La resignación de "Mireyo"
"Mireyo" es un personaje único e insustituible, al que le calculo unos 50 años de edad. Todas las mañanas camina alrededor de siete kilómetros para llegar hasta la ciudad de David e iniciar su repetitiva faena, que consiste en pedir dinero a aquellos que encuentre en su camino. Deambula por cada rincón de la ciudad; por ello, no hay chiricano que no le conozca. Pese a sus diarios ajetreos, la característica que le identifica es una desgastada y desteñida bandera del Partido Arnulfista que siempre se coloca sobre su espalda, al estilo de "Superman, Batman o Robin"; lo que ha llevado a algunos a llamarle "Super Fufo". No tengo la menor idea de cuál es su nombre, menos las adversas circunstancias que le convirtieron en un mendigo. Pero con todo y los insultos que le llueven día y noche, por comportarse como orate, e independientemente de la opinión personal que tengo sobre este gobierno, le respeto por su convicción y el idealismo que manifiesta por Arnulfo Arias, Mireya Moscoso y el Partido Arnulfista.
El defiende a "capa y espada" al panameñismo. Se enfrenta cual "gato boca arriba" contra aquellos que le gritan por la calle "Martín presidente", "Pichulo va a ganar" o "Viva Noriega". Nunca había visto a un ser humano capaz de arriesgar tanto por un partido político y lo que éste representa. He visto varios tipos de locuras y de locos, pero de allí a encontrarme con alguien que profese tanta simpatía por un colectivo político, al punto de convertirla en obsesión, jugándose hasta la vida, jamás. Sin embargo, eso era digno de admirar, por mí, hasta hace poco cuando presencié lo inimaginable. Estando en un restaurante de la localidad, esperando en el auto rápido, se acercó a mi ventana "Fufito" (otro nombre que le han puesto). Lo primero que dijo fue: "Ave María purísima, sin pecado concebida". Posteriormente, nos pidió a mi hermano y a mí que le diéramos algo de dinero. Así lo hicimos. No obstante, mi hermano aprovechó la oportunidad y le preguntó: ¿Tú eres arnulfista? (Aquí es donde viene lo insólito) y "Mireyo", bajando el rostro, medio chocado ante la pregunta, se limitó a contestarnos tristemente: ¡Qué le vamos a hacer!
Le doy gracias a Dios que no estaba comiendo, de lo contrario me habría atorado. Mis oídos no podían creer lo que escuchaban. El mayor defensor de la presidenta; el único hombre que, sin cartera, sin puesto público, sin ministerio, sin embajada; quien no ha recibido ni un quinto del partido gobernante, les defiende; ese que se enfrenta a improperios y humillaciones por salvaguardar su doctrina estaba resignado, abatido y aplanado. En una forma u otra, estaba admitiendo la frustración que sentía, por la ineptitud de quienes admiraba.
La pregunta obligada ante la respuesta de "Mireyo" es: ¿Cuántos "Mireyos" más habrá en Panamá que, siendo militantes arnulfistas, dentro de la pasividad de su hogar, estarán repitiéndose la misma frase que este hombre nos dijo? No hay mensajes ocultos en lo manifestado por "Mireyo". Más claro, sólo el agua. Hay miles de panameños en las comunidades que se sienten frustrados, impotentes y desilusionados, porque siendo seguidores de la presidenta y su gobierno, no han recibido la respuesta esperada.
222Hay miles de panameños en las comunidades que se sienten frustrados, impotentes y desilusionados, porque siendo seguidores de la presidenta ...no han recibido la respuesta esperada.
La mandataria manifestó durante la campaña que su administración iba a ser para los pobres. Si en algo no se ha equivocado Mireya Moscoso es que ella es, irrefutablemente, la presidenta de una nación cada vez más empobrecida. Un país pobre no sólo de dinero sino de valores, de recursos, de oportunidades y, sobre todo, de fe.
"Mireyito" o "Fufito", sea cual sea su nombre, seguirá paseando por David llevando a cuestas la sudorosa bandera del partido de Arnulfo Arias. Con ello seguirá diciéndole a quienes lo vean, con los dedos en forma de "V" (por eso del "volveremos"), que él es un vivo modelo de que los de su propia "estirpe" no han podido ayudarle.
Para "Mireyo", dentro de su confuso mundo, los panameñistas son lo máximo. Pero, aunque empapado por la lluvia, él y su bandera nos servirán como ejemplo del nivel al que pueden llegar los seres humanos, cuando creen ciegamente en un liderazgo que no se conmisera ni respeta a sus semejantes. Semejantes que, como él, los siguen.
Seguirán cayendo más aguaceros y seguirá saliendo el sol y la luna, que en su locura resignada podrá disfrutar o aguantar "Mireyo" por las calles, pero quienes le veamos diariamente, sabremos que en el fondo de su delirio político existe la plena convicción de que lo que está ocurriendo, no era lo que él quería. Los harapos que hoy viste, incluyendo la bandera, continuarán demostrándonos que si sus seguidores andan así, qué se puede esperar para los que no les siguen.
