La renta y la política
La lógica del sistema capitalista demanda el crecimiento constante de la inversión y la búsqueda de una mayor participación del mercado. Pero, cuidado, la excesiva concentración de poder de mercado conllevaría aproximarse a niveles de competencia imperfecta es decir, que algunos oferentes, pocos, controlen el mercado, fijen el precio, la cantidad, y la calidad de bienes y servicios. Oligopolio, monopolio, monopsonio, duopolio, etc. son vocablos que identifican algunas de estas desviaciones de la competencia perfecta.
Algunas consecuencias de estas imperfecciones de mercado, que se repiten con insistencia en casi todas las sociedades pre-capitalistas como la nuestra, son: (a) Un proceso de acumulación de riqueza, ya sea por control del mercado, o de una capacidad mayor de inversión, conlleva a transferir recursos de un grupo mayoritario a un grupo minoritario. (b) Esta transferencia de recursos, si no se reinvierte y genera más empleo y producción, reduce la capacidad de compra de gran parte de la sociedad. (c) Por otra parte, los grupos que acumulan esa riqueza por más que consuman no logran reponer el nivel de consumo de quienes dejaron de percibir ingresos en esta reacomodación de la propiedad. (d) Micros y pequeños empresarios, trabajadores independientes, asalariados, son los perdedores, acentuando un proceso de reducción de crecimiento.
Una forma de reorientar la riqueza es mediante la reforma tributaria, que reasigna recursos de los de mayor ingreso a los de menores recursos mediante la tributación diferenciada y la oferta de bienes públicos, como la salud, educación, viviendas, cultura, etc. Sin embargo, algunos autores opinan que la tributación aplicada a los de mayor renta es contraria al fomento de la inversión.
Un proceso de concentración de renta que no contempla procesos redistributivos suficientes, con una administración ineficiente o corrupta tanto de la captación como del uso de los recursos públicos, conlleva una amenaza a la estabilidad política y económica del país. La preservación de los micros y pequeños negocios y agricultores es entonces primordial y estratégica, así como la tenencia de la vivienda propia, como elementos estabilizadores de la sociedad.
Las exenciones tributarias a los de mayor ingreso en la renta, en subsidios, etc., ineludiblemente desembocan en la necesidad de crear nuevos impuestos, o ampliar la base impositiva, o una mezcla de ambos, en ausencia de políticas de racionalización del gasto público. Y en algún momento, contribuyen a abrir la puerta a elementos que capitalizan el descontento y llevan a los países a situaciones extremas. Hay varios ejemplos hoy en América Latina. ¿Queremos eso para Panamá? Ciertamente no.