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La reliquia de Puerto Armuelles


SOBRE UNA colina de baja altura se alza un edificio imponente de dos plantas, en el estilo colonial de principios del siglo 20. Como todas las casa de la época construidas por los norteamericanos en Chiriquí y Bocas del Toro, el enorme edificio presenta los rasgos de las casas de tambo en las que las estructuras de madera y zinc son sostenidas por pilotes de concreto o de madera que las levantan a unos tres metros del suelo.
Este es el edificio de la Oficina General que fue sede de la división de Puerto Armuelles de la Chiriquí Land Company. Allí se alojaban el departamento de ingeniería, la gerencia, el departamento de contabilidad y en los últimos años hasta la década de los 70, albergó al departamento de exportación y la oficina de relaciones laborales.
Debajo del edificio, entre el suelo y la planta baja se encontraban el taller de imprenta, el depósito de útiles de oficina, y en una pequeña habitación detrás de la imprenta estaba, en una especie de cueva, la oficina muy humilde de la Cooperativa de Ahorro y Crédito San Antonio, R.L. (CACSA), cuando empezaba a gatear.
La Oficina General de la Chiriquí Land Company, en la cabecera del Distrito de Barú, fue el centro motor de una gran prosperidad de la industria bananera en Chiriquí, como nunca antes, que propició el surgimiento de una comunidad con todos los adelantos de la vida moderna, que fue y sigue siendo la ciudad de Puerto Armuelles.
El edifico de la Oficina General está en pie todavía como el símbolo de una época floreciente. Está vacío de personas, pero lleno del espíritu emprendedor de una organización formidable. Desde allí, ejecutivos visionarios: ingenieros, administradores, relacionistas laborales, exportadores de banano, pagadores, proyectaban la fuerza del progreso material y de los recursos económicos para sostener la planilla de una fuerza laboral de unos cuatro mil trabajadores.
Los norteamericanos aportaban el dinero y la tecnología y los panameños la energía del trabajo físico y mental.
Derribar montañas, construir líneas férreas, inundar terrenos para la siembra, construir un acueducto, un muelle, talleres, casas, un hospital inmenso, calles, caminos, tendidos eléctricos y de telefonía, sanear el ambiente, instalar ferrocarriles, servicios médicos, construir y sostener escuelas.
Panameños y norteamericanos trabajaron juntos para imponer el empuje arrollador de la civilización. La poderosa selva pantanosa fue al fin dominada por el coraje invencible de cientos de rudos trabajadores que perdieron la vida. Cuadrillas enteras fueron diezmadas por el paludismo y por una fiebre maligna que llamaban "aguas negras". Son los soldados desconocidos ya olvidados.
Las voces de mando para hacer todo lo que es hoy Distrito de Barú emanaron de ese señorial edificio de la Oficina General, que reclama el honor de ser declarado monumento histórico de la nación panameña.
En unas cuantas líneas hemos señalado algunas consideraciones que poco se ha reflexionado y menos atendidos por la suspendida Ley 17. Se evidencia que esta norma impuesta es incompleta.
Ojalá los garantes se pongan a tono con su rebaño y propicien una discusión amplia de todo el tema y no defiendan, por omisión, la jugarreta del PRD y sus allegados de allanar el camino hacia la oportunidad de hacer fortuna o aumentar las que ya tienen con la ampliación del Canal.
(*)Secretario de Salud del Partido Panameñista.

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