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La responsabilidad de doña Mireya


La patria viste sus mejores galas al acercarse la hora del nacimiento de la nueva república, libre y soberana, dueña de todo sus territorio, todo su aire y todas sus aguas, por lo cual debemos prepararnos para entrar al tercer milenio de la cristiandad con la presentación y aprobación de las leyes que requiere la nación para lograr el desarrollo sostenible que nos abra las puertas del primer mundo para todos los panameños.
El Canal de Panamá, esa portentosa obra que parte en dos nuestra tierra, para convertirla en un puente acuático que une al mundo entero, se integrará plenamente a nuestra jurisdicción, para seguir beneficiando a todos los países, pero fundamentalmente para beneficio de todos los panameños. Esta nueva realidad obliga al Organo Legislativo, en unión de los otros órganos del Estado, a desarrollar todas sus capacidades para que la población pueda usufructuar estos bienes en forma justa y colectiva.
Al sonar las campanas de la libertad, la democracia y la soberanía total, el pueblo panameño ha escogido como su presidenta a doña Mireya Moscoso Rodríguez, una mujer extraordinaria, para que lleve sobre sus hombros la tarea de encaminar nuestra nación durante los próximos cinco años por los senderos del progreso, la justicia social y la democracia para todos sus hijos, principalmente aquellos que han sido menos favorecidos y están esperando la acción redentora de esta panameña que ha consagrado su vida al servicio del pueblo panameño, habiendo pregonado con sinceridad su deseo de gobernar para todos, pero principalmente para los más necesitados.
Los diversos grupos políticos y las organizaciones populares, profesionales, gremiales e intelectuales, coinciden en reconocer que los principales retos que enfrenta la nación son aquellos relacionados con la pobreza, el desempleo y la marginación, con repercusiones serias en la educación, la salud, la vivienda, la cultura la recreación, tanto de los niños, como de los adultos y los ciudadanos mayores.
El quehacer legislativo no puede desligarse de los principales objetivos del gobierno que se inicia con tan halagüeñas perspectivas, en momentos tan cruciales para nuestro país. Los principales asuntos de la nación, que requieren la atención inmediata de la administración gubernamental, incumben muy de cerca a la Asamblea Legislativa, responsable de estudiar y aprobar la legislación requerida para poder ejecutar las acciones de gobierno que conduzcan a la satisfacción de las necesidades más apremiantes de la república.
Es muy importante que la política partidista se aleje del manejo del Canal y sus áreas revertidas, cumpliéndose así con las disposiciones constitucionales y legales que rigen esta materia. El Canal debe seguir funcionando de manera permanente, eficiente y segura para todas las naciones, pero la república debe obtener los beneficios que le corresponden por el funcionamiento de la vía acuática.
Las áreas revertidas constituyen un valiosísimo patrimonio de nuestra nación y su integración a la plena soberanía nacional representa para el país, conjuntamente con el Canal, la expresión más elocuente de libertad, independencia y progreso, por lo cual su administración debe regirse siempre con atención a los más altos intereses de la nación panameña, alejándose de las ambiciones particulares y de las acciones dudosas y poco transparente.
En cuanto a los problemas educativos, es obligación ineludible del Estado que todos los niños y jóvenes tengan acceso a las escuelas y que éstas cuenten con adecuadas estructuras físicas y con los maestros necesarios, debidamente capacitados y motivados, para encaminar a nuestros hijos por los senderos del conocimiento, la cultura y la salud, concebida ésta como un estado de bienestar físico, mental y social. La educación vocacional y la educación superior deben estar debidamente organizada y tener la capacidad instalada y el personal docente adecuado para la formación profesional de los estudiantes. Es urgente hacer un esfuerzo para mejorar los salarios de los educadores, sus condiciones de trabajo y su preparación, de manera que se conviertan en verdaderos agentes para producir el cambio que se requiere para enfrentar las exigencias del presente y el futuro.
En el sector correspondiente a la salud, es necesario reforzar y ampliar las acciones encaminadas a la prevención de las enfermedades a través de la vacunación, tanto en los niños como en los adultos, sin descuidar a los mayores, quienes no son protegidos contra la influenza, la neumonía, la hepatitis B y otras enfermedades.
Es necesario intensificar y extender la educación sanitaria de la población, con la participación de los maestros en todos los niveles del proceso educativo, para prevenir enfermedades como la tuberculosis, el SIDA, el cáncer, las cardiopatías y la drogadicción, que tanto dolor y tantas muertes ocasionan en los grupos más productivos de la población. Los educadores deben llevar un mensaje de salud a sus alumnos, recordándoles que la salud no es simplemente ausencia de enfermedad, sino presencia de bienestar.
Es impostergable combatir la desnutrición de nuestros niños, principalmente en las áreas rurales e indígenas, para lo cual debe mejorarse el programa de alimentación en las escuelas, brindándoles almuerzo a los alumnos, mientras se ejecutan otras acciones para combatir la pobreza y el desempleo.
La institución de seguridad social panameña está atravesando por un período muy sensitivo, debido a la paulatina y progresiva disminución de sus reservas y el poco rendimiento de sus inversiones, lo cual hace temer que la Caja no pueda cumplir con sus compromisos en un futuro no muy lejano, especialmente en los programas de enfermedad, vejez e invalidez. Esta situación requiere la revisión de su ley orgánica, de manera que puedan hacerse los ajustes necesarios para que la institución pueda cumplir con los derechos de los asegurados en forma segura y eficiente, sin aumentar las cuotas obrero-patronales.
La presidenta de la República cuenta con la energía y la voluntad necesarias para conducir la nave del Estado por los rumbos que exige el momento que vive la nación. También tiene suficiente respaldo popular para desarrollar cómodamente su programa de gobierno, dirigido fundamentalmente a mejorar la salud, la educación y la vivienda, al mismo tiempo que se combate el desempleo.

101 años de Panamá América

 
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