La desilusión que embarga a los "Mireyos" de hoy, será el pilar donde nos paremos para pensar con el cerebro, no con el corazón o mucho menos arrastrados por la vorágine de las emociones, cuando tengamos que escoger a nuestros futuros gobernantes. Sólo me resta preguntar: ¿Cuántos "Mireyos" votarán nuevamente por el partido Arnulfista?
El defiende a "capa y espada" al panameñismo. Se enfrenta cual "gato boca arriba" contra aquellos que le gritan por la calle "Martín presidente", "Pichulo va a ganar" o "Viva Noriega". Nunca había visto a un ser humano capaz de arriesgar tanto por un partido político y lo que éste representa. He visto varios tipos de locuras y de locos, pero de allí a encontrarme con alguien que profese tanta simpatía por un colectivo político, al punto de convertirla en obsesión, jugándose hasta la vida, jamás. Sin embargo, eso era digno de admirar, por mí, hasta hace poco cuando presencié lo inimaginable. Estando en un restaurante de la localidad, esperando en el auto rápido, se acercó a mi ventana "Fufito" (otro nombre que le han puesto). Lo primero que dijo fue: "Ave María purísima, sin pecado concebida". Posteriormente, nos pidió a mi hermano y a mí que le diéramos algo de dinero. Así lo hicimos. No obstante, mi hermano aprovechó la oportunidad y le preguntó: ¿Tú eres arnulfista? (Aquí es donde viene lo insólito) y "Mireyo", bajando el rostro, medio chocado ante la pregunta, se limitó a contestarnos tristemente: ¡Qué le vamos a hacer!
Le doy gracias a Dios que no estaba comiendo, de lo contrario me habría atorado. Mis oídos no podían creer lo que escuchaban. El mayor defensor de la presidenta; el único hombre que, sin cartera, sin puesto público, sin ministerio, sin embajada; quien no ha recibido ni un quinto del partido gobernante, les defiende; ese que se enfrenta a improperios y humillaciones por salvaguardar su doctrina estaba resignado, abatido y aplanado. En una forma u otra, estaba admitiendo la frustración que sentía, por la ineptitud de quienes admiraba.
La pregunta obligada ante la respuesta de "Mireyo" es: ¿Cuántos "Mireyos" más habrá en Panamá que, siendo militantes arnulfistas, dentro de la pasividad de su hogar, estarán repitiéndose la misma frase que este hombre nos dijo? No hay mensajes ocultos en lo manifestado por "Mireyo". Más claro, sólo el agua. Hay miles de panameños en las comunidades que se sienten frustrados, impotentes y desilusionados, porque siendo seguidores de la presidenta y su gobierno, no han recibido la respuesta esperada.
222Hay miles de panameños en las comunidades que se sienten frustrados, impotentes y desilusionados, porque siendo seguidores de la presidenta ...no han recibido la respuesta esperada.
La mandataria manifestó durante la campaña que su administración iba a ser para los pobres. Si en algo no se ha equivocado Mireya Moscoso es que ella es, irrefutablemente, la presidenta de una nación cada vez más empobrecida. Un país pobre no sólo de dinero sino de valores, de recursos, de oportunidades y, sobre todo, de fe.
"Mireyito" o "Fufito", sea cual sea su nombre, seguirá paseando por David llevando a cuestas la sudorosa bandera del partido de Arnulfo Arias. Con ello seguirá diciéndole a quienes lo vean, con los dedos en forma de "V" (por eso del "volveremos"), que él es un vivo modelo de que los de su propia "estirpe" no han podido ayudarle.
Para "Mireyo", dentro de su confuso mundo, los panameñistas son lo máximo. Pero, aunque empapado por la lluvia, él y su bandera nos servirán como ejemplo del nivel al que pueden llegar los seres humanos, cuando creen ciegamente en un liderazgo que no se conmisera ni respeta a sus semejantes. Semejantes que, como él, los siguen.
Seguirán cayendo más aguaceros y seguirá saliendo el sol y la luna, que en su locura resignada podrá disfrutar o aguantar "Mireyo" por las calles, pero quienes le veamos diariamente, sabremos que en el fondo de su delirio político existe la plena convicción de que lo que está ocurriendo, no era lo que él quería. Los harapos que hoy viste, incluyendo la bandera, continuarán demostrándonos que si sus seguidores andan así, qué se puede esperar para los que no les siguen.
La desilusión que embarga a los "Mireyos" de hoy, será el pilar donde nos paremos para pensar con el cerebro, no con el corazón o mucho menos arrastrados por la vorágine de las emociones, cuando tengamos que escoger a nuestros futuros gobernantes. Sólo me resta preguntar: ¿Cuántos "Mireyos" votarán nuevamente por el partido Arnulfista?