóteles pone a discusión la necesidad de crear estabilidad a través del marco jurídico que genere certidumbre a largo plazo. Hace 2,324 años el tema de la corrupción era analizado y planteado como muy natural el hecho que los que compran sus cargos se habitúen a indemnizarse por ellos cuando a fuerza de dinero alcanzan el poder. No hemos cambiado mucho desde entonces.
Caminamos hacia la pérdida de la representatividad de los partidos políticos ante la sociedad, pues se han posicionado únicamente como estructuras electorales de alta competitividad y pérdida de la credibilidad moral. Los partidos políticos, igual que el gobierno que sirve al Estado, deben reorientar su misión, objetivos y estrategias para rescatar su papel dentro de la sociedad y no terminar siendo desplazados por grupos de presión.
El movimiento "hippie", los movimientos estudiantiles en Francia y México, así como la rebeldía juvenil contra la guerra de Vietnam obligaron a varios países a modificar sus políticas al perder credibilidad y al ser más vulnerables ante una mejor informada opinión pública motivada por el crecimiento y tecnificación de las ciencias de la comunicación. Antes de estos movimientos espontáneos de los sesentas, ya en 1932 al resultar electo Roosevelt presidente, Estados Unidos atravesaba una aguda crisis económica. Poco después de ganar las elecciones, Roosevelt se entregó a una especie de retiro. No dijo nada acerca de sus planes o de los nombramientos para su Gabinete.
En su discurso inaugural, Roosevelt cambió de marcha. Pronunció un poderoso discurso, dejando claro que intentaba conducir al país en una dirección completamente nueva. A partir de entonces el ritmo de sus discursos y de sus decisiones públicas (nombramientos de Gabinete, legislación atrevida) se desarrolló a una velocidad increíblemente rápida. Eso fue un acto de reingeniería del gobierno que redundó en beneficio de los miembros del Estado. Ejemplos sobran, hagámoslo todos juntos por Panamá.
(teranjm@sinfo.net)